LA FATAL PROFECÍA DEL CAMINO PROPIO

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« ¿Qué ocurrió realmente con el camino propio inaugurado por el PRI? El PRI se incorporó al gobierno de Sebastián Piñera y, luego, al pacto de la derecha donde, como era de esperar, sus partidos fuertes, Renovación Nacional y la UDI, lo consumieron hasta convertirlo en una presencia virtual.»

La fatal profecía del camino propio

En la década pasada el Partido Regionalista de los Independientes, PRI, era —al igual que Chile Primero y el Ecologista— una fuerza política en formación a la que se le auguraba un promisorio porvenir. El PRI fue el instrumento que un sector de la Democracia Cristiana liderado por Adolfo Zaldívar empleó para emprender la marcha hacia el camino propio.

La sola fundación del PRI constituyó un fuerte golpe para la DC, y así se reveló en las elecciones municipales de 2008. Aquel año la falange perdió alrededor de 400 mil votos que nunca más volvieron a sus arcas electorales. Entonces el PRI capturó unos 225 mil sufragios correspondientes al 3,7 por ciento de los emitidos, pero cuatro años después, duplicó esta votación y consiguió elegir 135 concejales. Todo un sueño. Superó a los partidos Comunista y Radical. Sin embargo, el domingo pasado se convirtió en la colectividad más castigada por la ciudadanía al perder unos 300 mil electores, bajar al 2,4 por ciento y elegir no más de 42 concejales.

¿Qué ocurrió realmente con el camino propio inaugurado por el PRI? El PRI se incorporó al gobierno de Sebastián Piñera y, luego, al pacto de la derecha donde, como era de esperar, sus partidos fuertes, Renovación Nacional y la UDI, lo consumieron hasta convertirlo en una presencia virtual.

Este es el camino que, tras una persistente, prolongada y descarnada crítica al Gobierno y al programa, ofrece al partido el grupo «Progresismo con Progreso»: abandonar la Nueva Mayoría y competir en noviembre de 2017 con un candidato, una lista parlamentaria, y una lista de consejeros y de gobernadores regionales. Esto significa ir solos, aguantar solos y perecer solos por la identidad partidaria, siempre entendida como el freno perentorio a las transformaciones del modelo y del régimen político heredados de la dictadura.

Curiosamente, los progresistas con progreso no ignoran el fatal desenlace de su oferta política y estratégica. Algunos fueron exitosos organizadores de las Nuevas Generaciones que vendrían a corregir el modelo y a refundar el partido. Otros alzaron las banderas de una cruzada destinada a erradicar a los díscolos sin miramientos. ¡Váyanse, váyanse, váyanse! Es el eco que aún retumba en los pasillos de Alameda 1460 cada vez que se apela a sanciones disciplinarias para restablecer la unidad y el orden de la colectividad.

Un mérito tiene la reedición del PRI que postula el PP, y es que muestra sin ambages ni medias tintas a dónde quiere conducir al partido. Esto obliga a todos los sectores y sensibilidades internas a fijar sus posiciones con claridad y, a la Democracia Cristiana, a plebiscitar las dos vías que tiene ante sí.

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