FIRMES Y UNIDOS: CLAVES PARA 2017

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«Es difícil que la composición de fuerzas que surgió de las municipales cambie de ahora al próximo año, así que habrá que resignarse a la idea de que la lucha se dé en los márgenes electorales de las principales formaciones. ¿Qué significa esto? Significa que no aparecerá una tercera alternativa en la izquierda, en el centro ni en la derecha.»

La probabilidad de renovación de las fuerzas políticas va asociada a una alta participación electoral y, viceversa, cuando no existen posibilidades para la emergencia y consolidación de nuevos referentes, la abstención se eleva. Es lo que ocurrió en la reciente elección municipal, cuando la abstención alcanzó el 65 por ciento de los ciudadanos habilitados para sufragar. Por contraste, en momentos de intensos cambios, como fueron los registrados a fines de la década del ochenta, cuando se situó en el 5 por ciento, tiende a reducirse.

Es difícil que dicha composición de fuerzas cambie de ahora al próximo año, así que habrá que resignarse a la idea de que la lucha se dé en los márgenes electorales de las principales formaciones. ¿Qué significa esto? Significa que no aparecerá una tercera fuerza en la izquierda, en el centro ni en la derecha. Significa que bajo el nuevo mapa de distritos y de cifra repartidora, quienes se verán más beneficiados serán los grandes pactos electorales y los partidos más grandes. Recordemos que, en vez de 60 distritos, tendremos 28. En cada uno de ellos se elegirán, según la población comprendida, entre 3 y 8 diputados, y no 2 como era antes. En lugar de 120 diputados habrá 155. Y esta vez votarán en la presidencial los chilenos en el exterior.

No solo Revolución Democrática y el Movimiento Autonomista han acariciado la idea de una coalición distinta de la Nueva Mayoría y de Chile Vamos. También han fijado esta expectativa Amplitud y Evópoli, como desde la Democracia Cristiana lo han hecho el senador Ignacio Walker y el grupo Progresismo con Progreso. Todas estas incipientes expresiones tendrán que optar entre unirse a los grandes o iniciar la travesía del desierto.

Pero el riesgo de que la DC quede condenada a la irrelevancia política, es objetivamente verosímil. Hoy la falange cuenta con 20 diputados, equivalentes al 16 por ciento de la Cámara Baja. Con sus 580 mil votos, y corriendo sola, podría elegir 13 diputados y obtener el 8 por ciento del Congreso. La actual consejera regional Mariana Aylwin no podría siquiera pretender una diputación en el distrito N° 11 de Las Condes, Vitacura, Lo Barnechea, La Reina y Peñalolén, sin el apoyo de los comunistas. Es cierto que el alejamiento de la DC provocaría un daño no menor a la Nueva Mayoría, que quedaría reducida al 41 por ciento de la Cámara de Diputados, aunque Chile Vamos no superaría el 49 por ciento y tampoco podría garantizar gobernabilidad.

Muy distinta sería la situación si la coalición oficialista aplicara la máxima de Bernie Sanders cuando se inclinó por Clinton: «unidos somos más fuertes». Porque entonces conquistaría el 56 por ciento del órgano legislativo y la DC más del 17 por ciento con 27 diputados.

Un escenario semejante podría verse considerablemente mejorado de mediar factores que vigorizaran la unidad y cohesión de las coaliciones, como son la selección de candidaturas realmente competitivas, la nominación por procedimientos acordados del mejor candidato presidencial, y un diseño programático que contribuya al diálogo, la participación y el compromiso militante.

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