¡YO INVENTÉ LAS PRIMARIAS!

17 de Octubre de 2014/SANTIAGO El ex Presidente de la República, Ricardo Lagos, participa del seminario del Partido Socialista "Hacia un Modelo de Desarrollo Sostenible con Igualdad", realizado en la cámara de diputados, en el ex Congreso. FOTO: HANS SCOTT/AGENCIAUNO

Ricardo Lagos Escobar * Foto de Hans Scott

 

Lagos venía de ser uno de los «primus inter pares» que habían disputado a Aylwin la conducción del primer gobierno democrático. Luego, la única posibilidad de que cediera su mejor opción a Frei, era a través de una capitulación digna, y ésta no era sino la que ofrecía una elección primaria que, finalmente, fue la que se verificó en mayo de 1993.

 

¡Yo inventé las primarias!

Ricardo Lagos tiene buena memoria. Fue él quien propuso las elecciones primarias para dirimir el candidato de la Concertación que habría de suceder a Patricio Aylwin. Las primarias eran el mecanismo que permitía la continuidad —no asegurada hasta entonces— de la coalición de partidos que había encendido la mecha de la transición democrática.

La Democracia Cristiana, el principal partido político del país, contaba con un candidato de gran ascendiente y convocatoria, como era Eduardo Frei Ruiz-Tagle. Frei encarnaba, asimismo, la promesa de una renovación generacional capaz de reeditar en Chile lo que para los socialistas españoles había sido el Congreso de Suresnes. Tenía todas las de ganar dentro y fuera del partido del que había llegado a ser presidente. Por eso, la DC, que prefería la investidura de facto, resistía la realización de primarias.

Pero Lagos venía de ser uno de los «primus inter pares» que habían disputado a Aylwin la conducción del primer gobierno democrático. Luego, la única posibilidad de que cediera su mejor opción a Frei, era a través de una capitulación digna, y ésta no podía ser sino la que ofrecía una elección primaria que, finalmente, fue la que se verificó en mayo de 1993.

La moneda de cambio fue la lista parlamentaria. La DC, favorecida como partido mayoritario por el sistema binominal, derogado por la segunda administración de Michelle Bachelet, debía «omitirse», es decir, no oponerle competencia al PS ni al PPD, donde militaba Lagos, para que sus candidatos resultaran electos. Con el actual régimen proporcional d´Hondt todas las aguas mueven el molino de los partidos y coaliciones más grandes, pero todos también, desde el más pequeño hasta el más gigante, pueden sacar provecho de la mancomunión de esfuerzos; dependerá del orden de los factores.

El problema lo tienen aquellos que, siendo minoritarios, insisten en sostener una candidatura propia hasta la primera vuelta y sin pacto parlamentario común, pues el único destino de semejante apuesta sería quedarse fuera del reparto.

¿Cuál es actualmente la clave de la negociación?

Hoy la Democracia Cristiana no tiene candidatura presidencial. Su última vez fue hace unos cuatro años cuando el 8 de diciembre de 2012 Ximena Rincón y Claudio Orrego inscribieron sus nombres para competir en las primarias de la tienda que habrían de concretarse en enero del año siguiente. Lo hicieron con no pocas dificultades. «Es el momento preciso —decía uno de sus camaradas— para que la junta nacional demuestre que los proyectos personales son secundarios y le pidamos a Michelle Bachelet que sea la candidata del país y de la DC».

Eran los días en que Ignacio Walker, a la sazón presidente de la colectividad, aseguraba que la DC no iba a formar parte de una coalición política con el PC y, menos aún, integrar un mismo gobierno con los comunistas. ¿Quién lo diría? Los comunistas no sólo entraron al gobierno, sino que por su lealtad con el gobierno —como otros sindicalistas en los albores de la transición— han debido absorber los costos de reiteradas derrotas, la última en el Colegio de Profesores.

No deja de ser elocuente, por descarnada, la intuición de Mariana Aylwin cuando observa que un candidato a la presidencia requiere respaldo de los partidos, además de propósitos y visiones comunes, desahuciando así su propia postulación y desalentando la de quienes como ella podrían pretenderla. Esto significa que, sin perjuicio de que aparezcan ofertas testimoniales, las únicas candidaturas viables son las que ya están en carrera. En tales circunstancias la llave de bóveda para un acuerdo ni siquiera se halla en el procedimiento de primarias, sino en la estructura del gabinete de ministros que deberá conformar el eventual vencedor, partiendo por quien detentará el Ministerio del Interior, y en la composición de los cargos relevantes a la luz de las prioridades del programa de gobierno 2018-2022.

Ni con Guillier, ni con la Nueva Mayoría, ni con Lagos que quiere proyectar la obra de Bachelet

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