LA CONVICCION

La actitud de los principales voceros de la tesis, mostraba el aplomo propio de quienes parecían saber que actuaban sobre seguro.

Si nos preguntáramos cuál fue el tono del discurso inaugural de la senadora Carolina Goic en la última junta nacional de la Democracia Cristiana, diríamos que fueron expresiones como «política del matonaje», «ultimátum», «amenazas» y «miedos», un relato diametralmente opuesto al de su proclamación en el conclave del 10 de marzo. Ahí había reiterado su convicción de mantener a la colectividad en la centroizquierda.

«Creo firmemente en la importancia que ha tenido la alianza de la centroizquierda para la gobernabilidad y desarrollo del país —declaró en febrero—. Creo que es importante mantenerla y eso significa sumar fuerzas y llegar a una primaria y tener un candidato único de la fuerza de centroizquierda.»

El de ahora era el lenguaje de la recriminación, de la ruptura y del distanciamiento, un giro que pocos atinaban a comprender y que la mayoría procuraba explicarse.

¿Qué había producido el cambio de convicción de Goic?

El laguismo democratacristiano había resentido el resultado de la elección del Partido Socialista, que auguraba un mal horizonte para las aspiraciones de Ricardo Lagos. La forma en que el Comité Central había granjeado su apoyo a Alejandro Guillier y precipitado el retiro del expresidente, constituía un duro golpe para el sector. El candidato del radicalismo había obtenido el 65 por ciento del pleno, una cifra cercana a las adhesiones que los partidarios de la primera vuelta tenían a su haber en la máxima instancia de deliberación de la Democracia Cristiana.

Por eso, a una semana del cónclave, la convicción de contar con el voto mayoritario de los delegados y la convicción de ir a primera vuelta, fueron todo uno. Luego vinieron el respaldo de Eduardo Frei a la nueva convicción de Goic y el apabullante despliegue comunicacional de los conocidos heraldos del camino propio en las cadenas de El Mercurio y Copesa, y en los principales canales de televisión. Así que cuando el vicepresidente Matías Walker concurrió a la cita reservada de los timoneles de la Nueva Mayoría y les notificó que la tienda iría a primera vuelta, actuaba con la misma certeza de controlar el 62 por ciento de la junta, lo que les espetó osadamente. En los hechos fue el 63 por ciento de los 603 delegados que efectivamente votaron.

Pero Walker no era el único que irradiaba la seguridad del triunfo. La actitud de los principales voceros de la tesis, mostraba el aplomo propio de quienes parecían saber que actuaban sobre seguro. Sus palabras danzaban en una pirotecnia de eufemismos, como la pretensión de que la asamblea estaba de acuerdo en cuestiones esenciales —que el espacio de la DC seguía siendo el de la centroizquierda, que había sido desechado el camino propio, o que se mantendría el apoyo al gobierno— cuando no lo estaba en ninguna.

No pocos arrestos de demagogia y populismo prendían como pólvora frente a una audiencia ampliamente colonizada por enfervorizados invitados fraternales, los primeros en subir al podio y los últimos en permitir la palabra a sus oponentes. Los que ayer habían alentado la candidatura de Lagos y defendido el mecanismo de primarias eran ahora los más exultantes promotores de la primera vuelta. Sin embargo, pese a sus notables giros dialécticos, nunca pudieron demostrar que el domicilio de la DC seguía siendo la centroizquierda en el momento que se consumaba el quiebre con la centroizquierda. Jamás pudieron dar razones de cómo se alcanzaría un acuerdo parlamentario con dos candidatos presidenciales, cuando los demás partidos habían respondido que no estaban disponibles para ello. Y si creían que Goic no tenía cómo vencer en primarias, no pudieron explicar cómo conseguiría hacerlo en noviembre. Fue el profundo vacío estratégico, empapado de voluntarismo mesiánico, que la junta dejó pendiente de ser llenado con racionalidad… y convicción, naturalmente.

Se abre una etapa de incertidumbre que cambiará la relación de la falange consigo misma, con sus antiguos aliados y con el gobierno, pero estos son los desafíos que vencedores y vencidos tendrán que saber administrar en los meses que vienen.

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