ESPEJO DE LA MEMORIA

 

En el espejo de la historia se tornan nítidos y lacerantes los desaires que padecen los derechos fundamentales cuando democratacristianos rechazan la universalidad del acceso a la educación, la interrupción del embarazo en tres causales, o el uso de las aguas como un bien esencial para el derecho a la vida.

El próximo viernes se conmemoran 60 años de la fundación del Partido Demócrata Cristiano. También se celebran 50 años de la promulgación de la Ley de la Reforma Agraria, uno de los hitos más trascendentales del gobierno de Eduardo Frei Montalva, el presidente de los campesinos como solía llamarlo la gente sencilla.

Desde entonces, partido y reforma marchan indisolublemente unidos. La cultura popular campesina, profundamente penetrada por las tradiciones cristianas, cifra sus esperanzas de redención en el abanico de partidos humanistas que, en 1957, concurre a la formación de la colectividad. Luego vendrán las grandes victorias municipales de 1963, la Marcha de la Patria Joven, y el triunfo de 1964 que dará inicio a la Revolución en Libertad.

Aquella fue una revolución de la persona, de su dignidad y de sus derechos, y Frei fue el primero en reclamar jerarquía constitucional para los derechos económicos y sociales. Así lo escuchó el Congreso cuando presentó su proyecto de reforma: «Todas las constituciones modernas consagran, en la enunciación de derechos de la persona humana, los derechos de carácter social. Esos derechos, reconocidos en instrumentos internacionales a los cuales ha concurrido el gobierno chileno, forman parte del patrimonio cultural de nuestro tiempo y constituyen la conquista más importante de la gran multitud de los hombres que viven de su trabajo».

En la práctica, todos derechos indivisibles e indisponibles, pues Frei nunca sacrificó la reforma educacional por la ley de guarderías y jardines infantiles, ni la creación de la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas por el programa de viviendas.

Es el auge de una nueva conciencia política, personalista y comunitaria, según observara Jacques Maritain, su inspirador. Y ésta es la memoria, el espejo de la historia donde los democratacristianos pueden reconocer su identidad y actuar en consecuencia. Ahí se encuentran los valores y principios que empujaron el progreso. Y, en contraste con ellos, se tornan nítidos y lacerantes los desaires que padecen los derechos fundamentales, piedra angular de todo el edificio humanista cristiano, cuando camaradas nuestros rechazan la universalidad del acceso a la educación, la interrupción del embarazo en tres causales, o el uso de las aguas como un bien esencial para el derecho a la vida.

Pero hay un riesgo peor. Y es que, sobre esa memoria luminosa, avanza la sombra que amenaza, más que nuestro domicilio en la centroizquierda, los firmes lazos de camaradería que un día permitieron reconocernos como partido. Somos responsables del eclipse y, por eso,  tenemos el deber de recuperar nuestra antigua lucidez. Es hora de asumir que estamos en presencia de dos candidaturas presidenciales en la Nueva Mayoría. Es hora de admitir que dos listas parlamentarias pueden ofrecer una salida al aislamiento en que se encuentra la Democracia Cristiana. Y es hora de abrirse a la alianza con el Partido Radical y otro más.

http://www.latercera.com/voces/espejo-la-memoria/

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