GOIC Y LA CRISIS DC

16 abril, 2017

En agosto de 2015 ya era previsible el liderazgo de Carolina Goic. Era distinguible por el fuerte contraste que oponía su estilo al darwinismo político del que su propia colectividad, la Democracia Cristiana, había sido víctima. Una cultura de la selección natural donde los más fuertes acaban imponiéndose a los más débiles, y donde los poderes fácticos —económico y comunicacional— terminan subyugando al poder político y sustituyendo el diálogo racional, democrático y deliberante por una opinión mediática, líquida y efímera.

Entonces la figura de Goic irrumpía como una corriente de aire fresco en la densa atmósfera creada por las vetustas maquinarias orgánicas, los liderazgos gastados y los discursos sesentañistas. Así lo demostró en el seno de la falange durante los meses siguientes, al punto que su opción no halló obstáculos, sino, al revés, abundantes muestras de apoyo y colaboración que vinieron a consolidar su ascendiente en la colectividad.

Sin embargo, en los cuatro meses que han corrido desde que lanzó su candidatura, Goic no ha conseguido remontar el vuelo.

Decidida a cargar con el pesado lastre del camino propio, toda su agenda de campaña ha venido siendo colonizada por la confrontación con los aliados, la matización de las diferencias con la derecha, el anticomunismo atávico, y el progresivo condicionamiento de la permanencia DC en la coalición. Dos incidentes protagonizados en menos de cuarenta días —a propósito de Cuba y Venezuela— pudieron dibujar en el rostro empático de la candidata las muecas de una Guerra Fría perdida en el tiempo. Fue la paradoja que percibió la opinión pública: ¿cómo se puede estar en la centroizquierda y hacer del cisma el leitmotiv de una propuesta de campaña? ¿Qué sentido tiene perfilar una identidad que la derecha afina con mayor oficio? ¿Era esto lo que gustaba llamar coalición 2.0?

Goic es consciente de estar escribiendo la crónica de una muerte anunciada. Sabe que su voluntad de llegar sola a primera vuelta con una lista parlamentaria propia, conduce a la derrota de la centroizquierda y a la jibarización de la Democracia Cristiana. Y sabe que tras la crisis gobernará la derecha más involucionista, el duro martillo que golpea sobre el yunque a los más pobres. Es el atajo hacia una coalición de centro reformista para 2021.

La carta de alejamiento de Ricardo Hormazábal, uno de los líderes más prominentes de la transición democrática, no debería dejar lugar a dudas al respecto.

Sin mí no hay primarias, ha sugerido la candidata. Y tiene razón. Pero nadie es más grande que la Democracia Cristiana, solía decir Radomiro Tomic. Las horas que vienen darán testimonio de ello.

 

Goic y la crisis DC

Aldo Cornejo: Si la DC va a primera vuelta se acaba la Nueva Mayoría

Jorge Pizarro: Se formará coalición de centroizquierda sin la DC

 

 


UNA SIMBIOSIS BENEVOLENTE

14 abril, 2017

Se trata de una reciprocidad benevolente que opera en dos direcciones: el pacto parlamentario potencia al candidato presidencial y éste a cada uno de los postulantes al Congreso. Lo cual es consistente con la finalidad política de garantizar gobiernos de mayoría.

Si las primarias y la lista parlamentaria están desacopladas, es decir, si no tienen ninguna conexión entre sí, entonces el acuerdo sobre una y otra se construye en momentos distintos. El primero, antes del 3 de mayo; el segundo, antes del 21 de agosto.

Si la Nueva Mayoría quisiera participar en primarias presidenciales, el plazo para inscribir las candidaturas que competirán entre sí para dirimir al vencedor se cumple a las 12 de la noche del miércoles 3 de mayo.

Puede ser que la candidata de la Democracia Cristiana, Carolina Goic, resuelva en la junta nacional del 29 de abril no concurrir a primarias y, por lo tanto, no inscribir su candidatura. En tal caso, el cierre de los procesos no tendrá importancia para ella, ni para Alejandro Guillier, el otro candidato de la Nueva Mayoría, pues, si ninguno declinara su opción, ambos seguirían en carrera hasta la elección del 19 de noviembre. No habrá primarias y dejará de existir la Nueva Mayoría como alianza electoral y, probablemente, de gobierno. Simultáneamente, al otro lado del espectro político, la coalición de centroderecha se hallará formalizando tanto su participación en primarias como su oferta parlamentaria.

Ni Guillier ni Goic estarán apremiados a inscribir su lista parlamentaria sino hasta el 21 de agosto. Sin embargo, antes del 3 de mayo —incluso antes del 29 de abril— ambos tendrán que dar a conocer la estructura del pacto parlamentario que quieren ofrecerle al país. Esto, porque cada candidato, sea a presidente o a congresista, querrá sacarle el mayor provecho electoral al apoyo ciudadano que tiene a su haber. Y esto se consigue mediante la simbiosis que se produce entre la elección del candidato presidencial y quienes pretenden un sillón en las cámaras legislativas, una asociación de íntima colaboración que sólo la psicología social puede desentrañar en sus detalles, pero que se ha venido confirmando por más de un cuarto de siglo en las elecciones de alcalde y concejales.

Se trata de una reciprocidad benevolente que opera en dos direcciones: el pacto parlamentario potencia al candidato presidencial y éste a cada uno de los postulantes al Congreso. Lo cual es consistente con la finalidad política de garantizar gobiernos de mayoría. Al igual que en los regímenes parlamentarios, el alcalde necesita contar con la mayoría del concejo municipal, como el gobernador regional precisa la mayoría del consejo regional para asegurar la estabilidad y eficacia de su gestión. Por eso, en la práctica, ambas elecciones marchan indisolublemente unidas.

Dicha circunstancia determina lo que ocurriría en cada uno de los siguientes escenarios:

1 Se compite en primaria y con un pacto parlamentario común. Todos los partidos de la Nueva Mayoría se alinean tras el candidato único que se elija en las elecciones primarias del 2 de julio y respaldan la lista única parlamentaria que concuerden. Es la fórmula que otorga el mayor rendimiento electoral parlamentario de la Ley D’Hondt para el 47 por ciento de apoyo en las urnas que los partidos de la coalición obtuvieron en la pasada elección de concejales.

2 Se compite en primaria con dos pactos parlamentarios. Todos los partidos de la Nueva Mayoría se alinean tras el candidato único que se elija en las elecciones primarias del 2 de julio y, según la lista que conformen, apoyan los dos pactos parlamentarios que determinen. La cifra repartidora del sistema proporcional reduce moderadamente el rendimiento electoral de cada partido en las parlamentarias, especialmente de los mayoritarios, aunque estos cuenten con una oferta más diversificada.

3 Se compite en primera vuelta con un pacto parlamentario. Se configuran dos opciones presidenciales, las de Guillier y Goic, con un pacto único parlamentario de la Nueva Mayoría. Se divide el electorado potencial de la coalición que, en la última elección de concejales ascendió al 47 por ciento, entre Guillier y Goic. A lo menos la candidatura falangista debería captar el 12.7 por ciento conseguido en la municipal, el que, teóricamente, debería restarse al obtenido por toda la Nueva Mayoría. Pero esta proporción no debería ser simétrica en la elección parlamentaria, pues lo más probable es que por simbiosis benevolente, la mayor parte de los candidatos a parlamentarios incline sus campañas hacia la carta con mejores chances, y viceversa. De cualquier modo, los contrastes que se han buscado marcar entre Guillier y Goic, cuando aún no se inicia la competencia definitiva, anticipan la polarización subsiguiente y la ventaja que cobrará de ello la centroderecha.

4 Se compite en primera vuelta con dos pactos parlamentarios. Por una parte, los partidos que permanecen en la Nueva Mayoría se alinean con un candidato presidencial y una lista parlamentaria común, y por la otra, la Democracia Cristiana postula su candidatura presidencial y su lista parlamentaria. Se divide el electorado que respaldó a la Nueva Mayoría en la elección de concejales de octubre y, en consecuencia, ordenada por sus primarias, la centroderecha tomará la delantera. Para todos los efectos de cálculo electoral, si la base de apoyo de la DC es del 12 por ciento, la del PS es del 11, la del PPD de 9, y la del PR del 7 por ciento. De modo que cada grano de arena cuenta a la hora de provocar el efecto mariposa.

Este electorado no dará sorpresas.

Una crisis larvada

No hay condiciones para primarias…

Girardi: primarias y dos pactos

PPD: un candidato y dos listas

DC se abre a pacto

Candidatura y pacto

Primera vuelta y pacto propio


SUEÑO FUNDACIONAL

19 marzo, 2017

SPANISH PRIME MINISTER AZNAR LAUGHS WITH POPULAR PARTY LEADERS

La junta de la Democracia Cristiana fijó un punto de inflexión en la política nacional. Ello, por el lugar dominante que ocupa la colectividad en el amplio arco de fuerzas. Está situada en la línea de frontera, o de fractura —como diría Huntington—, que separa a los dos grandes bloques. Los ajustes que ocurren en el seno de la DC irradian como ondas telúricas hacia la izquierda y la derecha.

No es casual que Francisco Chahuán haya declinado su candidatura en favor del expresidente Piñera, ni que Manuel José Ossandón se haya declarado dispuesto a competir en las primarias de Chile Vamos. No es tampoco fruto del azar que la Nueva Mayoría aspire a organizar su oferta parlamentaria en dos pactos electorales, especie de dispositivo de doble tracción preparado para fortificar los flancos que la amenazan por su derecha y por su izquierda. Ambos principios de cooperación sólo vienen a confirmar que la gran lucha de noviembre se librará una vez más entre las dos principales alianzas. Y éste es el efecto benevolente que se produjo el 11 de marzo: la certeza de que el domicilio político de la DC es la centroizquierda.

Atrás, perdiéndose entre el humo y la bruma, va quedando el sueño refundacional que prometía la competencia en primera vuelta, pues la idea de desmontar el actual sistema de partidos y coaliciones y de sustituirlo por otro, demostró que no tenía viabilidad. Y no porque su diseño estratégico buscara reeditar los tres tercios o abandonar los gobiernos de mayoría, sino porque el bipartidismo que pretendía instalar no forma parte de la cultura política falangista. Un régimen político de dos grandes coaliciones, con una fuerte socialdemocracia en la izquierda, y un poderoso centro reformista —al igual que la internacional—, con partidos de derecha liderados por la DC, es algo que no funciona en Chile.

La Junta Nacional avizoró los costos de esta transición. Vio que el proceso pasaba por agudizar la contradicción entre una candidatura presidencial que propugnaba la unidad de la centro-izquierda y un partido que, como sucedió en 1969 con Tomic, podía optar por el camino propio. Vio que en el mejor de los casos la DC sería relegada a un tercer lugar, pero que, a diferencia de 1970, cuando era el Parlamento quien zanjaba la segunda vuelta, no tendría injerencia en la definición final. Y vio que, después del caos, algunos se unirían a los triunfadores, como ocurrió en 2010, y otros se reagruparían en una nueva alianza de centro-izquierda, cuya constitución demoraría más, aunque resultaría en una fuerza política más amplia y perfilada que la actual. Por todo esto la DC eligió el camino de los cambios graduales, vía que le permite sortear la crisis en gestación y evitar así su propio quiebre.

http://www.diarioconcepcion.cl/2017/03/19/#9/z


LA FICCION DE TODOS CONTRA TODOS

1 marzo, 2017

Todos contra todos

Carlos Huneeus, cientista político muy emulado por sectores progresistas desde que publicó su último libro La Democracia Semisoberana, decía que la primera vuelta del año 2005 era la primaria de la derecha para la elección del 2009, porque aquella elección, donde Lavín y Piñera se enfrentaban a Michelle Bachelet, ambos la daban por perdida. Agregaba el profesor universitario que la finalidad de la derecha al presentarse dividida era fortalecer su plantilla parlamentaria, pues esto se «conseguía mejor con un candidato presidencial propio que con uno común».

El tiempo le dio la razón a Huneeus. Esa vez, como era lo previsible, Bachelet ganó la elección presidencial, Piñera —que se impuso a Lavín— fue el candidato del sector en 2009, y, además, logró que en la parlamentaria de 2005 su partido, Renovación Nacional, obtuviera 19 diputados impidiendo así que la UDI, su contendora, lo fagocitara.

Desde entonces Huneeus ha cambiado de opinión, aunque los datos de la realidad siguen siendo los mismos y su libro no ha dejado de proporcionar fundamentos políticos para un gobierno de mayoría sostenido en una coalición de centroizquierda. Ahora el exdiplomático piensa que el próximo mes de noviembre debería ser el escenario para una batalla de todos contra todos. Todos los presidenciables contra todos los presidenciables en primera vuelta sin pasar por primarias. Todos los partidos contra todos los partidos sin necesidad de pactos. Después se verá qué hacer para encarar una segunda vuelta. Él supone que habrá voluntad y condiciones para un consenso de gobierno.

Sin embargo, Huneeus no explica cómo es que RN y la UDI no insistieron en dividir sus fuerzas en 2009 y 2013, sino que, por el contrario, primero se unieron en torno a Piñera y, después, detrás de la candidatura de Matthei luego de haber participado en primarias. Tampoco aclara cómo un voto político de la Junta Nacional DC a favor de la primera vuelta y de una lista parlamentaria exclusiva, podrá arrastrar a todo el sistema de partidos, a la sazón 33 constituidos, a hacer lo mismo. Y no da luces acerca de cómo, tras esta madre de las batallas, los heridos podrán ponerse de acuerdo en el tiempo que media desde noviembre a diciembre, para concordar un gobierno distinto del «aventurerismo» que le imputa a la candidatura de Guillier.

No hay respuestas políticas.

Todo indica que la imaginación sociológica, tan fecunda en el estudio de la dictadura y de la transición democrática, parece haber abandonado el diseño de escenarios cuyo principal requisito es su verosimilitud.

Carlos Huneeus, Todos a primera vuelta, El Mercurio.

Huneeus y la posverdad

El extravío de la teoría política


GOIC TIENE OPCION EN PRIMARIAS

26 febrero, 2017

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¡Por primera vez, en la historia de este siglo, surge un liderazgo tan interesante en la DC! Ella representa la renovación de la sociedad chilena, la transición a las generaciones globales.

Karla Altamirano Pérez
contacto@diarioconcepcion.cl

Esta fue una semana intensa para la Democracia Cristiana, marcada por la candidatura presidencial de Carolina Goic, que podría saltarse las primarias de la Nueva Mayoría para correr directamente en primera vuelta, y por la prohibición de Cuba a que Mariana Aylwin ingresara a la isla, lo que tensionó aún más la relación de la DC con sus socios de la Nueva Mayoría, en el especial el PC. Y si la semana fue particularmente atractiva para analistas y politólogos externos, con mayor razón para los que pululan al interior de la Falange, cuyo análisis puede influir en dirigentes y militantes a la hora de tomar decisiones clave para la colectividad.

Es el caso de Rodolfo Fortunatti, sociólogo y doctor en Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, vicepresidente del Frente de Profesionales de la DC. Perteneciente al grupo de los denominados “Chascones”, la corriente más a la izquierda del partido, es cercano a Belisario Velasco, con quien comparte una amistad de larga data, y una misma visión del rol del partido y de la responsabilidad que a éste le cabe dentro (y no fuera) de la Nueva Mayoría.

– ¿Cómo ve la situación que vive hoy el pacto? ¿Tocó fondo la Nueva Mayoría en cuanto a las relaciones entre sus socios?

– Estamos viviendo un proceso de actualización y revitalización. Es un tiempo de ajuste, uno en que tenemos que sentarnos a evaluar nuestras debilidades y errores, corregir el camino para presentar al país una alternativa. La única forma de defender a la ciudadanía de los abusos de poder es con un gobierno de mayorías.

– Para un partido que ha sufrido “bullying” y que ha manifestado no sentirse en su coalición y en particular con algunos de sus socios, ¿cómo se puede mantener esa unidad? ¿No es más honesto separar aguas?

– Los malestares siempre van a estar, pero lo realmente importante es llegar a nuevos consensos. La DC es el partido mayoritario de la coalición, con la tercera parte de los parlamantarios del conglomerado. La DC es el principal partido en términos de votación al interior de la Nueva Mayoría y las vicepresidencias de la República, en el último tiempo, han caído en demócrata cristianos, lo que indica la capacidad que tiene este partido de hacer valer su presencia mayoritaria.

Los malestares que hay, deberían ser parte de un nuevo consenso. Uno que reconozca el papel de cada colectividad, lo que debería darse en la próxima junta. Tenemos que ampliar la coalición, integrar a nuevas fuerzas de izquierda, progresistas, de sectores independientes y, en una opinión personal, yo te diría que incluso gente de centro derecha para equilibrar las fuerzas. La sociedad chilena y la política actual han tenido muchos cambios. El electorado no es el mismo que hace 5 años y, frente a esa nueva realidad, la Nueva Mayoría tiene que ofrecer más opciones.

– ¿Cómo debería responder la coalición a este cambio en los electores y la ciudadanía?

– Esto no es un fenómeno nacional. Los que deciden son una minoría y, por intentar representar a todos, las encuestas no reflejan lo que sucederá en la realidad. Primero debemos orientar las ofertas programáticas a los votantes y después, con el tiempo, tal vez con los años, aproximar la política a la ciudadanía, transparentar y presentar nuevas candidaturas. Carolina Goic representa este cambio.

– En los últimos días se ha hablado mucho de ir a primera vuelta con Goic y no a primarias…

– La opción de Carolina Goic va ligada a una coalición de centro izquierda y, parte de eso, es una primaria donde compitan todas las fuerzas de centro izquierda. Ella no cree en el camino propio.

– Piñera no le habría ganado a Lavín de haber aceptado ir a primarias en 2005…

– No es la misma situación. Carolina Goic tiene oportunidad de ganar en primarias. No tenemos forma de saber lo que pasará en 4 meses más, pero tenemos tiempo suficiente para, en un partido con más de 20 mil militantes, conquistar a los votantes. Tenemos capacidad de movilización y, si todo el partido se pone detrás de ella, no está escrito nada.

– Puede Carolina Goic competir contra la popularidad de Guilier y la experiencia de Lagos?

– ¡Por primera vez, en la historia de este siglo, surge un liderazgo tan interesante en la DC! Ella es una mujer de 44 años, representa a las generaciones de reemplazo, representa un recambio y tiene el apoyo del partido. Ella representa la renovación de la sociedad chilena, la transición a las generaciones globales. Es un liderazgo empático. Ella puede conquistar las elecciones. Yo le veo muchas posibilidades a su candidatura y creo que los jóvenes van a provocar el cambio. Ella, en este momento, es inatacable.

 

Padres de un mundo que nace

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POR QUÉ NO LA DERECHA

24 febrero, 2017
Belisario Velasco y Rodolfo Fortunatti
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Retroceso republicano es imponer desde el mercado una competencia forzada, ficticia e inalcanzable para los medios de que disponen los más vulnerables. Porque eso es condenarlos al desamparo.

BAJO EL título Manifiesto por la República y el buen gobierno personeros de la derecha han difundido la nueva hoja de ruta del sector.

Nos convocan a enriquecer lo que llaman el acervo común republicano, incluso cuando éste hubiere sido impuesto de una manera dolorosa y conflictiva, en todo caso consentida por los cómplices pasivos. Omiten que durante 17 años de régimen civil militar la antigua república democrática fue desmontada y, en su lugar, fue instituido otro pacto cuyos resabios perduran hasta hoy.

Luego, no podemos comprometernos con esta tradición.

Y si coincidimos con ellos en que “la democracia no es compatible con la imposición autoritaria”, es porque creemos que una nueva Constitución Política debe restablecer el consenso perdido. Ello se consigue mediante una genuina disposición al acuerdo, y no a través de íconos beligerantes como el que encarna El Desalojo y su reedición 2.0, diez años después.

Sin duda, tenemos otra visión de la persona. La derecha nos dice: primero el crecimiento económico y después los derechos. Nosotros afirmamos: en el centro la persona y sus derechos; el crecimiento y la distribución deben estar al servicio de su plena realización y ejercicio. Lo cual no significa complacencia con la actual tasa de crecimiento. No obstante, por honestidad republicana, debería reconocerse que la desaceleración económica se inició en 2012 y no bajo el actual gobierno.

Los autores del Manifiesto proponen que el Estado se retire de la educación, la salud y la previsión, pues creen que las empresas privadas y el mercado proveen satisfactoriamente estos servicios. No negamos que han sido exitosos con los ciudadanos que tienen para pagar prestaciones de calidad, pero nosotros aspiramos a que todos, no solo algunos, accedan a las garantías de salud, educación y previsión. Ello requiere un Estado con facultades, no un remedo de subsidiariedad donde el gasto público represente el 24 por ciento del PIB y los derechos económicos y sociales carezcan de jerarquía constitucional.

No pretendemos que las instituciones públicas proporcionen la seguridad y protección que brinda la familia a los niños y ancianos, pero convengamos que ellas son los principales auxilios de los hogares cuando, por sus precariedades y abandonos, no pueden cubrir estas necesidades. Tampoco vemos en el municipio al agente activo de la educación pública, porque nunca será igual la calidad que reciban los niños de Lo Barnechea a la de Curanilahue. Y no nos parece ecuánime esa focalización que, a ojos de la derecha, vale para subsidiar la pobreza pero no para distinguir a las universidades públicas de las privadas, o a las tradicionales de las emergentes.

Es cierto que en una economía libre de mercado la gratuidad es regresiva. No lo es en una economía social de mercado donde la educación es un derecho que se universaliza y contribuye al desarrollo. Retroceso republicano es imponer desde el mercado una competencia forzada, ficticia e inalcanzable para los medios de que disponen los más vulnerables. Porque eso es condenarlos al desamparo.

Es a causa de estas distancias insalvables que la DC, un partido comunitario con domicilio en la centroizquierda, no está disponible para pactar con la derecha. Y es por esta decidida defensa de los valores de la libertad, la justicia y la solidaridad, que un liderazgo como el de Carolina Goic, está prendiendo en los corazones de la gente y tendrá un gran éxito en la primaria del 2 de julio que deberá aprobar la Junta Nacional del P.D.C.


DERECHOS HUMANOS Y DEMOCRACIA: FUNDAMENTOS DE UNA COALICION DE CENTROIZQUIERDA

23 febrero, 2017

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La construcción de una nueva coalición de centroizquierda no debe eludir el debate sobre los alcances de la democracia y de los derechos humanos. Por el contrario, debe llevar la democracia al límite de la soberanía popular, y los derechos humanos al umbral de las garantías exigibles y justiciables.

Pocos dudan de la necesidad de pensar una nueva coalición de centroizquierda. La experiencia de la Nueva Mayoría puso en evidencia la enorme brecha abierta entre la idea de impulsar reformas necesarias y ampliamente respaldadas por el país —muy alejadas de la metáfora de la retroexcavadora que proponía desmontar el modelo de desarrollo en un gobierno de cuatro años—, y lo que, bajo el eufemismo de los matices, significó poner frenos permanentes a dichas transformaciones.

Por eso, para cerrar esta brecha y ofrecerle a Chile un gobierno sólido y estable, la actual coalición debe imperiosamente fundar su programa en un consenso sobre la democracia y los derechos humanos. Sin esta visión común de los partidos que la conforman, no sólo su política internacional, sino, crucialmente, su senda de progreso y desarrollo, se verá persistentemente obstaculizada por tensiones y conflictos.

La centroizquierda tiene mucho a su haber en este desafío. Es tributaria de las luchas libradas en contra de la dictadura y en pro de los derechos fundamentales, de la transición democrática que permitió restablecer el imperio de las instituciones libres, de los cambios sociales que han mudado radicalmente la fisonomía de la sociedad chilena, y de una presencia internacional que despierta el respeto de las naciones. Es la vocación que la distingue nítidamente de la trayectoria seguida por la derecha.

Pero los derechos humanos, al igual que el Estado de derecho y la democracia, son realidades que evolucionan y que, por ello, exigen el aggiornamento de nuestras convenciones en torno a ellos. Exhortan, sobre todo a los partidos de inspiración humanista, a reivindicar el valor esencial de la persona contra toda forma de poder, no sólo para asegurar sus mínimos de supervivencia, sino para impulsarla hacia la conquista de una vida buena.

Todos los derechos humanos

Los derechos fundamentales son expectativas de prestaciones, o que comportan prohibiciones, compartidas universalmente por todos los seres humanos por su calidad de personas, o que, como titulares de derechos, les son reconocidos explícitamente por un ordenamiento jurídico. Por esto tienen carácter universal, inalienable e indisponible. Son derechos fundamentales porque amparan a todos los seres humanos, lo cual implica que se reconocen a todos los seres humanos porque éstos son iguales. Y están por encima de las relaciones políticas y de mercado.

Son fundamentales porque tienen como finalidades indisolublemente imbricadas la paz, la igualdad y la protección del más débil. De ello se sigue que cuanto más se garanticen los derechos de la libertad, los derechos civiles y políticos, y los derechos sociales, más fuertes serán las convicciones y las relaciones colectivas gobernadas por la paz. La igualdad de todas las diferencias significa el mismo respeto y tolerancia hacia las diversidades de nacionalidad, de lengua, de sexo, de religión, de opinión política.

Favorecer al más débil frente al poder del más fuerte, es impedir concentraciones de poder e imposiciones de los más fuertes sobre los más débiles. Naturalmente, los derechos patrimoniales que se transan en el mercado no son fundamentales pues no cuentan con los requisitos que los hagan indisponibles, inalienables, inviolables, intransmisibles y personalísimos.

Garantías de derechos: universalidad y gratuidad

La realización de los derechos fundamentales se consigue mediante políticas públicas que los garanticen. La eficacia de estas garantías de derechos radica en que comportan la obligación de satisfacer expectativas positivas como por ejemplo, el acceso a la salud a través del Plan Auge, o a la educación, a través de la Gratuidad Universal, dos realizaciones trascendentales de los gobiernos de centroizquierda. Que, no se olvide, estos avances comportaron regular las isapres y ponerle fin al lucro.

En el horizonte de una práctica de centroizquierda, también el derecho fundamental al agua y al saneamiento, hoy por hoy convertido en bien patrimonial, debe ser un derecho garantizado. Ello entraña que el acceso al agua responda a estándares de calidad, ser proporcionado en los plazos oportunos, salvaguarde a quien no puede costearlo, se mantenga estable a lo largo del tiempo, esté abierto a la participación de sus titulares, sea susceptible de exigibilidad y reclamo, y sea progresivo y actualizable. Lo mismo en materia de régimen previsional, vivienda y alimentación.

Las políticas de centroizquierda se distinguen de las neoliberales en que estas últimas carecen de una teoría que se haga cargo de articular los derechos sociales con sus correspondientes garantías y prestaciones, como se comprueba en el Manifiesto por la República y el buen gobierno difundido recientemente por personeros de la derecha. Aquí los derechos son subordinados al mercado y a las tasas de crecimiento y, en consecuencia, no se expresan en normas generales y abstractas, no siempre comportan obligaciones, y usualmente son servidos a través de decisiones discrecionales, con lo que quedan reducidos a puras declaraciones de reconocimiento.

Lo dicho no es baladí. Tales nociones han penetrado en los partidos de centroizquierda; no digo en sus valores y principios. Pero esto ha generado fricciones intestinas, porque el reconocimiento de garantías no es gratuito, sino que se pide, y no se pide sin lucha y sin conflicto, sino con presión, pues comporta una exigencia de justicia e igualdad orientada a trastocar el vínculo social donde ocurren los desdenes y humillaciones, y donde las capacidades humanas reclaman reconocimiento.

No por nada ha crecido la judicialización de las demandas emprendida por ciudadanos y por organizaciones de la sociedad civil, y lo que resulta muy prometedor es que hayan encontrado receptividad en las magistraturas, especialmente en aquellas que se muestran más ágiles y cercanas a la población.

La soberanía popular

De aquí la relevancia que cobra el Estado constitucional de derecho, una estructura jurídica que ha corrido a la par del desarrollo de la democracia y de la humanización de los vínculos sociales. Es al Estado constitucional de derecho a quien corresponde establecer en función de qué contenidos normativos se ejerce el poder, y es a la democracia a quien corresponde determinar quiénes y cómo lo detentan.

Por eso, tiene tanta importancia para la centroizquierda una Constitución Política ampliamente legitimada en una Asamblea Constituyente. Porque en un Estado constitucional de derecho es la voluntad soberana del pueblo la que otorga legitimidad a los procedimientos democráticos y a las protecciones instituidas por los derechos fundamentales. Es un Estado positivo de garantías que, por proteger los derechos fundamentales, determina los límites del poder y, además, satisface las expectativas económicas, culturales y sociales de las personas.

Democracia y derechos están íntimamente ligados. Todo poder democrático encuentra sus límites en la garantía de los derechos de libertad de las personas. Todo poder deslinda con la protección de los derechos sociales reconocidos a las personas. Mientras más extendidas sean las libertades y los derechos sociales, más estrecha será la esfera de influencia del poder político.

La construcción de una nueva coalición de centroizquierda no debe eludir el debate sobre los alcances de la democracia y de los derechos humanos. Por el contrario, debe llevar la democracia al límite de la soberanía popular, y los derechos humanos al umbral de las garantías exigibles y justiciables.