HIJOS DE UN TIEMPO QUE MUERE

27 abril, 2018

Dos momentos resultan claves para entender el principio y el ocaso del aylwinismo representado por Martínez: la estrategia de independencia crítica y activa, que se tradujo en la colaboración del partido con el régimen civil militar, y la reedición del camino propio, que elabora la actual crisis y ruptura de la colectividad.

La fuerte gravitación de Gutenberg Martínez en la Democracia Cristiana y, por consiguiente, en la política chilena de los últimos treinta años, acaso comparable con la que tuvo Giulio Andreotti en la Italia de los años setenta y ochenta, es la de un factótum, la de un hombre cuyo quehacer está presente en todo —facĕre totum— decidiendo el curso de los acontecimientos.

Hoy por hoy, esto es pretérito absoluto, pasado que, por doloroso, no siempre es asumido.

Martínez renuncia a la Democracia Cristiana en la creencia de que el instrumento está agotado, sin percibir que son su tiempo y su estrella las que, resistentes al aggiornamento, se fueron extinguiendo, relegando a la historia los resabios de un protagonismo esplendoroso que, sin embargo, en sus últimos estertores, fue capaz de arrastrar a una mayoría circunstancial, como la del 29 de abril de 2017, al más grave error de diagnóstico y estrategia.

Dos momentos resultan claves para entender el origen y el ocaso del aylwinismo representado por Martínez: la estrategia de la independencia crítica y activa de 1974, que derivó en la colaboración del partido con el régimen civil militar, y la reedición del camino propio que, promovido desde 2014, elabora la actual crisis de la colectividad y sus consecuentes rupturas.

Pero, probablemente nada destacará más en la nutrida biografía del abogado, que su rol operativo en los inicios de la transición democrática, cuando toda salida pactada pasaba indefectiblemente por la Democracia Cristiana. Es Martínez quien acompaña y sostiene el ascenso de Patricio Aylwin a la conducción del partido en 1987, y quien le permite reafirmar su liderazgo interno en los procesos de renovación de la estructura orgánica en 1988. Algo muy relevante, pues en estas coyunturas es donde Aylwin conquista su primacía como carta presidencial de la DC y, después, de la Concertación, para, finalmente, convertirse en el primer Presidente de la naciente democracia.

Renuncia de Martínez

Renuncia de Martínez

El Carmengate[1], fue una sucesión de eventos que cambiaron para siempre, y para bien o para mal, el destino de la Democracia Cristiana y, tal vez, el de Chile, y Gutenberg Martínez, a la sazón, secretario nacional de la colectividad, fue el fusible político que concentró la tensión de todas las energías liberadas en aquel conflicto.

La noche del domingo 27 de noviembre de 1988, tras concluir una jornada electoral que había transcurrido con relativa calma[2], dos hombres fueron sorprendidos en las oficinas que custodiaban el padrón de militantes de la tienda política. Su tarea: adulterar el registro de afiliados para adecuarlo a los datos arrojados por la elección.

El Carmengate, llamado así porque en ese tiempo la sede de la DC estaba domiciliada en Carmen 8, generó una crisis política de tal gravedad, que incluso la iglesia Católica debió intervenir como mediadora a través del obispo Carlos González, presidente de la Conferencia Episcopal[3]. Se exigieron infructuosamente las renuncias a Gutenberg Martínez, secretario nacional del partido, y a José Luis Rodríguez, director de la unidad de Organización y Control, ambos responsables de velar por la seguridad de las fichas de militantes.

Gabriel Valdés y Eduardo Frei Ruiz-Tagle, los dos candidatos que junto a Patricio Aylwin pugnaban por la postulación presidencial, resignaron sus aspiraciones, mientras que Jorge Burgos, a la sazón subsecretario nacional de la colectividad, renunció al cargo, y lo mismo hicieron Román González, presidente del Tribunal Electoral, y José Luis Ramaciotti, abogado miembro del organismo. Todo ello en una atmósfera de silencio impuesto y auto-impuesto. González, por ejemplo, acusó falta de transparencia, pero sólo dio sus argumentos a través de misivas privadas. Burgos, también en nota reservada, justificó su alejamiento aduciendo motivos personales, que Gutenberg Martínez replicó en términos muy conceptuosos. “Ha sido un excelente colaborador del partido y de la directiva nacional —dijo en esa ocasión—, hemos trabajado mancomunadamente en la secretaría nacional durante más de un año”[4]. Y no inventaba.

“Tendrán que pasar por mi renuncia a la presidencia del partido si lo que quieren es echar a Gutenberg Martínez”[5], advirtió Patricio Aylwin a los que liderados por Mariano Ruiz-Esquide exigían responsabilidades políticas[6]. Con esta admonición en realidad el timonel estaba notificando a todo el mundo político su firme voluntad de llevar las cosas hasta las últimas consecuencias, incluso al extremo de abrir una brecha de gobernabilidad en el partido eje de la transición, si sus opositores persistían en seguir escarbando los hechos y en pedir sanciones. Por eso Aylwin, que contaba con una mayoría a su favor en los tribunales Electoral y de Disciplina, se opuso a las salidas ofrecidas por Valdés y Frei[7], consistentes en repetir los comicios, conformar una comisión de ex presidentes DC, y realizar una auditoría interna. En subsidio, reivindicó la cuestionada eficacia de los tribunales internos y la legitimidad de la Junta Nacional emanada de la impugnada votación[8] —espuria, en palabras de Andrés Palma[9]— para nominar al candidato presidencial[10].

Pero el episodio habría de convertirse en escándalo, no tanto por los merodeadores atrapados in fraganti, como por ser la develada coronación de una sistemática e irregular operación de empadronamiento. El de Carmen 8 fue el resplandor que echó luz y llamó la atención sobre todo el proceso de afiliación democratacristiana. Prendió con la denuncia que hicieron Mariano Fernández y Raúl Donckaster, y tomó cuerpo con las enérgicas declaraciones de Claudio Huepe quien puso en la retina pública la falsificación de firmas, la presencia de operadores que intervenían los registros desde el mismo equipo de computación, y la existencia de muchas dificultades que impedían a los fiscalizadores investigar los hechos. Huepe concluía con preocupación que la colectividad estaba condenada a desaparecer si en esa crucial coyuntura no era capaz de erradicar las prácticas de conquista del poder a través de bien aceitadas maquinarias[11]. Percepción no muy distinta de la que tenía Renán Fuentealba, para quien la cuestión del precandidato había pasado a ser un asunto secundario frente al problema de corrupción que se observaba en la colectividad.

Sin embargo, el balance más descarnado vendría a ser el que puso de relieve la Juventud Demócrata Cristiana a través de su presidente, Felipe Sandoval, cuando afirmó que “para hacerse del poder, los unos optaron hasta por los medios corruptos, los otros, se taparon la vista y cerraron la boca, quizá en espera de ganar a ‘río revuelto’, mientras algunos no supimos, no pudimos o no nos permitieron defender lo que ahora y siempre vale la pena defender: los principios”[12].

El Carmengate no fue el desvarío de una tarde de primavera, sino un largo y sistemático proceso de reestructuración de la base sociológica de la falange. Más de 5 mil nuevos militantes fueron incorporados al partido al margen de las normas estatutarias que exigían acreditar esta calidad mediante una ficha y una solicitud de ingreso cursada hasta el día 31 de octubre de 1987. En vez de esto, se les validó el documento notarial que firmaron después de esta fecha para la inscripción de la colectividad en el recién creado padrón público. Se recordará que dicho trámite se efectuó en mayo de 1988 con 44 mil firmas. Luego, se falsearon las antigüedades de cientos de los advenedizos que, en masa, ingresaban a la DC, especialmente en vísperas del plebiscito del 5 de octubre, con la expectativa de participar en la futura distribución del poder[13].

Dicha circunstancia “pilló desprevenidos a nuestros dirigentes de base —confesaba Tomás Pablo, presidente del Tribunal de Disciplina, a Radomiro Tomic—, pues vieron entrar a muchos camaradas por arriba y no por la presentación de la solicitud en la comuna”[14]. Y es que, pese al cronograma convenido, no había modo de que las instituciones y estructuras regulares del partido pudieran supervisar el proceso. Así pues, estaba previsto que las elecciones comunales, provinciales y de delegados a la Junta Nacional se realizaran a más tardar el 30 de octubre de 1988, lo que obligaba a la Secretaría Nacional a cerrar los registros el 30 de julio y a poner los padrones a disposición del Tribunal Nacional Electoral el 30 de agosto. Nada de lo cual se hizo. Por toda excusa se dijo que el computador destinado a esta función había sido empleado en el control del Plebiscito. El Consejo Nacional fijó entonces una nueva fecha para la realización de los comicios: la definitiva del 27 de noviembre[15].

Sin embargo, y sólo para ilustrar, dos días antes de la elección la provincia de Santiago Centro, la más devastada por las anomalías, no había recibido los nuevos padrones que recién llegaron en el curso de las 24 horas previas a la votación[16]. Mientras, la directiva nacional procuraba quitarle hierro a la controversia. “En mi partido las cosas siempre se han hecho a lo compadre”[17], explicaba entonces Aylwin. En consecuencia, si en octubre de 1987 —cuando todavía la entidad no iniciaba su trámite de inscripción en el padrón público de partidos— el registro interno contabilizaba 33 mil militantes, en noviembre de 1988 esta cifra se había disparado a 38 mil, de los cuales 24 mil afiliados participaron en la objetada elección[18].

En julio de 1987, cuando Aylwin toma la decisión de disputar la conducción del partido, su nombre no figuraba en el ranking de los cinco personeros públicos de mayor proyección. Según un sondeo de Flacso, el político mejor posicionado del momento era Gabriel Valdés seguido por Sergio Onofre Jarpa, Andrés Zaldívar, Augusto Pinochet y Clodomiro Almeyda. Consciente de ello, Aylwin nunca admitió abrigar ambiciones presidenciales. De hecho se postuló a la mesa directiva con el predicamento de impedir un enfrentamiento entre Gabriel Valdés, que a su parecer era visto como un izquierdista resistido por los uniformados, y Andrés Zaldívar. De Frei conjeturaba que no sería capaz de sobrellevar una campaña electoral[19].

El 2 de agosto de 1987 Aylwin fue elegido presidente de la DC con el 55 por ciento de apoyo de la Junta Nacional. Su estrategia de movilización político-electoral aprobada por la asamblea contemplaba inscribir al partido, perfilar una alternativa de gobierno y levantar un candidato que recorriera el país e hiciera campaña. Fue lo que hizo en los meses siguientes hasta conseguir el 60 por ciento de respaldo en la serena jornada del 27 de noviembre de 1988. Entonces el partido ya era otro.

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Como lo habían previsto, renuncian entre 50 militantes Zarko Luksic y Felipe Sandoval

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[1] En Infogate, http://www.infogate.cl/opinion/carmengate-el-pecado-originario/
[2] Ese día se elegían dirigentes provinciales, comunales y delegados a la Junta que representaban a las precandidaturas —con comandos y jerarquías de mando— de Patricio Aylwin, Eduardo Frei Ruiz-Tagle y Gabriel Valdés. La Tercera, 18 de diciembre de 1988. En: Archivo Gabriel Valdés Subercaseaux, Partido Demócrata Cristiano, http://www.ahgv.cl/wp-content/pdf/documentos/prensa/gvs_1337-39.pdf
[3] Véase carta del sacerdote Percival Cowley a Aylwin, Frei y Valdés del 28 de noviembre de 1988, en: Archivo Gabriel Valdés Subercaseaux, Partido Demócrata Cristiano, http://www.ahgv.cl/wp-content/pdf/documentos/gvs_1182.pdf Intervención que, sin embargo, fue considerada imprudente por algunos sectores políticos. pues daba a entender que la Iglesia estaba alineada con un partido. La Tercera, 18 de diciembre de 1988. En: Archivo Gabriel Valdés Subercaseaux, Partido Demócrata Cristiano, http://www.ahgv.cl/wp-content/pdf/documentos/prensa/gvs_1337-39.pdf
[4] Declaraciones del secretario nacional de la Democracia Cristiana, Gutenberg Martínez. El Mercurio, 15 de diciembre de 1988, http://www.ahgv.cl/wp-content/pdf/documentos/prensa/gvs_1337-23.pdf
[5] Entrevista a Patricio Aylwin, presidente de la Democracia Cristiana. El Mercurio, 18 de diciembre de 1988. En: Archivo Gabriel Valdés Subercaseaux, Partido Demócrata Cristiano, http://www.ahgv.cl/wp-content/pdf/documentos/prensa/gvs_1337-44.pdf
[6] Por su parte, el secretario nacional de la colectividad, Gutenberg Martínez, replicó que las solicitudes de renuncia respecto de sí como del director de Organización y Control «se salen del marco normal de convivencia interna». Y agregó: «En lo personal, y como directiva nacional, nos sentimos representativos de la mayoría del partido y, en esos términos, tenemos un mandato que cumplir, que creo nos obliga sobremanera». El Mercurio, diciembre de 1988. En: Archivo Gabriel Valdés Subercaseaux, Partido Demócrata Cristiano, http://www.ahgv.cl/wp-content/pdf/documentos/prensa/gvs_1337-17.pdf
[7] Véase propuestas de Valdés y Frei a Aylwin en: Archivo Gabriel Valdés Subercaseaux, Partido Demócrata Cristiano, http://www.ahgv.cl/documento/correspondencia-relativa-a-elecciones-internas-del-pdc-cartas-2/
[8] En su primer boletín del 17 de diciembre de 1988, el Tribunal Nacional Electoral de la DC consignó como resultados definitivos los 21 correspondientes a las provincias de Arica, Tocopilla, El Loa, Antofagasta, Choapa, San Felipe, Petorca, Cachapoal, Colchagua, Talca, Linares, Cauquenes, Concepción, Malleco, Llanquihue, Palena, Aysén, Última Esperanza, Magallanes, Chiloé y Santiago Norte, donde no hubo impugnaciones. Dispuso, asimismo, la realización de segundas vueltas en Valdivia, Santiago Centro y Santiago Cordillera, y dejó pendientes las calificaciones de otras 29 provincias. Las Últimas Noticias, 18 de diciembre de 1988. En: Archivo Gabriel Valdés Subercaseaux, Partido Demócrata Cristiano, http://www.ahgv.cl/wp-content/pdf/documentos/prensa/gvs_1337-38.pdf
[9] Espuria porque nace de un proceso electoral irregular que ha dañado al partido, dijo entonces Palma. La Tercera, 18 de diciembre de 1988. En: Archivo Gabriel Valdés Subercaseaux, Partido Demócrata Cristiano, http://www.ahgv.cl/wp-content/pdf/documentos/prensa/gvs_1337-39.pdf
[10] Frente a las declaraciones de Gabriel Valdés, quien había expresado su disposición a deponer su precandidatura presidencial si también lo hacían Aylwin y Frei, el presidente del PDC emitió una declaración en la que rechazaba lo que consideraba una formulación liviana de imputaciones ofensivas, y agregaba que, llevado el asunto al plano de las responsabilidades, no cabía sino esperar las resoluciones de los tribunales competentes. Con ello la mesa directiva rehusaba formar una comisión de ex presidentes para resolver la crisis y refutaba que hubiere conversaciones entre los representantes de los comandos. Valdés respondió que había «aceptado seriamente y sin caer en ofensas contra nadie la proposición de Patricio Aylwin formulada el lunes pasado en el sentido que los tres precandidatos depongamos nuestras postulaciones». Por su parte, Martínez replicó que «desde un punto de vista formal, no se han hecho inscripciones de precandidatos, de manera que nadie puede renunciar a una condición formal que no se ha tenido». El Mercurio, diciembre de 1988. En: Archivo Gabriel Valdés Subercaseaux, Partido Demócrata Cristiano, http://www.ahgv.cl/wp-content/pdf/documentos/prensa/gvs_1337-17.pdf
Finalmente, Aylwin retiró su opción, no sin antes pedirles a partidarios y competidores que disolvieran sus comandos, y advirtiendo que si la Junta Nacional, fijada para mediados de enero de 1989, aprobaba su nombre como candidato presidencial, él no podría rechazar esa nominación: «Por mi parte —sostuvo— reitero que no he aspirado ni aspiro a ser candidato a la Presidencia de la República. Me he limitado a pedir respaldo para la línea política encarnada en la directiva que encabezo. Pienso que la Junta, que es soberana, deberá buscar con generosidad y sin prejuicios la mejor solución para el país y para el partido. Agradezco a mis camaradas el respaldo mayoritario que me han expresado y les pido que colaboren a la búsqueda de una solución con entera libertad y prescindiendo de mi nombre». El Mercurio, diciembre de 1988. En: Archivo Gabriel Valdés Subercaseaux, Partido Demócrata Cristiano, http://www.ahgv.cl/wp-content/pdf/documentos/prensa/gvs_1337-28.pdf
Por el comando de Frei, habló Patricio Basso. Señaló que «Aylwin se mantiene en una posición ambivalente… El candidato dijo —así lo escuchó, vio y leyó todo el país— que estaba dispuesto a renunciar a su candidatura si lo hacían Frei y Valdés. Ello ya ocurrió y sólo resta que el candidato cumpla con la palabra empeñada». Declaraciones de Patricio Basso. Diario La Época, 17 de diciembre de 1988. En: Archivo Gabriel Valdés Subercaseaux, Partido Demócrata Cristiano, http://www.ahgv.cl/wp-content/pdf/documentos/prensa/gvs_1337-33.pdf
[11] El entonces consejero nacional de la DC, Claudio Huepe, declaraba a El Mercurio: «El problema es el hecho que se han comprobado irregularidades serias y de allí nuestra desconfianza hacia Organización y Control, que era el organismo que controlaba los padrones electorales y que informaba al Tribunal Electoral para sus decisiones… Tenemos antecedentes claros sobre falsificaciones de firmas, antecedentes claros sobre la presencia de determinadas personas en Organización y Control, el Carmengate. Incluso el presidente está en un error al afirmar que una persona que hizo una denuncia, no ha concurrido al Tribunal de Disciplina, pues no sólo ha concurrido a ratificar lo dicho, sino que ha sido careada. Hubo también problemas en el Tribunal Electoral; no en vano se produjeron dos renuncias». Declaraciones de Claudio Huepe a El Mercurio, lunes 19 de diciembre de 1988. En: Archivo Gabriel Valdés Subercaseaux, Partido Demócrata Cristiano http://www.ahgv.cl/prensa/periodico-el-mercurio-31/
[12] Declaraciones del presidente de la JDC, Felipe Sandoval. La Tercera, 19 de diciembre de 1988. En: Archivo Gabriel Valdés Subercaseaux, Partido Demócrata Cristiano, http://www.ahgv.cl/wp-content/pdf/documentos/prensa/gvs_1337-53.pdf
[13] Véase carta a Patricio Aylwin de los consejeros nacionales Eduardo Cerda, Eugenio Ortega, Claudio Huepe, Ricardo Hormazábal, Andrés Palma, Arturo Frei, Alejandro Foxley, Genaro Arriagada, Felipe Sandoval y Renán Fuentealba, del 7 de diciembre de 1988. En: Archivo Gabriel Valdés Subercaseaux, Partido Demócrata Cristiano, http://www.ahgv.cl/wp-content/pdf/documentos/gvs_1189.pdf
[14] Véase carta de Tomás Pablo, presidente del Tribunal de Disciplina, a Radomiro Tomic del 18 de diciembre de 1988. En: Archivo Gabriel Valdés Subercaseaux, Partido Demócrata Cristiano, https://docs.google.com/viewerng/viewer?url=http://www.ahgv.cl/wp-content/pdf/documentos/gvs_1194.pdf
[15] Entrevista a Patricio Aylwin, presidente de la Democracia Cristiana. El Mercurio, 18 de diciembre de 1988. En: Archivo Gabriel Valdés Subercaseaux, Partido Demócrata Cristiano, http://www.ahgv.cl/wp-content/pdf/documentos/prensa/gvs_1337-44.pdf
[16] Guillermo González, presidente provincial, afirmó que en la segunda vuelta de Santiago Centro se abstuvo de votar el 67 por ciento del padrón de militantes, lo que «inhabilitaba a cualquier directiva a asumir la conducción de la provincia». En la ocasión resultó electa la lista integrada por Mario Hamuy, Waldo Mora, Hernán Palacios, Pablo Berwart y Gustavo Robles. La Época, 19 de diciembre de 1988. En: Archivo Gabriel Valdés Subercaseaux, Partido Demócrata Cristiano, http://www.ahgv.cl/wp-content/pdf/documentos/prensa/gvs_1337-55.pdf
[17] Entrevista a Patricio Aylwin, presidente de la Democracia Cristiana. El Mercurio, 18 de diciembre de 1988. En: Archivo Gabriel Valdés Subercaseaux, Partido Demócrata Cristiano, http://www.ahgv.cl/wp-content/pdf/documentos/prensa/gvs_1337-44.pdf
[18] Entrevista a Patricio Aylwin, presidente de la Democracia Cristiana. El Mercurio, 18 de diciembre de 1988. En: Archivo Gabriel Valdés Subercaseaux, Partido Demócrata Cristiano, http://www.ahgv.cl/wp-content/pdf/documentos/prensa/gvs_1337-44.pdf
[19] Entrevista a Patricio Aylwin, presidente de la Democracia Cristiana. El Mercurio, 18 de diciembre de 1988. En: Archivo Gabriel Valdés Subercaseaux, Partido Demócrata Cristiano, http://www.ahgv.cl/wp-content/pdf/documentos/prensa/gvs_1337-44.pdf
Valdés retrucaba: «Me dicen entonces que soy progresista o izquierdista porque me preocupo mucho de los trabajadores, los campesinos, la juventud. Yo soy por el cambio. Soy libertario. No soy conservador». Entrevista a Gabriel Valdés en La Tercera, domingo 27 de noviembre de 1988. En: Archivo Gabriel Valdés Subercaseaux, Partido Demócrata Cristiano, http://www.ahgv.cl/wp-content/pdf/documentos/prensa/gvs_1338-5.pdf
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