PACTO PARLAMENTARIO AHORA

15 junio, 2017

Un pacto parlamentario que aglutine a su amplio arco de fuerzas, no sólo es viable, sino que puede conquistar un alto quórum legislativo, para lo cual debe fundarse en un compromiso político y programático que permita sustentar la candidatura que pase a segunda vuelta y al futuro gobierno que surja de las urnas.

Nadie puede poner en duda nuestra vocación unitaria para mancomunar a la Democracia Cristiana y a la Nueva Mayoría. Lo probamos cuando impulsamos una mesa integrada encabezada por la senadora Carolina Goic y formada, entre otros, por la diputada Yasna Provoste, primera mayoría del Consejo Nacional. Su misión era aglutinar al partido y elevar su moral interna tras la renuncia del senador Jorge Pizarro. Luego, pese a la caída electoral sufrida en las municipales de octubre, le renovamos nuestra confianza y bregamos por su continuidad. Fue por eso que apoyamos sus mejores opciones en las elecciones territoriales de diciembre y de renovación de directiva de enero.

Su explícito compromiso de reconocer domicilio en la centroizquierda y de concurrir a unas primarias de la Nueva Mayoría, nos llevó a confluir en el consenso que convirtió a Goic en la carta presidencial democratacristiana. No otro fue el espíritu que emanó de la junta nacional de marzo, el mismo que nos animó en el cónclave de abril, cuando reiteramos la necesidad de postular un candidato presidencial y una lista parlamentaria de la centroizquierda como condiciones para un gobierno reformador, mayoritario y estable. Es claro que no fuimos escuchados. Y en una votación secreta, libre y legítima cuyos resultados acatamos, el partido fue puesto en la senda del camino propio que, creemos, difícilmente haya sido el querido en su fuero interno por los delegados.

Los efectos previsibles de esta elección han creado la coyuntura ideal para aquellos que han buscado separar a la falange de la Nueva Mayoría y del gobierno y situarla en la derecha. Pero también es la oportunidad propicia para quienes quisieran deshacerse de la Democracia Cristiana y perfilar una socialdemocracia más nítida y cohesionada. Ambas tendencias podrán propugnar y acaso conseguir una mayor pureza de sus respectivas identidades, pero eso será a costa de abandonar la política del compromiso que, para asegurar reformas y gobierno de mayorías, siempre supone diálogo, renuncia y gradualidad.

En su mensaje al Congreso, la Presidenta Bachelet recordó la trayectoria histórica de este compromiso y exhortó a sus líderes a mirar el mañana para aquilatar el sentido de misión que la convoca. Lo mismo ha hecho el senador Alejandro Guillier al animar a los partidos que lo apoyan a concordar una lista común. Esta disposición nos insta a corregir el rumbo y a reducir sus riesgos. Tal desafío exige asumir que un pacto parlamentario y dos candidatos presidenciales, no siendo el óptimo de ninguna coalición, es un hecho dado sobre el cual debemos actuar para salvar el destino de la centroizquierda.

La Democracia Cristiana ha expresado en sus máximas instancias de deliberación la voluntad de continuar unida a sus antiguos aliados. Todos los sondeos de opinión revelan, asimismo, que la centroizquierda es mayoritaria, y que un pacto parlamentario que aglutine a su amplio arco de fuerzas, no sólo es viable, sino que puede conquistar un alto quórum legislativo, para lo cual debe fundarse en un compromiso político y programático que permita sustentar la candidatura que pase a segunda vuelta y al futuro gobierno que surja de las urnas.

Diputados firman acuerdo
Lista única
Nueva Mayoría por lista única
Lista de centroizquierda
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LA RADICALIZACION DEL CAMINO PROPIO

13 junio, 2017

La radicalización del camino propio se revela así como el diseño de largo plazo —no refrendado por ninguna instancia superior— que, de paso, dinamita los pocos atajos que van quedando para arribar a un acuerdo de colaboración con la centroizquierda.

La Junta Nacional DC del 29 de abril no votó por el camino propio ni por abandonar la centroizquierda. Lo que hizo el 63 por ciento de su asamblea —que no la unanimidad anhelada— fue respaldar la voluntad de la senadora Carolina Goic de ir a primera vuelta. Nada más y nada menos. Sin embargo, el giro dado por la colectividad el pasado fin de semana tras el alejamiento de Pablo Badenier como jefe de campaña, se propone consolidar la ruta irreversible hacia ese puerto. El golpe de timón dado este domingo responde a la necesidad de pureza identitaria que se le quiere imprimir a la campaña. Y el perfil de los tres nuevos coordinadores que vienen a sucederlo así lo confirma.

Jorge Burgos representa la política de ruptura con el gobierno de Bachelet, con la Nueva Mayoría, especialmente con los comunistas, y, por cierto, con todos aquellos que acusaron alguna autoría en la apología de la retroexcavadora. Burgos personifica al laguismo democratacristiano. Es la evocación tardía de los primeros años de la transición democrática. El puente tendido hacia los liberales de la ex Concertación, hoy en franca retirada a sus cuarteles de invierno.

Juan Carlos Latorre, como presidente de la Organización Demócrata Cristiana de América, es el nexo con los partidos de derecha que actualmente confluyen en el cosmopolita centro reformista, eje del sistema de coaliciones que se pretende reproducir en Chile. Latorre, que en 2009 fue el más renuente de los timoneles de la Concertación a un entendimiento de Frei con Enriquez-Ominami de cara a la segunda vuelta, abriga la convicción, por lo demás ampliamente difundida, de que la coalición de centroizquierda es una trampa para la falange y un daño a su identidad.

Por último, Eduardo Saffirio pertenece a la tradición conservadora neoconfesionalista que —junto a Soledad Alvear, Carlos Massad, Sergio Micco, Patricio Zapata, entre otros— se ha opuesto al proyecto de interrupción voluntaria del embarazo en tres causales. Saffirio es de los que hubieran deseado que los parlamentarios y militantes del partido rechazaran este punto programático de la Nueva Mayoría y subordinaran su voto a lo que la iglesia Católica entiende por conciencia recta, informada y responsable. Por su fundamentalismo doctrinario, Saffirio será pues el cedazo que frenará en su origen los signos de mezcla, mestizaje y contaminación progresistas que pudieren exhibir los contenidos programáticos.

La radicalización del camino propio se revela así como el diseño de largo plazo —no refrendado por ninguna instancia superior— que, de paso, dinamita los pocos atajos que van quedando para arribar a un acuerdo de colaboración con la centroizquierda.

Las tensiones que sobrevendrán provocarán en la militancia una fragmentación mucho más severa que esa que, a instancias de una política de hechos consumados, está padeciendo la mesa directiva nacional, paradójicamente elegida como opción unitaria para unir al partido.

El Mostrador


UNA SIMBIOSIS BENEVOLENTE

14 abril, 2017

Se trata de una reciprocidad benevolente que opera en dos direcciones: el pacto parlamentario potencia al candidato presidencial y éste a cada uno de los postulantes al Congreso. Lo cual es consistente con la finalidad política de garantizar gobiernos de mayoría.

Si las primarias y la lista parlamentaria están desacopladas, es decir, si no tienen ninguna conexión entre sí, entonces el acuerdo sobre una y otra se construye en momentos distintos. El primero, antes del 3 de mayo; el segundo, antes del 21 de agosto.

Si la Nueva Mayoría quisiera participar en primarias presidenciales, el plazo para inscribir las candidaturas que competirán entre sí para dirimir al vencedor se cumple a las 12 de la noche del miércoles 3 de mayo.

Puede ser que la candidata de la Democracia Cristiana, Carolina Goic, resuelva en la junta nacional del 29 de abril no concurrir a primarias y, por lo tanto, no inscribir su candidatura. En tal caso, el cierre de los procesos no tendrá importancia para ella, ni para Alejandro Guillier, el otro candidato de la Nueva Mayoría, pues, si ninguno declinara su opción, ambos seguirían en carrera hasta la elección del 19 de noviembre. No habrá primarias y dejará de existir la Nueva Mayoría como alianza electoral y, probablemente, de gobierno. Simultáneamente, al otro lado del espectro político, la coalición de centroderecha se hallará formalizando tanto su participación en primarias como su oferta parlamentaria.

Ni Guillier ni Goic estarán apremiados a inscribir su lista parlamentaria sino hasta el 21 de agosto. Sin embargo, antes del 3 de mayo —incluso antes del 29 de abril— ambos tendrán que dar a conocer la estructura del pacto parlamentario que quieren ofrecerle al país. Esto, porque cada candidato, sea a presidente o a congresista, querrá sacarle el mayor provecho electoral al apoyo ciudadano que tiene a su haber. Y esto se consigue mediante la simbiosis que se produce entre la elección del candidato presidencial y quienes pretenden un sillón en las cámaras legislativas, una asociación de íntima colaboración que sólo la psicología social puede desentrañar en sus detalles, pero que se ha venido confirmando por más de un cuarto de siglo en las elecciones de alcalde y concejales.

Se trata de una reciprocidad benevolente que opera en dos direcciones: el pacto parlamentario potencia al candidato presidencial y éste a cada uno de los postulantes al Congreso. Lo cual es consistente con la finalidad política de garantizar gobiernos de mayoría. Al igual que en los regímenes parlamentarios, el alcalde necesita contar con la mayoría del concejo municipal, como el gobernador regional precisa la mayoría del consejo regional para asegurar la estabilidad y eficacia de su gestión. Por eso, en la práctica, ambas elecciones marchan indisolublemente unidas.

Dicha circunstancia determina lo que ocurriría en cada uno de los siguientes escenarios:

1 Se compite en primaria y con un pacto parlamentario común. Todos los partidos de la Nueva Mayoría se alinean tras el candidato único que se elija en las elecciones primarias del 2 de julio y respaldan la lista única parlamentaria que concuerden. Es la fórmula que otorga el mayor rendimiento electoral parlamentario de la Ley D’Hondt para el 47 por ciento de apoyo en las urnas que los partidos de la coalición obtuvieron en la pasada elección de concejales.

2 Se compite en primaria con dos pactos parlamentarios. Todos los partidos de la Nueva Mayoría se alinean tras el candidato único que se elija en las elecciones primarias del 2 de julio y, según la lista que conformen, apoyan los dos pactos parlamentarios que determinen. La cifra repartidora del sistema proporcional reduce moderadamente el rendimiento electoral de cada partido en las parlamentarias, especialmente de los mayoritarios, aunque estos cuenten con una oferta más diversificada.

3 Se compite en primera vuelta con un pacto parlamentario. Se configuran dos opciones presidenciales, las de Guillier y Goic, con un pacto único parlamentario de la Nueva Mayoría. Se divide el electorado potencial de la coalición que, en la última elección de concejales ascendió al 47 por ciento, entre Guillier y Goic. A lo menos la candidatura falangista debería captar el 12.7 por ciento conseguido en la municipal, el que, teóricamente, debería restarse al obtenido por toda la Nueva Mayoría. Pero esta proporción no debería ser simétrica en la elección parlamentaria, pues lo más probable es que por simbiosis benevolente, la mayor parte de los candidatos a parlamentarios incline sus campañas hacia la carta con mejores chances, y viceversa. De cualquier modo, los contrastes que se han buscado marcar entre Guillier y Goic, cuando aún no se inicia la competencia definitiva, anticipan la polarización subsiguiente y la ventaja que cobrará de ello la centroderecha.

4 Se compite en primera vuelta con dos pactos parlamentarios. Por una parte, los partidos que permanecen en la Nueva Mayoría se alinean con un candidato presidencial y una lista parlamentaria común, y por la otra, la Democracia Cristiana postula su candidatura presidencial y su lista parlamentaria. Se divide el electorado que respaldó a la Nueva Mayoría en la elección de concejales de octubre y, en consecuencia, ordenada por sus primarias, la centroderecha tomará la delantera. Para todos los efectos de cálculo electoral, si la base de apoyo de la DC es del 12 por ciento, la del PS es del 11, la del PPD de 9, y la del PR del 7 por ciento. De modo que cada grano de arena cuenta a la hora de provocar el efecto mariposa.

Este electorado no dará sorpresas.

Una crisis larvada

No hay condiciones para primarias…

Girardi: primarias y dos pactos

PPD: un candidato y dos listas

DC se abre a pacto

Candidatura y pacto

Primera vuelta y pacto propio


GOIC TIENE OPCION EN PRIMARIAS

26 febrero, 2017

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¡Por primera vez, en la historia de este siglo, surge un liderazgo tan interesante en la DC! Ella representa la renovación de la sociedad chilena, la transición a las generaciones globales.

Karla Altamirano Pérez
contacto@diarioconcepcion.cl

Esta fue una semana intensa para la Democracia Cristiana, marcada por la candidatura presidencial de Carolina Goic, que podría saltarse las primarias de la Nueva Mayoría para correr directamente en primera vuelta, y por la prohibición de Cuba a que Mariana Aylwin ingresara a la isla, lo que tensionó aún más la relación de la DC con sus socios de la Nueva Mayoría, en el especial el PC. Y si la semana fue particularmente atractiva para analistas y politólogos externos, con mayor razón para los que pululan al interior de la Falange, cuyo análisis puede influir en dirigentes y militantes a la hora de tomar decisiones clave para la colectividad.

Es el caso de Rodolfo Fortunatti, sociólogo y doctor en Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, vicepresidente del Frente de Profesionales de la DC. Perteneciente al grupo de los denominados “Chascones”, la corriente más a la izquierda del partido, es cercano a Belisario Velasco, con quien comparte una amistad de larga data, y una misma visión del rol del partido y de la responsabilidad que a éste le cabe dentro (y no fuera) de la Nueva Mayoría.

– ¿Cómo ve la situación que vive hoy el pacto? ¿Tocó fondo la Nueva Mayoría en cuanto a las relaciones entre sus socios?

– Estamos viviendo un proceso de actualización y revitalización. Es un tiempo de ajuste, uno en que tenemos que sentarnos a evaluar nuestras debilidades y errores, corregir el camino para presentar al país una alternativa. La única forma de defender a la ciudadanía de los abusos de poder es con un gobierno de mayorías.

– Para un partido que ha sufrido “bullying” y que ha manifestado no sentirse en su coalición y en particular con algunos de sus socios, ¿cómo se puede mantener esa unidad? ¿No es más honesto separar aguas?

– Los malestares siempre van a estar, pero lo realmente importante es llegar a nuevos consensos. La DC es el partido mayoritario de la coalición, con la tercera parte de los parlamantarios del conglomerado. La DC es el principal partido en términos de votación al interior de la Nueva Mayoría y las vicepresidencias de la República, en el último tiempo, han caído en demócrata cristianos, lo que indica la capacidad que tiene este partido de hacer valer su presencia mayoritaria.

Los malestares que hay, deberían ser parte de un nuevo consenso. Uno que reconozca el papel de cada colectividad, lo que debería darse en la próxima junta. Tenemos que ampliar la coalición, integrar a nuevas fuerzas de izquierda, progresistas, de sectores independientes y, en una opinión personal, yo te diría que incluso gente de centro derecha para equilibrar las fuerzas. La sociedad chilena y la política actual han tenido muchos cambios. El electorado no es el mismo que hace 5 años y, frente a esa nueva realidad, la Nueva Mayoría tiene que ofrecer más opciones.

– ¿Cómo debería responder la coalición a este cambio en los electores y la ciudadanía?

– Esto no es un fenómeno nacional. Los que deciden son una minoría y, por intentar representar a todos, las encuestas no reflejan lo que sucederá en la realidad. Primero debemos orientar las ofertas programáticas a los votantes y después, con el tiempo, tal vez con los años, aproximar la política a la ciudadanía, transparentar y presentar nuevas candidaturas. Carolina Goic representa este cambio.

– En los últimos días se ha hablado mucho de ir a primera vuelta con Goic y no a primarias…

– La opción de Carolina Goic va ligada a una coalición de centro izquierda y, parte de eso, es una primaria donde compitan todas las fuerzas de centro izquierda. Ella no cree en el camino propio.

– Piñera no le habría ganado a Lavín de haber aceptado ir a primarias en 2005…

– No es la misma situación. Carolina Goic tiene oportunidad de ganar en primarias. No tenemos forma de saber lo que pasará en 4 meses más, pero tenemos tiempo suficiente para, en un partido con más de 20 mil militantes, conquistar a los votantes. Tenemos capacidad de movilización y, si todo el partido se pone detrás de ella, no está escrito nada.

– Puede Carolina Goic competir contra la popularidad de Guilier y la experiencia de Lagos?

– ¡Por primera vez, en la historia de este siglo, surge un liderazgo tan interesante en la DC! Ella es una mujer de 44 años, representa a las generaciones de reemplazo, representa un recambio y tiene el apoyo del partido. Ella representa la renovación de la sociedad chilena, la transición a las generaciones globales. Es un liderazgo empático. Ella puede conquistar las elecciones. Yo le veo muchas posibilidades a su candidatura y creo que los jóvenes van a provocar el cambio. Ella, en este momento, es inatacable.

 

Padres de un mundo que nace

http://www.diarioconcepcion.cl/?q=node/15235


CAROLINA GOIC Y LA CUARTA VÍA

21 febrero, 2017

Belisario Velasco y Rodolfo Fortunatti

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«Contrastando con un ánimo de derrota y desesperanza, la senadora Carolina Goic ha planteado tres cuestiones cruciales: recuperar la mística y convicción democratacristiana, asumir el desafío de ser candidata presidencial, y competir en las primarias de la Nueva Mayoría que, sin embargo, debe ponerse al día para representar los anhelos del país.»

 

Hasta hoy sólo sabíamos de la existencia de una tercera vía: el camino propio que se abría entre la izquierda y la derecha o, el del frente amplio, que buscaba ser alternativa al denominado duopolio conformado por la Nueva Mayoría y Chile Vamos.

Eso ya es pasado desde que una nueva concepción de las alianzas políticas y de la voluntad soberana expresada en las urnas ha empezado a mostrar su genuina fisonomía. Se trata de una cuarta vía. Una senda que supera por arriba todo lo imaginado, coronando así la trayectoria que se inició pocos meses después de la instalación del actual gobierno y que ha mantenido en persistente dilema la permanencia de la Democracia Cristiana en la centroizquierda.

El senador Ignacio Walker no pudo haber sido más claro cuando este fin de semana reveló los alcances de semejante derrotero. El itinerario comienza con la ratificación, en la próxima junta nacional, del plebiscito que habrá de aprobar la participación de la colectividad en la primera vuelta de noviembre. Luego contempla la proclamación de una candidatura presidencial, que podría resultar derrotada, lo cual obligaría al partido a definir a quién apoyar en la segunda vuelta, momento éste en que, a falta de opciones, la única salida que podría ofrecerle al país sería el… ¡voto en blanco!

El voto en blanco es una hoja sin escribir, es el vacío de la acción, es la ausencia de la política. Es oferta inédita y desconcertante en la Democracia Cristiana, un partido de profundas raíces doctrinarias que, en momentos cruciales de nuestra historia, ha asumido con resolución el liderazgo que lo convoca. No lo merecen los militantes de la colectividad que, en julio, cumplirá sesenta años de vida. No lo merecen los campesinos que, en el mismo mes, recordarán con gratitud los cincuenta años de la reforma agraria impulsada por el presidente Frei. Y, sobre todo, no lo merece el país, que espera una política fundada en los principios éticos legados por el humanismo.

La Junta Nacional del 11 de marzo tiene la última palabra. Creemos que en ella primará un compromiso con el buen uso del porvenir. Porque si, como ha escrito Enrique Krauss, «participar aisladamente en primera vuelta no resulta sino una evasiva transitoria», la pérdida de fe y de vigor que entraña la vía del voto en blanco, es lo más cercano a la frialdad de la muerte política.

Contrastando con este ánimo de derrota y desesperanza, la decisión de la senadora Carolina Goic devuelve a la Democracia Cristiana, especialmente a sus jóvenes generaciones, el espíritu de los fundadores. Ella ha planteado tres cuestiones cruciales que marcan un antes y un después en el actual debate. Ha dicho que, más allá del puro cálculo de poder, existe una política de lucha y testimonio que debe ser desplegada con mística y convicción. También ha expresado que asume sin ambages el desafío de ser candidata presidencial. Y, por último, ha precisado que esta competencia debe librarse en el seno de la Nueva Mayoría, partiendo por impulsar su aggiornamento y concurriendo a las primarias del 2 de julio.

http://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/2017/02/21/carolina-goic-y-la-cuarta-via/


CONDICION ESENCIAL

21 enero, 2017

Belisario Velasco y Rodolfo Fortunatti

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Antes de la selección del candidato es condición sine qua non que la Junta Nacional decida y declare explícitamente su compromiso de concurrir a las primarias institucionales del 2 de julio.

2017 es un año político. Un tiempo de definiciones que ha comenzado marcando su impronta contra el desafortunado año 2016, annus horribilis para algún observador internacional. Todas las expectativas apuntan hacia el reordenamiento de las ideas, de los liderazgos y de las fuerzas. Los intereses se sinceran y aflora una nueva racionalidad del debate.

También se dibuja el escenario en que estas definiciones se jugarán. En la derecha se impone la opción de Sebastián Piñera y el ineludible pacto electoral parlamentario, porque ya no hay tiempo ni espacio para otro liderazgo ni para otra vía. En la izquierda, las promesas del 2011 reeditan el frente amplio, para albergar, como tantas veces, a los novicios movimientos ciudadanos. Y en la centroizquierda, cuya expresión política es la Nueva Mayoría, se perfilan las tres candidaturas realmente viables, mientras se llevan a cabo las conversaciones para configurar el pacto parlamentario.

Las decisiones que en estos días tomen la DC y el PS, sus mayores partidos, serán cruciales para consolidar el reordenamiento del sector, porque el riesgo de fracaso siempre está latente en la confianza de estirar el elástico. Solo la sensatez nos pone a salvo de este peligro. Y ésta entraña actuar con lucidez, claridad y determinación.

En la reciente elección de su directiva nacional, la Democracia Cristiana escogió postular un candidato presidencial. Confirmó, asimismo, que competirá dentro de la coalición de centroizquierda a la que aportará sus propuestas programáticas.

Hoy, la figura mejor posicionada del partido es Carolina Goic. La senadora está en condiciones de concitar la más amplia adhesión de la próxima Junta Nacional, y de sustraer al partido de unas primarias internas. Es un camino legítimo e innovador, pues se concentrarían en una misma persona las investiduras de presidente y de candidato.

Sin embargo, antes de la selección del candidato es imperativo, es condición sine qua non, que la colectividad decida y declare explícitamente su compromiso de concurrir a las primarias institucionales del 2 de julio junto a quienes está construyendo el pacto parlamentario de la centroizquierda.

Si no se cumple este paso preliminar, la amenaza de ruptura de la centroizquierda, que pasa por el corazón de la DC, cobra realidad, al igual que el triunfo de la derecha y la más demoledora derrota parlamentaria del partido en toda su historia. No pasaría de los 13 diputados y habría regiones en que no tendríamos expresión.

Quienes buscan romper la centroizquierda desde nuestras filas, reemplazándola con acuerdos con la centroderecha, le están haciendo un daño irreversible al partido. En lugar de unir, crean problemas que incluso van más allá de nuestra doctrina.

Hace solo dos meses hubo una encuesta nacional: las elecciones municipales de octubre. Si bien es cierto el innegable triunfo de la derecha en la elección de alcaldes, en la de concejales, que es la que abarca a toda la ciudadanía y no se circunscribe sólo a algunas comunas emblemáticas, la Nueva Mayoría obtuvo un mayoritario porcentaje de votos, derrotando a nivel nacional a la oposición.

Si actuamos unidos podemos repetir y aumentar esa ventaja con el candidato o candidata que resuelva la primaria de julio.

 


DE TOMIC A GOIC

2 enero, 2017

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Tomic es la idea, la voluntad y el testimonio que recorre las luchas populares de las últimas décadas. Tomic es el postulado de la unidad política y social del pueblo. Es la premisa de una alianza de fuerzas de centroizquierda con amplia y profunda implantación en las clases medias y populares. Es el principio que opera como condición necesaria e irrenunciable para la formación, estabilidad y éxito de los gobiernos de mayoría.

A Olga Ulianova, por su invaluable contribución al rescate de la memoria política de Chile.

Han pasado 47 años desde aquella histórica Junta Nacional de la Democracia Cristiana, cuando por 18 votos de diferencia la tesis del «camino propio», postulada por Jaime Castillo Velasco, se impuso a la vía de la «unidad política y social del pueblo», defendida por Radomiro Tomic incluso en la eventualidad de que el candidato presidencial no hubiere pertenecido a sus filas.

Ese mismo mes de mayo de 1969 se produjo la ruptura de la colectividad al escindirse el Mapu, hecho que habría de provocar una grave sangría en la poderosa JDC, según las premonitorias palabras de su fundador, el sociólogo y discípulo de Louis Althusser, Rodrigo Ambrosio.

Corrían tiempos convulsos y acaso Tomic fue el mayor visionario de la espiral de irracionalidad y extravío que les siguió. «Desde 1970 en adelante el dilema se abrirá quemante y claro… No me tiembla la voz para decirlo: o emprendemos una revolución democrática y popular dando forma a un inmenso esfuerzo de participación del pueblo para que Chile alcance otro horizonte y un nuevo destino, o el colapso institucional dividirá gravemente a los chilenos contra sí mismos…», anunció cuando fue proclamado candidato presidencial del partido.

«Con Tomic ni a misa», respondió entonces Luis Corvalán, a la sazón secretario general del Partido Comunista, desahuciando así la posibilidad de formar una coalición integrada por la DC, el PC, el PS, el PR y la API. La obra de la recientemente fallecida historiadora ruso-chilena, Olga Ulianova, ilumina las motivaciones estalinistas que en aquella época animaban a los comunistas chilenos y, a través suyo, nos ofrece una comprensión menos ideologizada y menos instrumental del papel jugado por la Democracia Cristiana.

Tomic es la idea, la voluntad y el testimonio que recorre las luchas populares de las últimas décadas. Tomic es el postulado de la unidad política y social del pueblo. Es la premisa de una alianza de fuerzas de centroizquierda con amplia y profunda implantación en las clases medias y populares. Es el principio que opera como condición necesaria e irrenunciable para la formación, estabilidad y éxito de los gobiernos de mayoría.

Cada vez que las fuerzas de centroizquierda abandonaron este precepto, el fatal desenlace fue la división y posterior derrota de las víctimas de la pobreza, de la segregación y del subdesarrollo. Cuando, por el contrario, perseveraron a pesar de las tendencias cismáticas que siempre pugnan por fugarse hacia la atractiva y peligrosa pureza de los intereses particulares, consiguieron asegurar las transformaciones y ofrecer mejores horizontes de progreso y bienestar.

El peligro de ruptura y fracaso no proviene, sin embargo, de la cultura política que, a lo largo de este medio siglo, y tras aciertos y errores, ha logrado afianzar la fortaleza de la centroizquierda. El riesgo deriva de un comportamiento político más coyuntural y fluctuante, como es el mensaje dirigido a influir en las preferencias electorales de indecisos e ilusos, y que opera en las fronteras de los pactos y coaliciones.

El veto contra Lagos, que es la probable y legítima carta presidencial de socialistas y pepedés, es peor que el veto a Tomic impuesto por Corvalán, con quien en los sesenta, cuando campeaba el equilibrio del terror de la Guerra Fría, no existía ninguna estrategia de colaboración. Hoy la prudencia de los comunistas les aconseja esperar la definición democratacristiana.

Lo mismo ocurre con la amenaza de llevar candidato a primera vuelta, en circunstancias que en solitario la DC no tiene la más mínima chance electoral y, habida cuenta, que es fundadora de una coalición mayoritaria a la que le ha dado cohesión y continuidad. Al respecto, no hay nada más contra-intuitivo, emocional, pasional y, en consecuencia, más alejado de una visión comunitaria de la política. Son cantos de sirena que emulan la reedición del «camino propio», y éste, la vía expresa hacia la fragmentación y el fracaso. Como Odiseo, quienes deseen exponer el sentido a sus melodiosas voces, antes deben taponar los oídos de sus seguidores y atarse al mástil.

Y es que las lecciones no pueden ser más claras. La derrota de la Concertación en la presidencial del 2009-2010 puede explicarse por la displicente actitud de ME-O y del PRO hacia Frei, como, en su reverso, el triunfo de la Nueva Mayoría de 2013 puede ser entendido a la luz de la estabilidad estructural alcanzada por el compromiso de centroizquierda, unida a la resignada aceptación del liderazgo de Bachelet por sectores de centroderecha agrupados en Fuerza Pública, que, en su momento, concurrieron a las primarias con Andrés Velasco y se incorporaron después al Gobierno.

El mérito de los partidos y movimientos que sostienen este compromiso ha consistido en saber ordenar los intereses diversos y, desde esta diversidad, concordar metas y plazos para un programa, una gestión pública y unos apoyos parlamentarios.

Si dichas fuerzas no aplicaran este filtro, quedarían a merced de los escapismos sociologistas e ideologistas recusados por Clodomiro Almeyda en los años setenta, cuyos resabios cobran actualidad en las profecías de «el derrumbe del modelo» y «la desaparición de las élites». No hacen sino condenar el diálogo democrático a la impotencia práctica, el verbalismo y el bizantinismo teorizante.

Más tarde, en los ochenta, Norbert Lechner enseñará que hacer política es estructurar el tiempo, una advertencia levantada frente a las evasiones idealistas y realistas que, hoy por hoy, alimentan sendas políticas de la «retroexcavadora» y de los «matices».

Este año las cosas volverán a su curso normal. Carolina Goic, como Tomic, fiel personificación del aporte enriquecedor hecho por la inmigración croata a Chile, ha reafirmado su legado y ha prometido proyectarlo más allá del Bicentenario de la Independencia Nacional.

Lo hace en una ocasión muy significativa. Este 3 de enero se conmemoran 25 años de la partida del fundador, y el compromiso con una alianza de centroizquierda que garantice un gobierno de mayorías, es el mejor homenaje que podría brindarle la presidenta del Partido Demócrata Cristiano.

De Tomic a Goic

Marco Antonio Rocca: Radomiro Tomic, Recuerdo y Homenaje

Sociologismo e ideologismo en la teoría revolucionaria

El realismo político, una cuestión de tiempo