EL CASO RINCÓN

27 julio, 2017

Nos parece normal, tolerable, incluso digno de alabanza, que un tribunal moral —como en el que parece erigirse la Comisión de Ética de la Democracia Cristiana—, publique en dos tercios de página de El Mercurio la opinión que le merece la conducta del militante Ricardo Rincón.

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Camino al Calvario, Pieter Brueghel, 1564, National Gallery de Ottawa, Canadá.

Camino al Calvario es una pintura del holandés Pieter Brueghel que relata la pasión de Jesucristo situada en el Flandes de 1564 durante la ocupación del imperio español. En 2011, bajo la dirección del polaco Lech Majewski, la obra fue llevada al cine con el título El Molino y la Cruz, donde se hace explícita y comprensible la irracional represión de la Inquisición contra la reforma protestante: los hombres eran azotados y crucificados, y las mujeres enterradas vivas.

Todavía podemos estremecernos ante el horror, porque creemos estar lejos de aquellos tiempos de violencia contra el hereje. Pero en esa época, como lo revela el film, la barbarie estaba naturalizada por la dominación imperial, como hoy se naturaliza el desdén hacia el derecho y las instituciones en la vida partidaria de la Democracia Cristiana, por el contexto de crisis que ésta atraviesa.

Nos parece normal, tolerable, incluso digno de alabanza, que un tribunal moral —como en el que parece erigirse la Comisión de Ética de la Democracia Cristiana—, publique en dos tercios de página de El Mercurio la opinión que le merece la conducta del militante Ricardo Rincón. Nos parece normal que desde el comando de la candidata presidencial se filtre un ultimátum según el cual si la Junta Nacional no lo excluye de la nómina de postulantes al Congreso, como sería el deseo de la candidata, ésta podría declinar su propia opción. Y nos parece también normal que el responsable de contenidos del comando nos advierta que Rincón será un lastre para las campañas presidencial y parlamentaria.

Pero no es normal. La Comisión de Ética es una entidad de consulta, no vinculante, no imperativa, y que, por consiguiente, jamás podría entrar en conflicto de competencias con las entidades formales encargadas de administrar justicia en la Democracia Cristiana, simplemente, porque no está a su nivel y rango. El órgano institucional que tiene por funcióm pronunciarse sobre el comportamiento de los militantes y de garantizar justicia es, según los Estatutos y la Ley de Partidos Políticos, el Tribunal Supremo. Y éste, guste a quien guste y pese a quien pese, dictó explícitamente sentencia sobre el caso. En consecuencia, su fallo debe ser acatado por todas las instancias del partido, desde el órgano colegiado, que es su Junta Nacional, hasta el órgano ejecutivo, que es su mesa directiva. No hacerlo significaría la transgresión de un derecho que es justiciable ante los tribunales nacionales e internacionales.

En contraste con la absolución del Tribunal Supremo, lo que ha hecho la Comisión de Ética al publicar la opinión que se formó sobre el militante, es un agravio humillante que entraña desprecio por la dignidad de la persona. Un ente que incurre en tales desbordes y que, además, delibera política y discrecionalmente sobre la contingencia partidaria, no debiera existir en una colectividad institucionalizada como la que aspira a ser la Democracia Cristiana. Pero, a mayor abundamiento, ¿quién juzga la ética de la Comisión de Ética? A estas alturas de nuestra evolución republicana y democrática, lo que se precisa no es una comisión de ética, sino un partido ético.

Tampoco es normal que con el expediente de que la máxima intancia de decisión de la colectividad está facultada para sancionar la nómina de candidatos, se quiera anular la decisión de la Junta Regional de O´Higgins, cuya jerarquía y competencia está claramente establecida en los Estatutos, y cuyo valor moral no puede ser tenido como inferior al que emana de las deliberaciones de la Junta Nacional. Por eso, quien en el órgano colegiado quiera vetar el nombre del diputado Rincón, tendrá que dar razones, y éstas no podrán ser las que se le imputaron en las instancias de justicia del partido y, menos aún, las que condicionan la continuidad de la candidatura presidencial a la declinación de la re-postulación del diputado.

Por último, no es normal que un comando de campaña, del cual se espera sea representación de toda la militancia, exija a través de uno de sus voceros marginar al parlamentario. Si se admite hoy este tipo de agresiones contra un diputado del partido, amparados sólo en la autoridad política que otorga la vocería circunstancial de un comando, entonces mañana el más sencillo y desempoderado de los militantes podría ser víctima del abuso y la arbitrariedad. Pero quizá en aquel momento entenderemos el sentido de la fatal escalada que tan sabiamente describiera en su sermón el pastor alemán Martin Niemöller:

«Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista.

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata.

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista.

Cuando vinieron a buscar a los judíos, no protesté, porque yo no era judío.

Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar».

Cuando hicieron eso a Rincón, guardé silencio, porque yo no era diputado ni pertenecía a su círculo…

Rincón ante la Junta Nacional

Rincón: la Junta Nacional que resolvió eso está totalmente viciada.

Opinión de la Comisión de Etica del PDC

Rincón sería un lastre

Rincón no está inhabilitado jurídicamente

Rechazo a postulación de Rincón

El siglo que vamos dejando atrás

 

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NO SOMOS IGUALES

26 mayo, 2015

no somos iguales

Si ya resulta desembozado que un ex ministro del Interior diluya las responsabilidades políticas al confesar que todos sabíamos que las cosas se hacían de manera irregular, llega a ser insolente que dos flamantes presidentes de partidos digan que todos hemos infringido la ley, y que, como si no existiera el principio de coherencia, simultáneamente imputen al ex director del SII haber incurrido en generalizaciones del mismo tenor. No existe nada más general que este «todos» ni es menor la complicidad que sugiere este «nosotros».

Definitivamente no somos todos iguales. No lo somos ni en la comisión de los ilícitos ni en el juicio que nos hacemos sobre ellos. Unos son más responsables que otros. Desde luego, siempre serán más responsables los que tienen más poder: un grupo económico más que un partido, una mesa directiva más que un militante, un alcalde más que un concejal, un parlamentario más que un elector. No admitir estas diferencias nos aleja de un diagnóstico común y retarda la eficaz solución del problema.

Es censurable que dirigentes y personeros de partidos hayan cedido al poder del dinero mal habido. Es reprobable que tales recursos hayan sido recibidos y empleados para derrotar a adversarios políticos internos y externos, vulnerando con ello el principio de competencia justa en que se funda la convivencia partidaria. Es reprochable que se declare que el acto inicuo es una práctica regular, conocida y practicada por todos, porque con ello se hace indebidamente cómplices de la venalidad a gente inocente y honesta que sólo ha sabido servir ideales. Es condenable que dentro de una colectividad política, burlando las jerarquías de los órganos legítimos de deliberación, se monten complejas máquinas de lavado de activos para beneficio de pequeños grupos, porque ello atenta contra los procedimientos estatuidos.

Es falso que estos vicios puedan ser justificados éticamente por pretender el éxito de un candidato, de un sector o partido. Como es falso que quienes vivan de las primas que les reportan estos ilícitos puedan justificarse en la moral del trabajo realizado. Nadie debería creer que actuando así conquistará la ventaja moral de sentirse con la conciencia tranquila.

No somos iguales


ESPIRITU CALVINISTA Y CAMPAÑAS POLITICAS

28 abril, 2015
Juan Calvino

Juan Calvino, 1509—1564, teólogo y reformador protestante.

 

El pastor protestante Juan Wherli ha dicho de Patricio Contesse, ex gerente de Soquimich comprometido en aportes ilegales a campañas políticas, que «él es hijo del rigor, del esfuerzo, de este estilo y manera de ser calvinista».

¿Qué quiso decir Wherli con esto del estilo y manera de ser calvinista?

En su clásica obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo el sociólogo alemán Max Weber afirma que el etos que da origen al nuevo modo de producción habría sido, por una parte, el ascetismo, práctica caracterizada por la honestidad, la prolijidad y el trabajo hecho con profesión —entendida ésta como creencia en una misión impuesta por Dios— y, por otra, la racionalización del obrar en la vida, que en la actividad económica se expresa como cálculo del capital y organización del trabajo.

La predestinación de los seres humanos a ocupar un lugar en el mundo según los designios divinos, y de realizar obras que comprueben la fe y acrecienten la gloria de Dios, habrían sido igualmente los principios éticos cruciales difundidos por Calvino en los albores del nuevo régimen. Luego, si el calvinismo puede ser considerado como la causa de todas las luchas religiosas y culturales de los países capitalistas, los presbiterianos deben ser vistos como la clave de bóveda de la reforma protestante.

Weber, que en 1905 comprobaba con resignación cómo estos valores se habían perdido en el tiempo, tal vez para siempre, anticipó sin embargo el proceso de racionalización del capitalismo y lo que hoy se conoce como neoliberalismo global, anunciando también su fatal desenlace: aquel que no asciende, desciende. Donde la garantía del ascenso y su coronación, más allá del lucro y la acumulación, es el control de todo el trabajo asociado, o sea, el poder político.

Aquí las finanzas y los negocios se viven a distancia. Las transacciones hechas en Santiago repercuten en Nueva York y Hong Kong, y las violaciones a los límites impuestos por los Estados y las democracias políticas, ahora convertidas en malas prácticas universales, movilizan mano a mano a la justicia de Buenos Aires, como a las de Washington y Paris.

La secularización de la vida social y económica ha podido penetrar a tal punto el quehacer de los partidos, sobre todo en aquellos de inspiración cristiana, que resulta una ironía la vacía aseveración de que nuestros valores y principios están más vigentes que nunca. Porque, así como el empresario burgués acabó apropiándose de los dogmas calvinistas, no sólo para justificar el afán de lucro, sino para convertirlo en norma, así mismo las advenedizas ideas de los actuales nuevos ricos buscan moralizar la cooptación de la política por los intereses privados, e incluso reconocerle el estado de gracia.

La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Max Weber

Por qué Contesse se convirtió en el “puente” entre SQM y la política

Los secretos tras los silencios de Contesse

 


PODER DE VETO

22 julio, 2014
Dictadura o democracia, manifiesto de la Dermocracia Cristiana italiana de 1948.

Dictadura o democracia, manifiesto de la Dermocracia Cristiana italiana de 1948.

 

Cuando la Falange Nacional enfrentó un trance semejante, entonces fundó el Partido Demócrata Cristiano.

El problema del oficialismo no es la tentación de algunos de querer imponer criterios dentro de la Nueva Mayoría, sino precisamente lo contrario, es la falta de hegemonía política y programática, pese a que sus siete partidos con asiento en el Parlamento y la Presidenta Michelle Bachelet, conquistaron un respaldo electoral sin precedentes.

La pérdida de hegemonía

Es desde luego sintomático de la actual crisis de representación de nuestra democracia, que el salto de conciencia experimentado por el país el año 2011, y que logró imponer en la cultura política nacional el valor de la educación como un derecho superior a un puro bien de mercado, no tenga un liderazgo colectivo claro. Esto, habida cuenta que en los años noventa fue la Democracia Cristiana quien manejó el timón de la llamada política de los consensos, la misma que perfiló la estrategia de la ruptura con la dictadura y trazó el curso a seguir por los gobiernos de los presidentes Aylwin y Frei.

Por entonces la DC fue capaz de construir una hegemonía transversal a los partidos de la coalición y que, con el correr de los años, daría origen a una de las dos almas de la Concertación: la de los autocomplacientes. Así como durante la pasada década fue el eje DC-PS quien llevó a cabo el cierre de la transición democrática al darles sustentabilidad y cohesión a los gobiernos de los presidentes Lagos y Bachelet. La nueva hegemonía sellada en la ciudad de Concepción por los timoneles de los partidos democratacristiano y socialista, Soledad Alvear y Camilo Escalona, permitió concluir la administración de la presidenta Bachelet, ordenar la segunda postulación a La Moneda del ex presidente Frei y, al calor de las jornadas de movilización y protesta social del año 2011, elaborar la crisis terminal del conglomerado.

Pero la Nueva Mayoría no tiene un motor de partida, una fuerza propulsora que active las sinergias de todas sus colectividades. A falta de esta hegemonía, invariablemente acaba primando en ella un fatal equilibrio de vetos, de impedimentos y dificultades, que amenaza con neutralizar y dejar sin efecto su voluntad de cambios.

Pero no sólo no existe una fuerza principal, sino que no se puede ni se quiere una conducción nítida y estable. En reiteradas ocasiones se ha dicho que la Nueva Mayoría no es una coalición, sino un acuerdo, de ahí que el mejor reflejo de su transitoriedad estaría dado por su huidiza vocería. Se ha insistido asimismo que el programa de gobierno es común a todos, pero sólo hasta el momento en que hacen su aparición los matices y los instrumentos. Luego, como todo es susceptible de debate, el programa sólo puede ser común a todos en la medida que consigue sortear los reparos de todos. Por cierto, las observaciones más relevantes son las que se expresan en la Cámara de Diputados y en el Senado, como corresponde hacerlo en las democracias de las instituciones. Sin embargo, tampoco es en las instituciones representativas donde se enmiendan los más importantes puntos del programa, sino fuera de ellas, en las esferas privadas, y no con todos los partidos, sino sólo con algunos. A estas alturas del proceso ha quedado oscurecida la legitimidad de origen de dicho programa, es decir, aquel 62 por ciento de apoyo con que el soberano y constituyente refrendó a Bachelet en las urnas.

El repliegue de la Democracia Cristiana

No es pues por exceso de hegemonía, sino por carencia de ella, que escasean la lealtad, la disciplina y el respeto hacia los aliados en el seno de la Nueva Mayoría. Y, quiérase o no, el hecho crucial que marca la diferencia en el actual sistema de coaliciones es la paulatina pérdida de gravitación de la Democracia Cristiana como fuerza articuladora de la política democrática y republicana que tenemos. Hace un cuarto de siglo la DC dominaba la tercera parte del Congreso, lo cual le confería una autoridad indiscutida; hoy, apenas ocupa el 17 por ciento de los asientos parlamentarios y la condición privilegiada de ser primus inter pares, primera entre iguales.

Las causas de la pérdida de influencia y coherencia democratacristianas son estructurales y universales. Tanto en Europa como en América Latina están desapareciendo las clases medias y populares, especialmente los sectores campesinos, que dieron sustento social y electoral a los partidos democratacristianos. La vida rural, otrora fuertemente penetrada por la religiosidad y por la acción social de la Iglesia, ha sido transformada dramáticamente por los efectos combinados de la urbanización, la secularización y la modernización tecnológica, al punto que los campesinos de la Reforma Agraria, los muchachos de la Patria Joven y los profesionales de la Revolución en Libertad, hoy sólo son una memoria, y muchas veces una memoria sin registro histórico.

Atrás, muy atrás, han quedado la Guerra Fría, los fascismos, los totalitarismos y los regímenes de fuerza que en todo el mundo le dieron sentido, viabilidad y vigencia a los programas democratacristianos de emancipación. Y sobre aquel fondo ya brumoso y desdibujado, la iglesia Católica, leal aliada de las luchas de liberación del movimiento popular, hoy pierde fieles y adhesión política, y se queda sin margen para desplegar lo que vendría a ser el uso de un recurso extremo: un nuevo combate moral y cultural.

Ningún democratacristiano sensato pensaría un segundo en alzar las banderas del integrismo católico contra Bachelet —como lo hizo al modo de una cruzada refundacional la derecha española contra Rodríguez Zapatero—, para defender de una amenaza inexistente la libertad de enseñanza o el derecho a la vida. Ningún democratacristiano convencido de las profundas injusticias sociales de larga data en el país, exaltaría cual modelo a imitar el centro político, consensual y pragmático de la CDU alemana, que podrá servir para conciliar a católicos y protestantes, pero difícilmente para superar las luchas de clases y de nacionalidades que se libran en Chile. Y ningún democratacristiano que haya visto caer el muro de Berlín y la I República italiana, buscaría perfilar su identidad política por oposición a los comunistas, después de haber llegado a gobernar con los comunistas.

Los democratacristianos saben que el poder de veto nunca ha sido una opción política fructífera ni de largo aliento. Saben que en una tradición de profundas raíces doctrinarias e ideológicas, como la legada por Frei, Leighton, Tomic y Palma, el imperativo moral de la acción política es comprometerse y abrir caminos de diálogo y de colaboración. Y saben que cuando la Falange Nacional se vio enfrentada a un trance semejante, entonces fundó el Partido Demócrata Cristiano.

http://www.labatalla.cl/poder-de-veto-cuando-nadie-quiere-poner-de-su-parte/

http://www.diarioconcepcion.cl/2014/07/22/#2/z

Andrade acusa a la DC  http://impresa.elmercurio.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-07-24&dtB=24-07-2014

Subpactos son una condición para el eje DC-PS

PS: la DC no cumple los acuerdos

Supresión de subpactos favorece alianza DC-RN

El temor de la DC para oponerse a los subpactos

Comisión aprobó acuerdo Gobierno-DC

Los matices del programa de reforma educacional


La Hora De La Sociedad Civil

16 febrero, 2011

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Como los movimientos sísmicos que liberan energías y desplazan bloques de roca hacia nuevas posiciones, asimismo, las convulsiones políticas del verano de 2011, han deslizado a sus actores hacia un nuevo escenario. Uno de los hitos más significativos de esta recomposición de fuerzas es la protesta política y social de Magallanes, movimiento ciudadano que dejó al gobierno virtualmente aislado, y lo obligó, luego de presionar la remoción de su ministro de Energía, a echar pie atrás en su intención de subir el precio del gas. El otro, es el caso de los subsidios de vivienda que durante dos semanas mantuvo al gobierno en la irresolución ante el conflicto y sin capacidad de iniciativa en otras áreas, para, finalmente ―al ratificar a Van Rysselberghe y a su equipo―, exponerlo al riesgo de fractura, parálisis y polarización.
 
Nunca en lo que va corrido del primer año del gobierno de Piñera, la oposición se había mostrado más cohesionada, como ahora, frente a ambos episodios. Ni una sola voz disidente se hizo sentir en la protesta de Magallanes. Ni una discrepancia de forma ni de fondo destiñó la censura al comportamiento de la intendenta. Nadie cedió a la estrategia del aislamiento y de la descalificación que el oficialismo emprendió contra el senador Navarro. Por el contrario, asumiendo su pluralidad de estilos e intereses, la oposición se ha mantenido clara y firme en lo esencial. Pocas veces se vio mayor sintonía entre la actitud de sus líderes y las demandas y expectativas de la población afectada. Y todo ello ha quedado elocuentemente demostrado en el creciente rechazo que registran las encuestas de opinión a la gestión del Presidente y del Ejecutivo.
 
¿Cuál es la clave del éxito de esta nueva oposición? Es la misma que hizo creíble a sus partidos ante el país. La misma que les granjeó capacidad de convocatoria a sus conductores. La misma que ganó la adhesión del mundo social. Es la defensa de valores y derechos que busca restituir el respeto debido a la condición de ciudadanos. Es una política de principios que ofrece horizontes de realización mucho más humanos que las luchas de poder, las carreras personales, y el narcisismo mediático que campean en nuestros días. Y es una actitud de generosidad y de reconocimiento hacia aquellos que sin militar en la oposición, también creen en los preceptos éticos como fundamento del consenso político. En suma, es el restablecimiento del bien común como criterio de excelencia de toda política pública, y como fermento espiritual de una nueva clase de democracia deliberativa. Es la hora de la sociedad civil.
 
La oposición ha logrado fijar un contraste absoluto entre la barbarización y la decadencia políticas que desde la cúspide del Estado empiezan a vulnerar las instituciones, y un comportamiento político respetuoso de las normas, el derecho y la dignidad de la gente. De este reposicionamiento depende el éxito futuro de sus fuerzas políticas y el avance del país, sobre todo de los chilenos más pobres y desprotegidos, hacia un régimen de justicia, de libertad y de garantías ciudadanas, donde la cuestión de fondo sigue siendo un asunto moral.

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Una vocería militante
Los argumentos que dan sustento a la acusación
Gobernando en solitario la región
UDI: no a los “territoriales”
PRI o una veleta en la cúpula del poder
Sabag: existe mérito
Más allá de la reconstrucción, para la UDI Van Rysselberghe fue un objetivo electoral
El consenso va desde la UDI al PC
La más alta racionalidad política es ética
Sauerbauam: si la acusación tiene mérito, no nos podemos negar
Las presiones de Piñera y la dignidad de Frank Sauerbauam
Desautorizar al adversario: conocido instrumento de propaganda política
Persistencia del estándar moral del régimen autoritario
Sólo una prórroga del desenlace
¡Qué futuro!
El análisis de El Mercurio justificando la actuación del viejo partido del régimen militar
El mérito de la acusación constitucional
Gobierno muestra avances que no son reales
La profunda grieta entre RN y la UDI en Biobío
La postura ética de los jóvenes de Renovación Nacional
La generación política del mañana
Sesión especial del Senado
¿Cuál es el fundamento moral de la futura unidad de la UDI y RN?
Inconsistencia: el Gobierno no ha faltado a la ética, pero pronostica un alto costo
Novoa quiere causar daño a RN, a Piñera y al Gobierno
Como Tarud, cada parlamentario  debe valorar el mérito de la acusación constitucional
Como Eluchans, cada parlamentario debe valorar el mérito de la acusación constitucional
La línea de fractura entre Renovación Nacional y la UDI
Piñera cree que quienes censuran la mentira no están interesados en la reconstrucción
Piñera: la continuidad de Van Rysselberghe es lo mejor para Chile
Piñera: quienes censuran la conducta de Van Rysselberghe son una minoría de chilenos
El malestar de Dichato
El dedo en la llaga
¿Y en qué se ha distinguido del resto la crítica de Desbordes?
Piñera teme a la gente
El consejo del ministro que debió haber dimitido tras la muerte de 81 internos
La acusación debe ser un manifiesto político-institucional
Renovación Nacional debe ser vista como un aliado para una política decente
La funesta voz del Ejecutivo
La acusación constitucional es un imperativo ético
Lota se moviliza
Concepción protesta
Renovación Nacional se margina de política regional
Las redes sociales
La moralidad de la política
David Sassoli, discurso en la comuna de Palestrina, Roma, el 25 de mayo de 2009.
 
“Tenemos un gobierno que está haciendo de todo: «Aquí quien la hace, la hace, y quien se queda atrás, se quedó atrás». Nosotros esto no lo podemos permitir. Esta crisis es grave, es seria, y el Gobierno hace que dice la verdad. Nosotros, diciendo la verdad, nos hemos ido también a casa. Nosotros, el gobierno de centro-izquierda, el último, que ha durado así tan poco.
 
“La verdad los italianos la han dicho. No somos la misma cosa. A los periodistas, a los intelectuales, a los filósofos que dicen que somos iguales, nosotros podemos demostrarles otra vez que no somos iguales, porque decir la verdad al país es una cuestión moral de la política”.

La Huelga de Hambre

29 agosto, 2010
Impreso
 
Para la opinión pública el hecho pasó inadvertido durante 40 días. La televisión había optado por centrar su atención en el drama de la mina San José, hasta que, reconvenida por sus silencios, resolvió darle espacio en los noticiarios. Fue cuando informó que desde el 12 de julio 32 presos mapuches se encontraban en huelga de hambre en las cárceles de Concepción, Angol, Valdivia y Lebu. El de los comuneros mapuches no sólo parecía un reclamo fácil de entender, sino que fijaba con precisión las condiciones de una negociación, que no era judicial ni carcelaria, sino eminentemente política. Los comuneros rehusaban ser juzgados por la ley antiterrorista y por la justicia militar, por lo que dejaban a las autoridades ante la única opción de desistirse de las querellas y de efectuar una nueva formalización.
 
Con esta convicción, y aunque algunos ya empezaban a mostrar las primeras secuelas de la privación de alimentos como pérdida de peso, desmayos, calambres, dolores de cabeza y trastornos del sueño, aseguraron que iban a persistir en su propósito hasta la fiesta del Bicentenario. Lo que podrían hacer, como lo demostró hace tres años Patricia Troncoso. Recordemos que la activista logró sobrevivir después de 110 días de ayuno, cuando en el límite de la inanición y contra su voluntad le fue inyectada alimentación intravenosa.
 
La huelga de hambre consiste en abstenerse de ingerir alimentos con el fin de presionar a los poderes públicos. Es un medio legítimo y eficaz de no violencia activa, regulado incluso por las convenciones internacionales. La practicó el pacifista Mahatma Gandhi para exhortar a la unidad de las distintas facciones que luchaban por la descolonización de la India. La empleó el filósofo francés Emmanuel Mounier contra el régimen colaboracionista de Vichy. Y en 1981, el militante del IRA Bobby Sands perdió la vida en una de ellas exigiendo garantías carcelarias. En Chile la usaron las organizaciones de derechos humanos bajo la dictadura de Pinochet, siendo una de las primeras la protagonizada por un grupo de jóvenes democratacristianos que reclamaban el término del exilio impuesto al jurista Jaime Castillo. Pero quizá el caso más emblemático, por tratarse del último recurso al alcance de un preso político, sea el de Orlando Zapata, disidente cubano que murió en la cárcel tras 85 días de abstinencia.
 
La huelga de hambre, por ser un acto voluntario, pertenece al dominio íntimo de la persona, que, no por libre y personal, ha de ser confundido con un acto suicida, puesto que los ayunantes no desean morir, sino sólo conseguir su objetivo: un juicio justo. Esta motivación transforma la acción en un asunto colectivo o, más precisamente, en una cuestión política.
 
La huelga busca movilizar al gobierno, a la justicia y al Parlamento, pero busca hacerlo a través de una interpelación moral a la opinión pública que, ante el umbral de la muerte, se ve exigida a solidarizar con los afectados. ¿Cuándo aparece este umbral? ¿Cuándo se torna verosímil la crisis? El umbral crítico está dado por la negativa de los mapuches a recibir alimentación y por el eventual uso de la fuerza de Gendarmería para vencer dicha resistencia. La Convención de Malta sobre Personas en Huelga de Hambre considera un trato inhumano y degradante la alimentación forzada, la alimentación con amenazas, presión, fuerza o uso de restricción física, o cuyo fin sea intimidar o presionar a otras personas en huelgas de hambre para que depongan su actitud.

Los Mineros En La Sociedad Del Riesgo

15 agosto, 2010

Impreso

Nadie parece haber ignorado la amenaza que se cernía sobre la mina San José, donde quedaron atrapados 33 mineros.
 
Lo sabían ellos mismos, como lo confirman numerosos relatos de parientes y amigos.
 
Lo sabían sus familiares, cuyos testimonios revelan la renuencia de padres, esposas e hijos a que los trabajadores siguieran bajando a las faenas. Y lo sabía el Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin).
 
Ha sido un ex ejecutivo del instituto público encargado de fiscalizar las condiciones de seguridad minera el que ha dado la clave de lo sucedido.
 
El profesional ha dicho que cuando hay explosión de roca, las cosas se salen de control. Entonces no queda más alternativa que clausurar las actividades extractivas.
 
El caso es que hace tres años hubo explosión de roca pero, como todo siguió igual, todos también afianzaron sus sospechas.
 
Pero ¿por qué la mina continuó operando y los trabajadores siguieron haciendo su trabajo? ¿Qué explica esta actitud temeraria frente al riesgo llevada al extremo de perder incluso el control del mismo? ¿Cuál es el cálculo de costo y beneficio que hicieron sus principales protagonistas?
 
Es probable que para el empresario, consciente de que la generación de riqueza ha estado siempre ligada al aumento de riesgos de todo tipo, la maximización de las utilidades haya sido un incentivo aun más poderoso que las incertidumbres del día a día.
 
Es posible que para el trabajador la maximización de los ingresos familiares haya justificado el riesgo previsible, aunque incierto, de quedar atrapado a cientos de metros de profundidad.
 
En el contexto general de la economía, esto convierte el problema de la mina San José en un asunto de justicia, pues, mientras una parte de la sociedad se beneficia de una parte de la riqueza generada, los riesgos asociados a la producción de riqueza los padecen, en calidad de daños al medio ambiente y a la seguridad de las personas, todas las clases sociales, si bien aquí los más expuestos y vulnerables son los mineros.
 
Luego, las motivaciones de empresarios y trabajadores no han de ser muy distintas de aquellas que un siglo atrás signaron la vida de los enclaves salitreros.
 
Tampoco las formas de organización del trabajo han de fijar diferencias abismales con aquéllas que marcaron la explotación del salitre en los albores del movimiento obrero.
 
Se trata de formaciones sociales premodernas que coexisten paradójicamente con la llamada sociedad del riesgo descrita por el alemán Ulrich Beck; esa sociedad posmoderna siempre volcada hacia el futuro, que busca prever el inevitable azar y controlar las incertidumbres que éste plantea.
 
Porque, en lo esencial, la empresa sigue siendo una unidad productiva donde el capital, el cálculo económico, el mercado y la técnica procuran su propio crecimiento, subordinando así el verdadero fin de su quehacer que consiste en construir comunidades de personas con un sentido compartido de lo que están haciendo.
 
La empresa chilena está lejos de motivar, ligar y movilizar las energías de trabajadores, consumidores, emprendedores y ciudadanos, en función de diseños compartidos de control de riesgos, hoy por hoy, cada vez más globalizados.
 
Y es claro que en el mundo reflexivo que vivimos, la empresa no puede seguir siendo el sistema pensado para maximizar la pura eficiencia técnica, cuando el desafío es movilizar la inteligencia, imaginar proyectos, asumir riesgos y elaborar regulaciones en diálogo permanente con las personas y comunidades.

 

La responsabilidad empresarial en los accidentes del trabajo