LA PERSISTENCIA DE LA MEMORIA

La persistencia de la memoria

La persistencia de la memoria, Salvador Dalí, 1931, Museo de Nueva York.

 

Una letanía, un relato monocorde que repica sin cesar en el imaginario social de la Democracia Cristiana, es la remembranza nostálgica que nos ofrece la prensa dominante como noticia, pero que hace ya muchos años ha dejado de ser novedad para pasar a ocupar un lugar destacado en la historia de la propaganda política o, dicho en el lenguaje al uso, en las crónicas de la posverdad.

Porque no es novedad el virtual acercamiento de la falange a la derecha en la figura de un pacto social que, sabemos, se viene ensayando sin sustancia teórica desde los tiempos de la fallida candidatura presidencial de Soledad Alvear.

No es novedad que el correlato político de este pacto social sea una coalición de gobierno que va desde «el laguismo» hasta Evópoli y que, para realizarse, supone el quiebre de la DC —¿otro más?—, de los partidos de izquierda y de los partidos de derecha, de donde saldrían los jirones que concurrirían al nuevo conglomerado.

No es novedad que un pacto social y político de estas características dejaría en manos de la derecha todas las gobernaciones regionales que se eligen en 2020, a excepción, claro, de aquellas que ésta perdería por el natural desplazamiento del electorado DC hacia la izquierda.

Y no es novedad la ausencia de progresistas en las operaciones que se citan como referentes exitosos de los acercamientos a la derecha. Que no lo son. Porque, por ejemplo, el proyecto de Aula Democrática, que aprobó la Cámara de Diputados y que se menciona como una derrota de la progresista Yasna Provoste, ya había sido reformado sustancialmente en el Senado gracias, precisamente, al desempeño preboste de la legisladora.

Otro ejemplo al canto: se omite que solo dos de los catorce diputados de la bancada DC, Calisto y Sabag —a los que en la última votación por la interpelación al ministro Chadwick, se les sumó Silber—, se apartan regularmente de la línea política de centroizquierda acordada por la tienda.

El problema de la Democracia Cristiana, sin embargo, no es lo que dicen las páginas de la prensa oficial, algo que por lo demás es controvertido en la práctica, y pragmáticamente, por cientos de acciones de convergencia entre la colectividad y las formaciones de centroizquierda.

El drama de la Democracia Cristiana es que, al igual que en «La persistencia de la memoria», pintura surrealista de Salvador Dalí de 1931, la realidad transcurre en el inconsciente de una elite derrotada y fatigada, bajo un estado de sueño profundo. Donde el tiempo que marcan los relojes no es el tiempo real, sino el del mundo de Alicia.

 

Las reservadas gestiones

Hacia una coalición con Evópoli

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