LA FATAL PROFECÍA DEL CAMINO PROPIO

27 octubre, 2016

camino

« ¿Qué ocurrió realmente con el camino propio inaugurado por el PRI? El PRI se incorporó al gobierno de Sebastián Piñera y, luego, al pacto de la derecha donde, como era de esperar, sus partidos fuertes, Renovación Nacional y la UDI, lo consumieron hasta convertirlo en una presencia virtual.»

La fatal profecía del camino propio

En la década pasada el Partido Regionalista de los Independientes, PRI, era —al igual que Chile Primero y el Ecologista— una fuerza política en formación a la que se le auguraba un promisorio porvenir. El PRI fue el instrumento que un sector de la Democracia Cristiana liderado por Adolfo Zaldívar empleó para emprender la marcha hacia el camino propio.

La sola fundación del PRI constituyó un fuerte golpe para la DC, y así se reveló en las elecciones municipales de 2008. Aquel año la falange perdió alrededor de 400 mil votos que nunca más volvieron a sus arcas electorales. Entonces el PRI capturó unos 225 mil sufragios correspondientes al 3,7 por ciento de los emitidos, pero cuatro años después, duplicó esta votación y consiguió elegir 135 concejales. Todo un sueño. Superó a los partidos Comunista y Radical. Sin embargo, el domingo pasado se convirtió en la colectividad más castigada por la ciudadanía al perder unos 300 mil electores, bajar al 2,4 por ciento y elegir no más de 42 concejales.

¿Qué ocurrió realmente con el camino propio inaugurado por el PRI? El PRI se incorporó al gobierno de Sebastián Piñera y, luego, al pacto de la derecha donde, como era de esperar, sus partidos fuertes, Renovación Nacional y la UDI, lo consumieron hasta convertirlo en una presencia virtual.

Este es el camino que, tras una persistente, prolongada y descarnada crítica al Gobierno y al programa, ofrece al partido el grupo «Progresismo con Progreso»: abandonar la Nueva Mayoría y competir en noviembre de 2017 con un candidato, una lista parlamentaria, y una lista de consejeros y de gobernadores regionales. Esto significa ir solos, aguantar solos y perecer solos por la identidad partidaria, siempre entendida como el freno perentorio a las transformaciones del modelo y del régimen político heredados de la dictadura.

Curiosamente, los progresistas con progreso no ignoran el fatal desenlace de su oferta política y estratégica. Algunos fueron exitosos organizadores de las Nuevas Generaciones que vendrían a corregir el modelo y a refundar el partido. Otros alzaron las banderas de una cruzada destinada a erradicar a los díscolos sin miramientos. ¡Váyanse, váyanse, váyanse! Es el eco que aún retumba en los pasillos de Alameda 1460 cada vez que se apela a sanciones disciplinarias para restablecer la unidad y el orden de la colectividad.

Un mérito tiene la reedición del PRI que postula el PP, y es que muestra sin ambages ni medias tintas a dónde quiere conducir al partido. Esto obliga a todos los sectores y sensibilidades internas a fijar sus posiciones con claridad y, a la Democracia Cristiana, a plebiscitar las dos vías que tiene ante sí.

Anuncios

LOS FANTASMAS DE LA MEMORIA

25 octubre, 2016

votacion-dc

«Los fantasmas de la memoria son las vivencias que vamos acumulando en el transcurso del tiempo transformando en recuerdos imperecederos las efímeras felicidades cotidianas. Pero en no pocas ocasiones, surgen zonas oscuras en nuestro inconsciente que no podemos atravesar con la valentía necesaria para combatir situaciones traumáticas que anclan nuestro espíritu en angustiosos interrogantes de dificultosa resolución.»

Lilián Peña Torre

Los fantasmas de la memoria

Las elecciones municipales del pasado domingo tienen un enorme significado político y estratégico para el país, para el Gobierno y para los partidos políticos. Por primera vez en los últimos tres años, los ciudadanos han hecho un balance real del desempeño de sus representantes. Y los datos han resultado elocuentes: la abstención ha aumentado, revelando la desafección de la ciudadanía hacia el sistema político; la Nueva Mayoría ha perdido parte del apoyo que la llevó al gobierno; y la Democracia Cristiana ha descendido desde su creación en 1957 a su más bajo nivel de respaldo.

Los escándalos por el financiamiento irregular de la política y las insuficientes iniciativas correctoras emprendidas por los partidos, han derivado en una participación electoral apenas cercana a la tercera parte de los inscritos en el padrón. La pérdida de cohesión y de unidad interna de los partidos oficialistas, así como las permanentes fricciones entre éstos —que contrastan con la capacidad y velocidad de articulación exhibida por la derecha—, han generado una significativa dispersión de esfuerzos y la consecuente derrota del conglomerado en comunas que jamás debieron haberse abandonado.

La caída sufrida por la Democracia Cristiana, más que desapego hacia las tradiciones republicanas heredadas de Frei, Tomic, Leighton y Palma, sus fundadores, pone al desnudo las falencias de liderazgo, de conducción estratégica y de idoneidad técnica mostradas por sucesivas mesas políticas, que el emergente rostro de Carolina Goic, dado su escaso tiempo al mando, no ha conseguido reparar, si bien ha logrado moderar sus efectos.

En los últimos cuatro años, unos 225 mil ciudadanos le quitaron su apoyo a la Democracia Cristiana, al pasar de 804.622 sufragios para concejales en 2012, a 580.347 en 2016. Aunque ya el año 2012 la tienda había dejado escurrirse 50 mil votos. Esto sin contar que en la elección de consejeros regionales de 2013, migraron otros 85 mil adherentes. Sólo la alta abstención registrada este domingo ha podido librar al otrora único y fuerte partido de gobierno de quedar reducido a un dígito. Es lamentable lo que aflige al que fuera principal partido de la transición cuando alzaba sus banderas con el lema «para unir a la gente». Hoy ostenta el 12 por ciento entre sus pares de coalición, que regularmente se han movido en torno a estos porcentajes. Una cifra sin duda desalentadora, sobre todo cuando se medita acerca de las causas, por cierto evitables, que produjeron dicho resultado.

consejeros-2013

Una colectividad que nace a la vida nacional haciendo de la moral pública la teoría y práctica de su acción política, no debió nunca haberse permitido los censurables vínculos personales y orgánicos con poderes económicos, menos aún con negocios contaminados por procedimientos oscuros y por venalidades engendradas bajo el imperio de la dictadura. Esto lo tolera con indulgencia el electorado de derechas, pero lo censuran severamente los votantes de centroizquierda. Así lo reveló con crudeza la derrota de Maipú, que explica la quinta parte de la fuga de votación DC. La fidelidad a esta ética de la acción política, no es ni más ni menos que un deber de la memoria —la que, a su vez, es parte del patrimonio inmaterial del partido— con las víctimas de la larga noche de Chile. Para peor, nada de esto, que es lo esencial del balance, se toca en sus análisis.

Entre la desmemoria y la irrelevancia acordada, ronda el fantasma de la Junta de Peñaflor. Esa de 1968 que, como evocan algunos, produjo, primero, la ruptura del partido con el gobierno de Eduardo Frei Montalva y, después, consigo mismo, cuando se desgajó el Mapu provocando una profusa sangría de jóvenes liderazgos políticos. Como entonces, hoy las discrepancias con el gobierno de la Presidenta Bachelet se visten de programáticas. Como entonces, hoy llevan al quiebre de la coalición y al abandono de las reformas comprometidas en el programa de gobierno.

En ello no hay matices. No existe diferencia entre las elites que practican políticas de salón y se muestran furibundas opositoras de las transformaciones emprendidas, y las minorías que, desechando una primaria de la coalición, proponen la aventura de levantar un candidato y de sostenerlo hasta la elección presidencial misma. Al igual que otros, que hace medio siglo promovieron la lucha armada y hoy se exhiben como exitosos financistas, están dispuestas a sacrificar la estabilidad y progreso que ofrece un gobierno de mayoría, y a renunciar a algo aún más práctico y más egoísta, como es la posibilidad de incrementar la cuota de senadores, diputados, gobernadores y consejeros regionales el año 2017. Para ellas la derrota anunciada es el costo esperable de una lucha ideológica que se justifica por la defensa de una identidad partidaria que nadie acierta entender.

En su revés, probablemente las bases populares de la falange, unas audiencias silenciosas sin acceso a los poderosos controladores de la prensa y la televisión, persistirán en la idea fundacional de Radomiro Tomic, también florecida en la Junta de Peñaflor; aquella de la unidad política y social del pueblo.

Pero sólo hay dos caminos que se perfilarán nítidos y excluyentes en los próximos eventos internos de la colectividad: la Democracia Cristiana mantiene y vigoriza su alianza con los partidos de la centroizquierda, o constituye con la centroderecha un sucedáneo reminiscente de lo que fue la breve Confederación Democrática.

 

 


EL SUCESOR DE BURGOS

9 junio, 2016

 

MarioFernandez

Mario Fernández, quien sucede a Jorge Burgos en el Ministerio del Interior, es un democratacristiano conservador. Pertenece al antiguo tronco aylwinista de la colectividad, cuya rama más vigorosa es, hoy por hoy, la representada por Soledad Alvear y Gutenberg Martínez.

Fernández, en un contrapunto con Jorge Correa Sutil —que al igual que él integraba en 2008 el Tribunal Constitucional—, votó en contra de la Píldora del Día Después a propósito del recurso de inaplicabilidad del Decreto Supremo N° 48. Tras dejar su cargo de embajador en Austria, asumió la representación diplomática de Chile en Uruguay en reemplazo del comunista Eduardo Contreras.

Por su estilo y trayectoria, y por los apoyos transversales que concita en la Democracia Cristiana, probablemente culminará su desempeño como jefe de la cartera cuando concluya el gobierno, lo que recordará a Pérez Yoma, del mismo sector interno del partido, en el primer mandato de Bachelet. En todo caso, su ingreso al comité político marca la retirada de los príncipes. El año 2002 Fernández apoyó a Jorge Pizarro, que entonces disputaba con Ignacio Walker y Adolfo Zaldívar la conducción partidaria.

Habrá, en consecuencia, un giro en las formas de relacionarse con la Presidenta. Un estilo menos mediático y estridente, y más cuidadoso de las investiduras de cada cual. Habrá, asimismo, una relación más fluida con los aliados, especialmente, con los comunistas, y no porque Fernández sea más proclive que Burgos al entendimiento con ellos, sino porque el nuevo titular cree en la racionalidad de la política y en el valor pragmático de las coaliciones. Así lo demostró cuando estuvo al frente del Ministerio Secretaría General de la Presidencia.

¿Qué se espera de Fernández? Que movilice los recursos y atributos a su haber para ordenar al Gobierno y a la Nueva Mayoría. Sobre todo, que llame al orden a quienes dependen directamente de él. Que dialogue y procese las diferencias reales e importantes, sin gastar ni hacer gastar a otros, energías en conflictos de bajo perfil. Que no incurra en el error de asumir la representación vicaria de determinados intereses grupales, los que, a no dudarlo, querrán ponerle sus propias banderas a la nueva embarcación, sino que mantenga una comunicación directa e ininterrumpida con la directiva de su partido, la Democracia Cristiana y, naturalmente, con las mesas legítimas de los demás partidos.

En fin, que al menos guarde en el armario, hasta mejor hora, las retroexcavadoras, los matices, los realismos y las renuncias, y ponga a todo el mundo a trabajar para salir airosos del veredicto de las urnas.

Fernández, el más bacheletista de todos


EL AJUSTE DE LOS PARTIDOS

25 mayo, 2016

"Il trono vuoto" regia di Roberto Andò

Ni Pepe Auth ni René Saffirio abandonarán al gobierno. Tampoco dejarán la Nueva Mayoría. Ambos son antiguos militantes de centroizquierda. Sus biografías dan cuenta de largas trayectorias y testimonios de lucha. Y, por eso… ¡cuidado! No se les puede atacar envileciendo sus cualidades políticas o las motivaciones que los han llevado a renunciar a sus respectivos partidos, el PPD y la DC.

Auth y Saffirio son la sintomatología de una cultura política fuertemente sacudida por los propios cambios de mentalidad de los chilenos. Es la crisis cíclica del sistema de partidos, que parte por la desconcentración del poder, continúa por la descomposición de los lazos de adhesión, y concluye en una nueva reconcentración del poder.

El actual momento, de fuerte desagregación de identidades colectivas, les permite a Auth y Saffirio permanecer activos como independientes o, más bien, como desafiliados de partidos políticos. Ya otros han probado con éxito dicha fórmula sin provocar con ello trastorno alguno en los equilibrios de poder.

La actual fase de desafección sin costos electorales le permite también a Revolución Democrática —lo mismo que a Izquierda Autónoma, Evopoli o Amplitud— forzar el surgimiento de nuevos pactos electorales. Hasta qué punto «nuevos» en presencia de una conciencia política que aún no acabamos de discernir, es una duda que ni siquiera sus precursores se encuentran en posición de despejar. Y es porque la respuesta no está en las caprichosas encuestas, sino en algo más estructural, como es el tiempo de maduración que necesita una fuerza política para consolidarse. La travesía del desierto es como el camino de Lawrence de Arabia a Áqaba: precisa mucha fe y disciplina.

Pero ni los independientes, ni las nuevas elites dirigentes, tienen el botón de reinicio del sistema. La llave, pese a las fuertes convulsiones morales y políticas que las agitan, sigue instalada en las grandes colectividades. Nadie ve a los viejos partidos reverenciosos y en retirada cediéndoles el virtual vacío de poder a sus ávidos adversarios. Aunque parecen inmutables, están viviendo procesos de readaptación orgánica y de regeneración moral y política. Ello abre espacio a nuevos liderazgos, intereses y aprendizajes, con el benigno agregado que emergen en estructuras y tradiciones probadas por la experiencia.

La procesión va por dentro y, necesariamente, producirá una reconcentración del poder. Será así porque no hay otro modo de restablecer la cohesión corporativa, la unidad de propósitos y la acción común. Probablemente Renovación Nacional recuperará el liderazgo en la derecha, pero no lo hará sin la UDI. Quizá en la Nueva Mayoría se producirán deserciones hacia su izquierda y hacia su derecha, pero los partidos históricos, los de mayor densidad política e ideológica, conseguirán frenar las tendencias disolutorias y, no obstante perder apoyo electoral, lograrán sortear la tormenta. Y así como no se derrumbó el modelo, no se desplomará el sistema político.


SINDROME DE CRONOS

11 abril, 2016

 

Cronos corta las alas a Cupido

Cronos corta las alas a Cupido

Síndrome de Cronos

Miedo a perder el poder es lo que se conoce como Síndrome de Cronos. En la mitología griega Cronos destronó a su padre, Urano, y, después, presa del temor a ser desplazado por sus hijos, como lo anunciaba la profecía, fue devorando a cada uno de ellos.

No bien hubieron concluido los rituales con que la Junta Nacional de la Democracia Cristiana inició una nueva etapa en el partido, se pusieron en actividad múltiples mecanismos de control destinados a rodear y a limitar la facultad de movimiento de la nueva mesa.

Quizá una de las piezas más elocuentes de esta reacción esperada, sea el discurso del ministro Jorge Burgos a la Junta. Ese que nunca fue pronunciado y que, no obstante, fue publicitado una semana después. Nada impedía que el ministro lo leyera ante la asamblea. Aún más, por la defensa que hacía el jefe de gabinete de su agenda propia, de la política de los matices y de sus contrapuntos con los comunistas, no sólo existía amplio espacio y oportunidad para formularlo, sino que, a no dudarlo, el ministro habría contribuido al debate… y, naturalmente, a acaparar las críticas de sus camaradas.

¿Por qué no lo hizo? Porque tras un desenlace que cambió el balance y las proyecciones estratégicas de la colectividad, ya la audiencia no era receptiva a esas ideas.

¿Por qué decidió hacerlo fuera del contexto ofrecido por la máxima instancia de resolución democratacristiana? ¿Qué sentido tiene difundir ahora un planteamiento que no influirá en la decisión que adoptó el partido? ¿Por qué arriesgar así la máxima posición jerárquica que detenta el partido en el Gobierno?

Porque, al igual que la entrevista al senador Ignacio Walker en El Mercurio, el texto busca redibujar la cancha que rayó la Junta Nacional DC, un paso que es visto como la derrota terminal de las tesis que han alimentado las fricciones de los últimos meses.

En su entrevista, Walker procura reinterpretar el voto político aprobado y, lo que no puede parecer menos que simpático, intenta hacer una traducción de las palabras pronunciadas por la presidenta del partido. Algo así como Goic en versión Walker. Pero la  Junta desechó romper con la centroizquierda y rechazó aventurarse en el camino propio, como Walker y otros de su sector han insistido durante este período. Y si una palabra se le ha oído clara a Carolina Goic es que más que hablar de matices desea hablar de cambios. De este modo, el discurso ex post facto de Burgos y la exégesis de Walker, se convierten en los modelos más representativos de cómo dar un giro retórico y seguir diciendo lo que ya fue superado por las circunstancias.

Desde luego, no son puras palabras. Hay también conductas. Se ha anunciado la instalación de una especie de guarnición, integrada por expresidentes de la colectividad. Estos tendrían la tarea de reforzar a la directiva, lo cual puede ser entendido como sumarle fuerzas y dejarla gobernar o, en el extremo, como ir en auxilio de lo que, en apariencia, se ve débil y vulnerable y acabar ocupando su lugar. Hay que decir que aquella imagen de los expresidentes detrás de la nueva mesa, si acaso tuvo un valor iconográfico por reflejar el consenso del 2 de abril, no es en modo alguno determinante de la solución que, finalmente, concordó la máxima instancia de deliberación DC.

La figura de los expresidentes no existe en la institucionalidad partidaria y, por su carácter honorífico, sus opiniones no pueden ser vinculantes con lo que resuelve la directiva. Tampoco el comité programático que se pretende sea dirigido por el exministro de Hacienda Alejandro Foxley, existe en los estatutos, y sus propuestas estratégicas no podrían ir más allá de las que resulten del VI Congreso Nacional de la Democracia Cristiana.

Es el síndrome de Cronos. Fatal, sin embargo, pues el dios del tiempo terminó derrotado por sus hijos.

En un pasaje de su discurso ante la Junta DC, la Presidenta Bachelet apuntó a los próximos desafíos. «Tenemos aún un largo trecho por recorrer para hacer realidad el país que anhelamos —dijo—. Más largo que lo que abarca el actual Gobierno. Ahora es cuando Chile necesita una Nueva Mayoría sólida y una Democracia Cristiana fuerte y dinámica». Fue el momento cuando la audiencia rompió en aplausos mientras el diputado Andrade comentaba a algún escéptico —y aún más perplejo— que, de vez en cuando, sólo de vez en cuando, había que escuchar la voz de las bases.

Goic y los matices

Discurso ex post del ministro Burgos

Entrevista de El Mercurio a Ignacio Walker

Discurso ex ante del vicepresidente de Brasil


SÚBITO DESENLACE DC

4 abril, 2016

Jorge Pizarro

Súbito Desenlace

La capacidad de respuesta a la crisis es el principal síntoma de una colectividad política institucionalizada. Las normas rigen y se imponen, las estructuras orgánicas de deliberación funcionan, y los principales liderazgos, cualquiera sean las distancias que los separen, se muestran proclives a postergar sus disputas para un mejor momento.

La Democracia Cristiana volvió a demostrar en su junta nacional del fin de semana por qué es un partido que ha resistido el paso del tiempo, y por qué se alza como la principal fuerza política de la Nueva Mayoría.

La decisión del senador Jorge Pizarro de renunciar a la presidencia de la DC, no era algo que escapara a la intuición de militantes y dirigentes. Se preveía que tarde o temprano habría de ocurrir, pero era un desenlace sin fecha ni hora de consumación. Dependía de la conjugación de variados factores, uno de los cuales, no el único ni el principal, era la correlación de fuerzas que se consolidara en la asamblea del sábado.

Había quienes aseguraban controlar una mayoría disponible para frenar los intentos de renovación. Y había otros que apostaban al estado de la opinión, que se configura a través de discursos, gestos, aplausos, voces y demostraciones de apoyo o de reproche, imperceptibles para el mejor de los analistas, habituado a trabajar con estadísticas, tendencias y comportamientos públicos. El caso es que ni los más perspicaces y mejor adiestrados en los rituales democratacristianos, pudo anticipar la súbita e indeclinable dimisión del presidente del partido.

Pizarro precipitó la crisis de la Democracia Cristiana, pero al hacerlo, permitió a la colectividad elaborarla, remontarla, construir una salida legítima, oportuna y eficaz en el marco de la organización y de sus estatutos, y respetando las prácticas y tradiciones partidarias.

Más allá de las controversias, propias de una coyuntura incierta y, por ello, desconcertante, la solución consensuada cobró su mayor potencia y eficacia por el hecho de haber tenido lugar en la Junta Nacional, que es la máxima instancia de deliberación del partido. De esta manera, toda la colectividad pudo hacerse partícipe de la alternativa propuesta, y toda quedó comprometida con la nueva gestión así como con las consecuencias buenas y malas que ésta traerá consigo.

No es intrascendente que la militancia falangista se haya puesto detrás de la mesa encabezada por la senadora Carolina Goic en un partido que ha venido haciendo noticia por sus fuertes polémicas públicas. Y no es irrelevante la imagen de sus expresidentes puestos de pie para proteger las espaldas de la flamante directiva. Probablemente, también lo habrían hecho Patricio Aylwin, Renán Fuentealba, Eduardo Frei, Alejandro Foxley y Enrique Krauss, ausentes en esta ocasión.

Se trata de algo más que una señal de orden y continuidad, lo que en sí mismo no es poco decir en un convulso ambiente político nacional que observa a diario el derrumbe de héroes y fortalezas. La Democracia Cristiana zanjó definiciones claves para su proyección política que deben ser aquilatadas con la debida serenidad de juicio.

Es crucial que, en contraste con el negativo balance que algunos le oponen a la proyección de la coalición de gobierno, la DC haya reconocido y reafirmado las transformaciones impulsadas por la Concertación y, ahora, por la Nueva Mayoría. Es igualmente concluyente que, en respuesta a quienes pretenden ceder la nominación presidencial o aspiran a forjar alianzas con sectores de centro derecha, la Junta Nacional haya declarado su voluntad de presentar candidatura presidencial dentro del espacio político de centro izquierda. Y que, desde ya, el partido de la flecha roja haga explícita su decisión de movilizar los recursos técnicos e intelectuales a su haber, para generar propuestas de política pública que iluminen la campaña municipal y se proyecten en el próximo programa presidencial y en la oferta que le hará al país para liderar un nuevo gobierno de centro izquierda.

Pero, por sobre todo, es meritorio que la DC haya resuelto respaldar con firmeza la agenda sobre probidad y transparencia y las instituciones derivadas de ella. Es loable que el partido de Frei Montalva, tan evocado en esta oportunidad, se proponga asumir el liderazgo de las buenas prácticas políticas, y esté dispuesto a que se castigue con pena de cárcel y pérdida del escaño a quienes infrinjan gravemente las normas sobre gasto electoral, y a eliminar de sus plantillas de candidatos a quienes hayan incurrido en faltas a la probidad y a la ética pública.

El problema de las sociedades penetradas por la competencia salvaje intrínseca al neoliberalismo, es un problema moral. La inmoralidad de las injustas, y no menos violentas, estructuras económicas y sociales que genera, y, peor que ésta, la inmoralidad de las estructuras políticas e institucionales que, incapaces de defenderse de la erosión corruptora y opresiva del robo legal, impiden el progreso de estas sociedades hacia su mayor bienestar y prosperidad. Por eso, que haya partidos de inspiración humanista, como la DC, capaces de reaccionar y de restablecer los valores y principios éticos que dignifican a las personas y comunidades, es un capital político que debería ser apreciado, sin mezquindades, como una riqueza de todo el país.

Súbito Desenlace DC


VACIO DE LA SUBPOLITICA

8 febrero, 2016

Hu Ming

La subpolítica es una forma de democracia directa no colectiva que a menudo emplea las redes sociales y es practicada fuera de los cauces institucionales para abrir y ensanchar brechas entre el gobierno y la ciudadanía. Su razón de ser es la crítica al poder. De ahí su invectiva contra el Partido Comunista a quien imputa haber saltado desde la calle a la arena política para acomodarse al establishment.

Censura su abandono de la tradición forjada a lo largo de una centuria, su baja densidad ideológica, escasa solvencia intelectual y académica, moderación de la lucha política y propensión a las transacciones, distorsión de la representación popular, ineptitud para liderar e inclinar la correlación de fuerzas a favor de la genuina transformación social, fingida convocatoria a cambiarlo todo para dejarlo todo igual, simulada certeza de que los pobres son beneficiarios de las reformas y que la coalición gubernamental es una fuerza nueva y amplia, conformismo burocrático que permuta dádivas estatales por reformas mínimas, desactivación de la movilización social, conversión en vagón de cola de la DC y el PS, legitimación de las elites, colaboración con su reproducción y tolerancia a sus desprecios. En el sumun, incapacidad para provocar un vuelco que, en el curso de… ¡cuatro años!, haga de Chile un país democrático y participativo y menos elitista y consumista.

En otro contexto histórico, las vías institucionales promovidas por Enrico Berlingüer, Santiago Carrillo y Luis Corvalán fueron objeto de iguales impugnaciones que, repetidas en nuestra modernidad tardía —cuando la teoría política ha revolucionado su vocabulario conceptual—, se tornan vacuas e infecundas. Se reducen a fabulaciones sesentañistas sin eficacia metodológica para encauzar las luchas de reconocimiento que advienen tras el derrumbe de los socialismos reales.

Impresa en mimeógrafo y leída en cristal líquido, la ficción subpolítica no consigue siquiera resolver su propia crítica al poder, a la política y a los comunistas: ¿Cómo recuperar de manos del Estado la gestión de la demanda social? ¿Cómo, más allá de poner temas, programas y palabras en boca de quienes deciden, influir realmente en las instituciones y en las políticas públicas, si no es desde el gobierno? ¡No se oye, padre!

La revolución de la izquierda global