¡YO INVENTÉ LAS PRIMARIAS!

24 noviembre, 2016
17 de Octubre de 2014/SANTIAGO El ex Presidente de la República, Ricardo Lagos, participa del seminario del Partido Socialista "Hacia un Modelo de Desarrollo Sostenible con Igualdad", realizado en la cámara de diputados, en el ex Congreso. FOTO: HANS SCOTT/AGENCIAUNO

Ricardo Lagos Escobar * Foto de Hans Scott

 

Lagos venía de ser uno de los «primus inter pares» que habían disputado a Aylwin la conducción del primer gobierno democrático. Luego, la única posibilidad de que cediera su mejor opción a Frei, era a través de una capitulación digna, y ésta no era sino la que ofrecía una elección primaria que, finalmente, fue la que se verificó en mayo de 1993.

 

¡Yo inventé las primarias!

Ricardo Lagos tiene buena memoria. Fue él quien propuso las elecciones primarias para dirimir el candidato de la Concertación que habría de suceder a Patricio Aylwin. Las primarias eran el mecanismo que permitía la continuidad —no asegurada hasta entonces— de la coalición de partidos que había encendido la mecha de la transición democrática.

La Democracia Cristiana, el principal partido político del país, contaba con un candidato de gran ascendiente y convocatoria, como era Eduardo Frei Ruiz-Tagle. Frei encarnaba, asimismo, la promesa de una renovación generacional capaz de reeditar en Chile lo que para los socialistas españoles había sido el Congreso de Suresnes. Tenía todas las de ganar dentro y fuera del partido del que había llegado a ser presidente. Por eso, la DC, que prefería la investidura de facto, resistía la realización de primarias.

Pero Lagos venía de ser uno de los «primus inter pares» que habían disputado a Aylwin la conducción del primer gobierno democrático. Luego, la única posibilidad de que cediera su mejor opción a Frei, era a través de una capitulación digna, y ésta no podía ser sino la que ofrecía una elección primaria que, finalmente, fue la que se verificó en mayo de 1993.

La moneda de cambio fue la lista parlamentaria. La DC, favorecida como partido mayoritario por el sistema binominal, derogado por la segunda administración de Michelle Bachelet, debía «omitirse», es decir, no oponerle competencia al PS ni al PPD, donde militaba Lagos, para que sus candidatos resultaran electos. Con el actual régimen proporcional d´Hondt todas las aguas mueven el molino de los partidos y coaliciones más grandes, pero todos también, desde el más pequeño hasta el más gigante, pueden sacar provecho de la mancomunión de esfuerzos; dependerá del orden de los factores.

El problema lo tienen aquellos que, siendo minoritarios, insisten en sostener una candidatura propia hasta la primera vuelta y sin pacto parlamentario común, pues el único destino de semejante apuesta sería quedarse fuera del reparto.

¿Cuál es actualmente la clave de la negociación?

Hoy la Democracia Cristiana no tiene candidatura presidencial. Su última vez fue hace unos cuatro años cuando el 8 de diciembre de 2012 Ximena Rincón y Claudio Orrego inscribieron sus nombres para competir en las primarias de la tienda que habrían de concretarse en enero del año siguiente. Lo hicieron con no pocas dificultades. «Es el momento preciso —decía uno de sus camaradas— para que la junta nacional demuestre que los proyectos personales son secundarios y le pidamos a Michelle Bachelet que sea la candidata del país y de la DC».

Eran los días en que Ignacio Walker, a la sazón presidente de la colectividad, aseguraba que la DC no iba a formar parte de una coalición política con el PC y, menos aún, integrar un mismo gobierno con los comunistas. ¿Quién lo diría? Los comunistas no sólo entraron al gobierno, sino que por su lealtad con el gobierno —como otros sindicalistas en los albores de la transición— han debido absorber los costos de reiteradas derrotas, la última en el Colegio de Profesores.

No deja de ser elocuente, por descarnada, la intuición de Mariana Aylwin cuando observa que un candidato a la presidencia requiere respaldo de los partidos, además de propósitos y visiones comunes, desahuciando así su propia postulación y desalentando la de quienes como ella podrían pretenderla. Esto significa que, sin perjuicio de que aparezcan ofertas testimoniales, las únicas candidaturas viables son las que ya están en carrera. En tales circunstancias la llave de bóveda para un acuerdo ni siquiera se halla en el procedimiento de primarias, sino en la estructura del gabinete de ministros que deberá conformar el eventual vencedor, partiendo por quien detentará el Ministerio del Interior, y en la composición de los cargos relevantes a la luz de las prioridades del programa de gobierno 2018-2022.

Ni con Guillier, ni con la Nueva Mayoría, ni con Lagos que quiere proyectar la obra de Bachelet

Anuncios

SINDROME DE CRONOS

11 abril, 2016

 

Cronos corta las alas a Cupido

Cronos corta las alas a Cupido

Síndrome de Cronos

Miedo a perder el poder es lo que se conoce como Síndrome de Cronos. En la mitología griega Cronos destronó a su padre, Urano, y, después, presa del temor a ser desplazado por sus hijos, como lo anunciaba la profecía, fue devorando a cada uno de ellos.

No bien hubieron concluido los rituales con que la Junta Nacional de la Democracia Cristiana inició una nueva etapa en el partido, se pusieron en actividad múltiples mecanismos de control destinados a rodear y a limitar la facultad de movimiento de la nueva mesa.

Quizá una de las piezas más elocuentes de esta reacción esperada, sea el discurso del ministro Jorge Burgos a la Junta. Ese que nunca fue pronunciado y que, no obstante, fue publicitado una semana después. Nada impedía que el ministro lo leyera ante la asamblea. Aún más, por la defensa que hacía el jefe de gabinete de su agenda propia, de la política de los matices y de sus contrapuntos con los comunistas, no sólo existía amplio espacio y oportunidad para formularlo, sino que, a no dudarlo, el ministro habría contribuido al debate… y, naturalmente, a acaparar las críticas de sus camaradas.

¿Por qué no lo hizo? Porque tras un desenlace que cambió el balance y las proyecciones estratégicas de la colectividad, ya la audiencia no era receptiva a esas ideas.

¿Por qué decidió hacerlo fuera del contexto ofrecido por la máxima instancia de resolución democratacristiana? ¿Qué sentido tiene difundir ahora un planteamiento que no influirá en la decisión que adoptó el partido? ¿Por qué arriesgar así la máxima posición jerárquica que detenta el partido en el Gobierno?

Porque, al igual que la entrevista al senador Ignacio Walker en El Mercurio, el texto busca redibujar la cancha que rayó la Junta Nacional DC, un paso que es visto como la derrota terminal de las tesis que han alimentado las fricciones de los últimos meses.

En su entrevista, Walker procura reinterpretar el voto político aprobado y, lo que no puede parecer menos que simpático, intenta hacer una traducción de las palabras pronunciadas por la presidenta del partido. Algo así como Goic en versión Walker. Pero la  Junta desechó romper con la centroizquierda y rechazó aventurarse en el camino propio, como Walker y otros de su sector han insistido durante este período. Y si una palabra se le ha oído clara a Carolina Goic es que más que hablar de matices desea hablar de cambios. De este modo, el discurso ex post facto de Burgos y la exégesis de Walker, se convierten en los modelos más representativos de cómo dar un giro retórico y seguir diciendo lo que ya fue superado por las circunstancias.

Desde luego, no son puras palabras. Hay también conductas. Se ha anunciado la instalación de una especie de guarnición, integrada por expresidentes de la colectividad. Estos tendrían la tarea de reforzar a la directiva, lo cual puede ser entendido como sumarle fuerzas y dejarla gobernar o, en el extremo, como ir en auxilio de lo que, en apariencia, se ve débil y vulnerable y acabar ocupando su lugar. Hay que decir que aquella imagen de los expresidentes detrás de la nueva mesa, si acaso tuvo un valor iconográfico por reflejar el consenso del 2 de abril, no es en modo alguno determinante de la solución que, finalmente, concordó la máxima instancia de deliberación DC.

La figura de los expresidentes no existe en la institucionalidad partidaria y, por su carácter honorífico, sus opiniones no pueden ser vinculantes con lo que resuelve la directiva. Tampoco el comité programático que se pretende sea dirigido por el exministro de Hacienda Alejandro Foxley, existe en los estatutos, y sus propuestas estratégicas no podrían ir más allá de las que resulten del VI Congreso Nacional de la Democracia Cristiana.

Es el síndrome de Cronos. Fatal, sin embargo, pues el dios del tiempo terminó derrotado por sus hijos.

En un pasaje de su discurso ante la Junta DC, la Presidenta Bachelet apuntó a los próximos desafíos. «Tenemos aún un largo trecho por recorrer para hacer realidad el país que anhelamos —dijo—. Más largo que lo que abarca el actual Gobierno. Ahora es cuando Chile necesita una Nueva Mayoría sólida y una Democracia Cristiana fuerte y dinámica». Fue el momento cuando la audiencia rompió en aplausos mientras el diputado Andrade comentaba a algún escéptico —y aún más perplejo— que, de vez en cuando, sólo de vez en cuando, había que escuchar la voz de las bases.

Goic y los matices

Discurso ex post del ministro Burgos

Entrevista de El Mercurio a Ignacio Walker

Discurso ex ante del vicepresidente de Brasil


LA INMOBILIARIA

14 junio, 2014

Ministro Eyzaguirre y la Democracia Cristiana

 

«Yo nunca me imaginé, nunca pensé, que íbamos a transformar el Ministerio de Educación en un gestor inmobiliario». Ignacio Walker, presidente de la DC.

«Me pareció una fórmula para honrar los derechos de propiedad de aquellos que habían invertido y eso se ha transformado en la fábula de la inmobiliaria». Nicolás Eyzaguirre, ministro de Educación.

 

Tras las reiteradas discrepancias planteadas por el presidente de la Democracia Cristiana, hay quienes creen que la falange estaría empezando a abandonar la reforma educacional. En la última reunión de la comisión de Educación de la Cámara Alta, que tramita el proyecto para la creación de una subsecretaría de educación preescolar, el senador Walker votó alineado con Von Baer y Allamand, y calificó la decisión de su presidente, el socialista Fulvio Rossi, de frívola, liviana e irresponsable.

No cabe duda que todo esto tensiona aún más la relación entre Walker, la Nueva Mayoría y el Gobierno. Y, por cierto, afecta la gobernabilidad y la estabilidad políticas, pues al arriesgar la investidura que detenta en conflictos con los aliados, Walker podría terminar aislado de —y aislando a— su propio partido. Pero lo que está claro es que cualquiera sea la actitud que adopten sus parlamentarios, la Democracia Cristiana no desahuciará la reforma.

El apoyo al programa de Bachelet y, en particular, a su reforma educacional, es, hoy por hoy, una cuestión cultural en la DC. Un fenómeno de conciencia arraigado a través del tiempo, que decanta por primera vez en el Congreso de 2007, y que cuaja, luego, el año 2012, en el Congreso de los jóvenes, el segmento más sensible a los daños de futuro del modelo neoliberal.

Esos jóvenes vivieron las jornadas del año 2005. Salieron a las calles y marcharon una y otra vez el año 2011. Protestaron entonces contra los abusos institucionalizados de que eran víctimas sus padres. Y, seguramente, recibieron el apoyo incondicional de sus abuelos, otrora activos protagonistas de las reformas democráticas de los prodigiosos años sesenta. Fueron ellos quienes construyeron la demanda de derechos garantizados en educación. Ellos quienes reivindicaron calidad y gratuidad universal, fin a la segregación social y, sobre todo, fin al lucro en todo el sistema educativo; los llamados pilares de la reforma de Bachelet.

¿Por qué habrían de renunciar a la reforma? ¿Por qué habrían de retirarle su respaldo, si no son sus intereses los que se ponen en juego en el actual debate sobre expropiaciones, inmobiliarias, fierros y ladrillos? Tampoco fueron ellos quienes abrieron esta brecha de desinteligencia en el debate público. Y nada está más alejado de sus preocupaciones que los temores que alimentan dicha controversia, y que han sido puestos de manifiesto por las organizaciones gremiales reunidas en el Consejo por una Educación Mixta, Diversa y de Calidad.

Desde luego, la misión de las nuevas generaciones no es el lucro ni la defensa del lucro. Y por eso su temor a perderlo no podría ser más intenso que su miedo al futuro, al vacío de oportunidades, o a la inagotable reproducción de las injusticias que sienten frente a la sola idea de que todo siguiera siendo igual. Ellas no abandonarán la reforma. Y no lo harán porque lo suyo son los derechos; no el patrimonio.

Huelga sin embargo una interrogante. Si como dice Walker, la DC es el único partido que puede dialogar simultáneamente con Renovación Nacional y con el Partido Comunista, ¿por qué no puede hacerlo simultáneamente con los movimientos sociales y con los gremios de la educación privada? Ello pondría a prueba su talento como articuladora de los grandes acuerdos que necesita el país, y empujaría el carro en la misma dirección de la alianza que eligió para gobernar.

http://www.cambio21.cl/cambio21/site/artic/20140616/pags/20140616165312.html

 

 


EL MUSEO Y LAS MEMORIAS

13 septiembre, 2013

memoria

El Museo de la Memoria y los Derechos Humanos se abrió al público el 11 de enero de 2010. El Museo, y así lo expresó en su momento la Presidenta Bachelet, fue concebido como un espacio para la construcción de «las memorias en Chile», porque, dijo entonces, «no hay una sola memoria sobre el pasado; las personas recuerdan de manera diferente, individual y colectivamente…»

Hoy, sin embargo, después de más de tres años desde que fuera inaugurado, y acaso por la fuerza imperativa de su declaración de principios, el Museo ha abierto sus puertas a otra memoria. A una memoria omitida, reprimida y, a veces olvidada, como es la de tantos democratacristianos que han luchado —y algunos, perecido— por la paz, la libertad y la justicia en Chile. Marcando un hito, el Museo lo hizo evocando la figura de Bernardo Leighton, uno de los grandes líderes morales de la colectividad; valorando su testimonio y el de otros falangistas que alzaron su voz contra el Golpe aquel 13 de septiembre de 1973.

Las palabras de Ignacio Walker, Mariano Ruiz-Esquide y José Ruiz Yañez, en quienes recayó la misión de construir el relato, fueron un mensaje de conciliación con el pasado. Pero, sobre todo, fueron un mensaje de conciliación del Partido Demócrata Cristiano consigo mismo. Pues, en el dolor por las muertes de Eduardo Frei Montalva y Mario Martínez, la memoria democratacristiana se hizo una sola. Quizá se hizo aún más fuerte y monolítica frente a ese injusto balance de culpas que, cada 11 de septiembre, aflora para reivindicar las víctimas propias, y renegar las ajenas. Más lúcida y comprensiva, por contraste con el mito que sigue cargando sobre sus hombros la pesada responsabilidad de la tragedia ocurrida hace cuarenta años.

Hoy, las evocaciones de la Democracia Cristiana han ingresado al Museo de la Memoria. Pero es un hecho que sólo sus militantes y sólo los herederos de su historia, de sus luchas, de sus dolores, de sus valores, pueden cautelar que permanezca allí, viva y disponible, para los tiempos y las generaciones futuras.


LAS PRIMARIAS DEL 19 DE ENERO

24 enero, 2013

El pasado sábado 19 de enero, se realizaron los comicios de la Democracia Cristiana para nominar a su precandidato presidencial. Los electores, tanto militantes del partido como ciudadanos sin militancia en otras colectividades, debían decidirse entre dos opciones: la representada por la senadora Ximena Rincón, y la encarnada por el ex alcalde de la comuna de Peñalolén, Claudio Orrego. Los resultados del evento dieron un holgado triunfo a Orrego pero, sobre todo, despejaron la incertidumbre que se había instalado sobre la real capacidad de convocatoria del proceso.

I. PARTICIPACIÓN ELECTORAL

Para la mesa nacional de la Democracia Cristiana, la medida del éxito o del fracaso de las recientes primarias, estaba dada por la cifra arrojada en los comicios del 29 de agosto de 2010. Entonces, como se recordará, concurrieron a los locales de votación sobre 23 mil militantes. Y éste fue el umbral que fijó la directiva de Walker para evaluar la participación electoral en dichas primarias. Por cierto, la convocatoria superó con creces dicho número, pues en la práctica llegaron a votar 57 mil ciudadanos, en su mayor parte independientes. ¡Independientes! No sólo militantes, como eran aquellos que se movilizaron el invierno del 2010.

El parámetro correcto de comparación debió haber sido el anotado por otros comicios partidarios abiertos a los independientes. Y los más recientes fueron los que se registraron hace un año, cuando militantes e independientes fueron consultados para dirimir sobre los precandidatos a alcaldes y concejales de la colectividad. Ese 15 de enero de 2012, en las primarias para nominar candidatos a alcaldes de 22 comunas del país, se contabilizaron 34.937 votos. Ese mismo día también se contabilizaron 43.533 votos para designar a los candidatos a concejales de 42 comunas. Sin embargo, en 14 de estas comunas, 27 mil ciudadanos votaron simultáneamente, y en sendas papeletas, para candidatos a alcaldes y concejales; en 8 comunas, 7 mil votaron sólo para alcaldes; y en 28 comunas, 16 mil votaron sólo para concejales. En resumen, 50 mil ciudadanos, democratacristianos e independientes, concurrieron a votar en 50 comunas. Y ésta fue la valla que debió sortear —como lo hizo— la primaria del 19 de enero para demostrar que había ocurrido un progreso real de la participación electoral.

¿Cuál es la gran diferencia estadística entre una y otra primaria? Es una diferencia de densidad: mientras en las primarias para alcaldes y concejales participó un promedio de 1.000 electores por comuna, en las pre-presidenciales el promedio de electores por comuna se redujo a 190 votantes ya que el proceso electoral se verificó, no en 50, sino en 300 comunas. En la Tabla Nº 1, puede observarse el desempeño de la participación electoral en los tres comicios señalados.

P

II. PREFERENCIAS ELECTORALES

Como se puede ver en la Tabla Nº 2, sobre un total de 56.652 votos válidamente emitidos (descontados nulos y blancos), Ximena Rincón obtuvo 23.099 preferencias y Claudio Orrego 33.553 votos, lo que lo convirtió en vencedor con el 59,23 por ciento del electorado, contra el 40,77 por ciento capturado por la senadora. El ex alcalde se impuso en 9 de las 15 regiones, siendo las más decisivas, la Metropolitana y Valparaíso. Sólo entre ambas conquistó la adhesión de cerca de 18 mil ciudadanos, el grueso de su votación. Pero fue en la circunscripción senatorial de Santiago Oriente, que comprende comunas de altos ingresos como Providencia, Las Condes, Lo Barnechea, Vitacura, La Reina y Peñalolén, donde Orrego obtuvo el mayor respaldo, equivalente al 77 por ciento de las preferencias versus el 23 por ciento de Rincón. En cambio, en comunas populares y rurales de la circunscripción senatorial poniente de Santiago —léase Colina, Lampa, Pudahuel, Quilicura, Melipilla, Cerro Navia, Lo Prado, Quinta Normal, Independencia o Recoleta—, la ex intendenta logró igualar su rendimiento nacional, al alcanzar el 41 por ciento de las adhesiones. Y O´Higgins le fue insuperable en su lealtad.

P

Desde luego, los cómputos que resulten de la próxima elección de mesa, programada para el 17 de marzo, habrán de ser comparados con los del 29 de agosto de 2010. Entonces sabremos el verdadero tamaño del activo militante del partido.

Las primarias del 19 de enero

Hitos del 2012

Primarias DC para alcaldes y concejales   (Primarias DC para alcaldes y concejales.pdf)

Primarias de la Concertación

La estabilización electoral democratacristiana


COMUNISTAS EN EL GABINETE

26 noviembre, 2012

Políticamente Correcto

Si un grupo de partidos políticos comparte un programa, un liderazgo y un gobierno, esto es una coalición. Las coaliciones no se constituyen para otra cosa sino para conquistar o para conservar el gobierno. No van más allá del gobierno. No se proponen la construcción del socialismo, ni de la nueva cristiandad, y menos aún del reino de la felicidad. Sus fines son políticos; no ideológicos. Y pueden ser todavía más modestos —y a menudo ni siquiera programáticos—, como los fueron, gobierno tras gobierno, durante veinte años, los fines de la Concertación. Los fines de una coalición pueden no tener más alcance que el de asegurar la estabilidad de una administración.

Por eso, lejos de un enredoso juego de palabras, la pregunta política concreta es si la Democracia Cristiana está o no dispuesta a sentarse en un futuro gabinete junto a ministros comunistas. El presidente de la DC, pero no sólo él —otros tres dirigentes lo hicieron explícito en la última junta nacional de la colectividad—, rechaza un eventual gobierno con los comunistas. Sus razones pueden ser legítimas, pero no son elocuentes. Walker se pregunta: ¿Qué haría el PC en un gobierno conjunto, cuando el ministro del Interior saque la fuerza pública a la calle para reprimir algún hecho de violencia vinculado con movimientos sociales? ¿Qué pasaría si se aplica la ley antiterrorista, como lo hizo el ex Presidente Lagos o la ex Presidenta Bachelet? ¿El PC va a solidarizar con ese gobierno del que forma parte?

El senador falangista cree que los comunistas actuarían con un pie en el gobierno y otro en la calle, como lo habrían hecho durante el periodo de González Videla… ¡hace más de sesenta años! Sólo que esta sospecha de desdoblamiento puede recaer sobre cualquier partido, y no sólo sobre el Comunista. ¿No vimos acaso al alcalde Manuel José Ossandon, militante de Renovación Nacional, discrepar del modo en que el gobierno de Piñera enfrentaba los conflictos de Magallanes, La Araucanía y Aysén? ¿Dejó de aplicarse el principio de autonomía de los movimientos sociales, cuando fueron democratacristianos y socialistas los que otrora lideraron la protesta social, no obstante sus colectividades formar parte del gobierno?

El timonel DC exige como condición para la incorporación de los comunistas una mayor afinidad en materia de derechos humanos y de democracia política. Digamos que esta mayor afinidad es, nuevamente, una exigencia que pende sobre todas las fuerzas políticas, incluidas, claro, las comunistas, porque siendo el discurso sobre derechos y garantías lo esencial del programa de gobierno en cierne, es un hecho que los consensos alcanzados dentro de los partidos, y entre los partidos, resultan aún insuficientes, como lo ha demostrado el debate sobre la Ley de Pesca. Sin ir más lejos, en las 127 páginas de las Bases Programáticas del PDC, la palabra «pesca» aparece sólo una vez escrita, y nada más para indicar que se implementará un sistema que permita al Estado participar de las rentas económicas de los recursos naturales. Un epígrafe para todo lo que hay que decir del sector pesquero.

Lo paradójico de esto no es que los vetos salgan a relucir después que la Democracia Cristiana concordó con los comunistas la reforma de la educación, la reforma tributaria, el pacto municipal y los programas locales, lo que en sí mismo reviste un contrasentido, y así lo han advertido los demás partidos de la Concertación. La verdadera paradoja estriba en que la postura de la Democracia Cristiana frente a la virtual coalición de gobierno, al contenido de su programa, y a sus límites, esté siendo definida por una conducción partidaria cuyo mandato vence el 17 de marzo de 2013. Una conducción política que, además, no alza banderas en las primarias del 19 de enero, puesto que Walker cree que Bachelet es la mejor candidata. Lo razonable es que quien deseara influir sobre el destino de la colectividad durante los próximos cinco años, bajara al llano y sometiera su propuesta estratégica, y su propio liderazgo, al juicio de las urnas.


Walker v/s Orrego

27 octubre, 2010

 

pdf

 
 
Desde hace algún tiempo, la prensa de derechas ―la única realmente existente― ha venido mostrando una pugna de liderazgo al interior de la Democracia Cristiana, que La Tercera ha vuelto a poner en el tapete. Disputa por la nominación presidencial del 2013 que confrontaría al senador Ignacio Walker con el alcalde Claudio Orrego, ambos miembros de la actual mayoría al mando de la colectividad.
 
Nadie ignora estas opciones, pues salieron a flote en los debates que rodearon la última elección interna. Nadie tampoco ignora que el escenario futuro es un lienzo en blanco, aunque el stablishment concertacionista haya bosquejado ya algunas de sus preferencias. Pero hablando con rigor, se trata de un falso dilema. Falso, porque las carreras políticas o cursus honorum de uno y otro, hacen más verosímil la proyección de Orrego hacia la sucesión senatorial de Soledad Alvear ―lo cual pasa por su repostulación a la alcaldía de Peñalolén―, que compitiéndole a Walker la sucesión presidencial de Sebastián Piñera, campo donde el senador ha recorrido un trecho más largo. Como que ha llegado a ser presidente del partido, condición sine qua non para aspirar a la nominación.
 
Así, Walker aventaja a Orrego no sólo en años, sino en capital político, lo que en sí mismo es un atributo, habida cuenta de la fallida aventura generacional de Marco Enríquez-Ominami, y de la elocuente longevidad del padrón DC. Esto, sin duda, habrá de granjearle una masa crítica de inestimable valor frente a su mayor desafío, que consiste, primero, en ganarse a un partido de cultura popular y progresista; y luego, en ganar la elección municipal de 2012.