LA CONVICCION

30 abril, 2017

La actitud de los principales voceros de la tesis, mostraba el aplomo propio de quienes parecían saber que actuaban sobre seguro.

Si nos preguntáramos cuál fue el tono del discurso inaugural de la senadora Carolina Goic en la última junta nacional de la Democracia Cristiana, diríamos que fueron expresiones como «política del matonaje», «ultimátum», «amenazas» y «miedos», un relato diametralmente opuesto al de su proclamación en el conclave del 10 de marzo. Ahí había reiterado su convicción de mantener a la colectividad en la centroizquierda.

«Creo firmemente en la importancia que ha tenido la alianza de la centroizquierda para la gobernabilidad y desarrollo del país —declaró en febrero—. Creo que es importante mantenerla y eso significa sumar fuerzas y llegar a una primaria y tener un candidato único de la fuerza de centroizquierda.»

El de ahora era el lenguaje de la recriminación, de la ruptura y del distanciamiento, un giro que pocos atinaban a comprender y que la mayoría procuraba explicarse.

¿Qué había producido el cambio de convicción de Goic?

El laguismo democratacristiano había resentido el resultado de la elección del Partido Socialista, que auguraba un mal horizonte para las aspiraciones de Ricardo Lagos. La forma en que el Comité Central había granjeado su apoyo a Alejandro Guillier y precipitado el retiro del expresidente, constituía un duro golpe para el sector. El candidato del radicalismo había obtenido el 65 por ciento del pleno, una cifra cercana a las adhesiones que los partidarios de la primera vuelta tenían a su haber en la máxima instancia de deliberación de la Democracia Cristiana.

Por eso, a una semana del cónclave, la convicción de contar con el voto mayoritario de los delegados y la convicción de ir a primera vuelta, fueron todo uno. Luego vinieron el respaldo de Eduardo Frei a la nueva convicción de Goic y el apabullante despliegue comunicacional de los conocidos heraldos del camino propio en las cadenas de El Mercurio y Copesa, y en los principales canales de televisión. Así que cuando el vicepresidente Matías Walker concurrió a la cita reservada de los timoneles de la Nueva Mayoría y les notificó que la tienda iría a primera vuelta, actuaba con la misma certeza de controlar el 62 por ciento de la junta, lo que les espetó osadamente. En los hechos fue el 63 por ciento de los 603 delegados que efectivamente votaron.

Pero Walker no era el único que irradiaba la seguridad del triunfo. La actitud de los principales voceros de la tesis, mostraba el aplomo propio de quienes parecían saber que actuaban sobre seguro. Sus palabras danzaban en una pirotecnia de eufemismos, como la pretensión de que la asamblea estaba de acuerdo en cuestiones esenciales —que el espacio de la DC seguía siendo el de la centroizquierda, que había sido desechado el camino propio, o que se mantendría el apoyo al gobierno— cuando no lo estaba en ninguna.

No pocos arrestos de demagogia y populismo prendían como pólvora frente a una audiencia ampliamente colonizada por enfervorizados invitados fraternales, los primeros en subir al podio y los últimos en permitir la palabra a sus oponentes. Los que ayer habían alentado la candidatura de Lagos y defendido el mecanismo de primarias eran ahora los más exultantes promotores de la primera vuelta. Sin embargo, pese a sus notables giros dialécticos, nunca pudieron demostrar que el domicilio de la DC seguía siendo la centroizquierda en el momento que se consumaba el quiebre con la centroizquierda. Jamás pudieron dar razones de cómo se alcanzaría un acuerdo parlamentario con dos candidatos presidenciales, cuando los demás partidos habían respondido que no estaban disponibles para ello. Y si creían que Goic no tenía cómo vencer en primarias, no pudieron explicar cómo conseguiría hacerlo en noviembre. Fue el profundo vacío estratégico, empapado de voluntarismo mesiánico, que la junta dejó pendiente de ser llenado con racionalidad… y convicción, naturalmente.

Se abre una etapa de incertidumbre que cambiará la relación de la falange consigo misma, con sus antiguos aliados y con el gobierno, pero estos son los desafíos que vencedores y vencidos tendrán que saber administrar en los meses que vienen.

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TRAYECTORIA DE UNA LUCHA

22 enero, 2017

banderas

A lo largo de la secuencia se puede apreciar la trayectoria de una lucha de ideas que ha hecho de la defensa de la identidad del Partido Demócrata Cristiano como parte, primero, de la Concertación de Partidos por la Democracia y, después, de la Nueva Mayoría, un testimonio permanente.

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En las siguientes páginas el lector hallará una compilación de las definiciones políticas que hombres y mujeres democratacristianos hemos tomado frente a los principales hitos de los últimos cuatro años.

A lo largo de la secuencia se puede apreciar la trayectoria de una lucha de ideas que ha hecho de la defensa de la identidad del Partido Demócrata Cristiano como parte, primero, de la Concertación de Partidos por la Democracia y, después, de la Nueva Mayoría, un testimonio permanente.

En cada uno de los relatos de esta lucha de ideas subyace una memoria histórica sin la cual es difícil aquilatar en su real magnitud el rol desempeñado por nuestra colectividad en el pasado, y, menos aún, construir la política del mañana. Porque en los tiempos que corren, la mayor batalla ideológica no se está librando contra ideas racionales, sino contra creencias, supersticiones y emociones estimuladas por los medios de comunicación, por sus controladores y por quienes tienen acceso privilegiado a sus tribunas. Nociones que escapan al método y al análisis objetivo o, si se quiere, consensuado de la realidad. Y que, desde luego, constituyen una amenaza para una vida cívica fundada en el diálogo, la empatía entre semejantes y la colaboración recíproca.

Chile es un país profundamente injusto. Donde sus estructuras e instituciones sociales exhiben dramáticos déficit de humanidad. Y donde la humanización de sus formas de organización no vendrá de ideologías deshumanizadoras, como la neoliberal, sino de vertientes culturales que ponen en el centro de sus preocupaciones a las personas, a las comunidades y a sus derechos. Vendrá de fuerzas políticas y sociales con capacidad de subordinar sus intereses particulares a las necesidades de justicia y de libertad de las grandes mayorías desempoderadas y excluidas del bienestar y el progreso.

Por casi tres décadas las esperanzas de ver realizados estos ideales han descansado en una alianza de centroizquierda que ha enriquecido nuestra tierra y ha dignificado la vida de su gente. El eje de esta convergencia de voluntades organizadas, y la garantía de su éxito, ha sido la Democracia Cristiana. A su vez, la fortaleza de nuestro partido se ha nutrido del ejemplo moral de sus grandes líderes, del compromiso activo de sus militantes, y de ser una comunidad de personas que respeta las instituciones y resuelve sus controversias a través del imperio de normas y estructuras formales. Esta virtud convierte a la falange en lo que Carlos Huneeus ha denominado acertadamente un partido institucionalizado.

Sin embargo, nunca como en los últimos años, se hizo desembozadamente explícita una estrategia de ruptura. Resistirla y derrotarla es una tarea de las generaciones globales de reemplazo, que poseen una mirada cosmopolita y son sensibles a las catástrofes, a los crímenes contra la humanidad que dieron universalidad a los derechos fundamentales, a los principios y expectativas de igualdad, y a la lucha por la redistribución que amenaza el futuro. Emancipadas, en consecuencia, de los lastres de un pasado que va quedando atrás con el siglo xx.


RETORNO AL CENTRO

4 septiembre, 2016

El centro de gravedad

Retorno al centro

Una cuestión estratégica consiguió instalar la junta nacional de la Democracia Cristiana: que el partido postulará un candidato presidencial y que lo hará dentro de una alianza de centroizquierda. Es la lectura que se sigue de la amplia ovación recibida por la senadora Carolina Goic cuando recapituló el voto político acordado en la máxima instancia de decisión.

Esto significa muchas cosas. De entrada, que la junta nacional logró atemperar los voluntarismos que hicieron nata en el último tiempo: un excesivo entusiasmo del laguismo democratacristiano, disponible para proclamar sin mediaciones procedimentales al expresidente; y la exaltación del camino propio, promovido por aquellos que, con cálculos electorales en mano —erróneos, desde luego—, pretenden levantar un candidato por fuera de la coalición y mantenerlo hasta la primera vuelta presidencial de noviembre de 2017.

«El camino propio condena a la extinción», escribía Belisario Velasco en agosto pasado. Pero hoy es Genaro Arriagada, uno de los más duros críticos de Bachelet, quien advierte que el camino propio sería suicida para la DC, y lo que es aún más decidor: ¡el exministro no ve problemas en un acuerdo con los comunistas! Mismo predicamento que anima a Andrés Zaldívar. «Aquí algunos camaradas y dirigentes del partido han planteado incluso ir a la primera vuelta; en eso no estoy de acuerdo», ha dicho el senador del Maule, para quien «la carta más fuerte de la Nueva Mayoría, de un proyecto de centroizquierda, es Ricardo Lagos».

Aunque Ignacio Walker y otros, como directivos del para-partidario Centro Democracia y Comunidad, insisten en postular candidato al margen de un pacto con la izquierda, ahora el senador, templando su fórmula original, plantea postergar esta definición hasta abril del próximo año. Pero lo más probable es que sus deseos sean superados por las circunstancias. Walker debe admitir que todo se está moviendo rápido. Que si, como afirmaba Alejandro Navarro, sin Democracia Cristiana no existe Nueva Mayoría, tampoco ésta es la misma alianza sin el MAS del senador Navarro, que se encuentra formando otra colectividad. De modo que lo que adviene ya está siendo otra coalición. Veamos qué hacen Giorgio Jackson y Gabriel Boric y demás actores relevantes de la centro-izquierda.

Es indudable que la irrupción expresa de Ricardo Lagos en el escenario presidencial está volviendo la política a su centro, al único centro que se muestra nítido en los periodos de elecciones: el de gravedad.

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Genaro Arriagada

Andrés Zaldívar y Lagos

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Jorge Burgos y apoyo a Lagos

No hay justificación para no tener primarias

Goic declara que DC competirá

«El tema es para qué queremos seguir juntos.

«Como esta decisión obedece al proyecto país que trazamos, en torno a esto hacemos la discusión, y determinamos lo que compartimos con nuestros aliados. Y esto tiene que ver con aprender de errores.

«Tenemos que sentarnos juntos y decir, esto es lo que vamos a hacer y evitar discusiones que han tenido bastante costo durante este gobierno.»