VALORAR Y MULTIPLICAR LO QUE HAY

25 enero, 2018
Cinco panes y dos peces

Cinco panes y dos peces

Hoy no es imperativo precipitar la elección de mesa de la Democracia Cristiana.

La actual directiva concluye su periodo dentro de un año, y bastaría un acuerdo de mayoría ―inspirado en la supervivencia del instrumento partidario, la camaradería y un diálogo racional y fructífero― para renovar su investidura y confiarle las tareas más urgentes y decisivas del momento.

Es cierto que no hay conformidad sobre el significado y alcance de las derrotas electorales de noviembre y diciembre de 2017. Pues, mientras más se sondean sus causas, más reflexivas se tornan sus interpretaciones, y más complejas las teorías, desde luego legítimas, que aspiran a desentrañarlas. Pero una junta nacional no está para ratificar o falsear teorías sociopolíticas, sino para definir y sancionar cursos de acción. Deben, sin embargo, generarse espacios de razonamiento donde los distintos aportes puedan contribuir a una visión compartida de la realidad.

Tampoco hay una evaluación común acerca de los éxitos y fracasos del Plan Estratégico 2010-2020. Hay quienes niegan el diagnóstico de base de dicho diseño. Refutan la extracción social, esencialmente popular y de capas medias emergentes, del electorado democratacristiano, así como la identidad de centroizquierda declarada por sus votantes. Y no existe una respuesta, sino varias y contradictorias, para explicar por qué cuatro directivas no pudieron resolver el problema crucial de la colectividad, a saber, que «el PDC no responde en sus contenidos, comportamientos y orgánica a los desafíos del país, lo que ha implicado una disminución de sus resultados electorales». Ni qué decir del descalabro sufrido por sus indicadores de gestión: se fijó conquistar la meta del 21 por ciento de la votación en las pasadas elecciones municipales y parlamentarias, pero en la primera consiguió el 13 por ciento y en la segunda apenas el 10.

Otra cosa aún más profunda y de difícil concurrencia es el balance de su Quinto Congreso realizado hace ya una década, y la expectativa que se tiene respecto del futuro cónclave, cuya realización se halla pendiente desde la administración del senador Ignacio Walker. No sólo hay controversia sobre lo acordado hace años, sino también una fuerte polémica sobre los contenidos, proyecciones, metodologías, y garantías de calidad, participación y exigibilidad, que debería exhibir el Sexto Congreso.

No obstante, es esta instancia la que debiera ofrecer el espacio de colaboración e intercambio indispensable para dilucidar las contradicciones políticas e ideológicas que se publicitan por la prensa. Un proceso al cual debieran ser convocados, no sólo los 20 mil militantes que votan con regularidad en las internas, ni sólo los 30 mil reinscritos que figuran como miembros de pleno derecho, sino los 113 mil registrados en los libros del Servel que siguen siendo democratacristianos.

Bastaría un acuerdo de mayoría y poner estas prioridades por encima de una elección de mesa, para emprender un cauce ordenado, amplio y democrático hacia el aggiornamento o puesta al día del partido, y para dejarlo en sintonía con la universalidad alcanzada por el pensamiento humanista.

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