EL CASO RINCÓN

27 julio, 2017

Nos parece normal, tolerable, incluso digno de alabanza, que un tribunal moral —como en el que parece erigirse la Comisión de Ética de la Democracia Cristiana—, publique en dos tercios de página de El Mercurio la opinión que le merece la conducta del militante Ricardo Rincón.

EL CASO RINCÓN pdf

Camino al Calvario, Pieter Brueghel, 1564, National Gallery de Ottawa, Canadá.

Camino al Calvario es una pintura del holandés Pieter Brueghel que relata la pasión de Jesucristo situada en el Flandes de 1564 durante la ocupación del imperio español. En 2011, bajo la dirección del polaco Lech Majewski, la obra fue llevada al cine con el título El Molino y la Cruz, donde se hace explícita y comprensible la irracional represión de la Inquisición contra la reforma protestante: los hombres eran azotados y crucificados, y las mujeres enterradas vivas.

Todavía podemos estremecernos ante el horror, porque creemos estar lejos de aquellos tiempos de violencia contra el hereje. Pero en esa época, como lo revela el film, la barbarie estaba naturalizada por la dominación imperial, como hoy se naturaliza el desdén hacia el derecho y las instituciones en la vida partidaria de la Democracia Cristiana, por el contexto de crisis que ésta atraviesa.

Nos parece normal, tolerable, incluso digno de alabanza, que un tribunal moral —como en el que parece erigirse la Comisión de Ética de la Democracia Cristiana—, publique en dos tercios de página de El Mercurio la opinión que le merece la conducta del militante Ricardo Rincón. Nos parece normal que desde el comando de la candidata presidencial se filtre un ultimátum según el cual si la Junta Nacional no lo excluye de la nómina de postulantes al Congreso, como sería el deseo de la candidata, ésta podría declinar su propia opción. Y nos parece también normal que el responsable de contenidos del comando nos advierta que Rincón será un lastre para las campañas presidencial y parlamentaria.

Pero no es normal. La Comisión de Ética es una entidad de consulta, no vinculante, no imperativa, y que, por consiguiente, jamás podría entrar en conflicto de competencias con las entidades formales encargadas de administrar justicia en la Democracia Cristiana, simplemente, porque no está a su nivel y rango. El órgano institucional que tiene por funcióm pronunciarse sobre el comportamiento de los militantes y de garantizar justicia es, según los Estatutos y la Ley de Partidos Políticos, el Tribunal Supremo. Y éste, guste a quien guste y pese a quien pese, dictó explícitamente sentencia sobre el caso. En consecuencia, su fallo debe ser acatado por todas las instancias del partido, desde el órgano colegiado, que es su Junta Nacional, hasta el órgano ejecutivo, que es su mesa directiva. No hacerlo significaría la transgresión de un derecho que es justiciable ante los tribunales nacionales e internacionales.

En contraste con la absolución del Tribunal Supremo, lo que ha hecho la Comisión de Ética al publicar la opinión que se formó sobre el militante, es un agravio humillante que entraña desprecio por la dignidad de la persona. Un ente que incurre en tales desbordes y que, además, delibera política y discrecionalmente sobre la contingencia partidaria, no debiera existir en una colectividad institucionalizada como la que aspira a ser la Democracia Cristiana. Pero, a mayor abundamiento, ¿quién juzga la ética de la Comisión de Ética? A estas alturas de nuestra evolución republicana y democrática, lo que se precisa no es una comisión de ética, sino un partido ético.

Tampoco es normal que con el expediente de que la máxima intancia de decisión de la colectividad está facultada para sancionar la nómina de candidatos, se quiera anular la decisión de la Junta Regional de O´Higgins, cuya jerarquía y competencia está claramente establecida en los Estatutos, y cuyo valor moral no puede ser tenido como inferior al que emana de las deliberaciones de la Junta Nacional. Por eso, quien en el órgano colegiado quiera vetar el nombre del diputado Rincón, tendrá que dar razones, y éstas no podrán ser las que se le imputaron en las instancias de justicia del partido y, menos aún, las que condicionan la continuidad de la candidatura presidencial a la declinación de la re-postulación del diputado.

Por último, no es normal que un comando de campaña, del cual se espera sea representación de toda la militancia, exija a través de uno de sus voceros marginar al parlamentario. Si se admite hoy este tipo de agresiones contra un diputado del partido, amparados sólo en la autoridad política que otorga la vocería circunstancial de un comando, entonces mañana el más sencillo y desempoderado de los militantes podría ser víctima del abuso y la arbitrariedad. Pero quizá en aquel momento entenderemos el sentido de la fatal escalada que tan sabiamente describiera en su sermón el pastor alemán Martin Niemöller:

«Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista.

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata.

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista.

Cuando vinieron a buscar a los judíos, no protesté, porque yo no era judío.

Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar».

Cuando hicieron eso a Rincón, guardé silencio, porque yo no era diputado ni pertenecía a su círculo…

Rincón ante la Junta Nacional

Rincón: la Junta Nacional que resolvió eso está totalmente viciada.

Opinión de la Comisión de Etica del PDC

Rincón sería un lastre

Rincón no está inhabilitado jurídicamente

Rechazo a postulación de Rincón

El siglo que vamos dejando atrás

 

Anuncios

UNA SIMBIOSIS BENEVOLENTE

14 abril, 2017

Se trata de una reciprocidad benevolente que opera en dos direcciones: el pacto parlamentario potencia al candidato presidencial y éste a cada uno de los postulantes al Congreso. Lo cual es consistente con la finalidad política de garantizar gobiernos de mayoría.

Si las primarias y la lista parlamentaria están desacopladas, es decir, si no tienen ninguna conexión entre sí, entonces el acuerdo sobre una y otra se construye en momentos distintos. El primero, antes del 3 de mayo; el segundo, antes del 21 de agosto.

Si la Nueva Mayoría quisiera participar en primarias presidenciales, el plazo para inscribir las candidaturas que competirán entre sí para dirimir al vencedor se cumple a las 12 de la noche del miércoles 3 de mayo.

Puede ser que la candidata de la Democracia Cristiana, Carolina Goic, resuelva en la junta nacional del 29 de abril no concurrir a primarias y, por lo tanto, no inscribir su candidatura. En tal caso, el cierre de los procesos no tendrá importancia para ella, ni para Alejandro Guillier, el otro candidato de la Nueva Mayoría, pues, si ninguno declinara su opción, ambos seguirían en carrera hasta la elección del 19 de noviembre. No habrá primarias y dejará de existir la Nueva Mayoría como alianza electoral y, probablemente, de gobierno. Simultáneamente, al otro lado del espectro político, la coalición de centroderecha se hallará formalizando tanto su participación en primarias como su oferta parlamentaria.

Ni Guillier ni Goic estarán apremiados a inscribir su lista parlamentaria sino hasta el 21 de agosto. Sin embargo, antes del 3 de mayo —incluso antes del 29 de abril— ambos tendrán que dar a conocer la estructura del pacto parlamentario que quieren ofrecerle al país. Esto, porque cada candidato, sea a presidente o a congresista, querrá sacarle el mayor provecho electoral al apoyo ciudadano que tiene a su haber. Y esto se consigue mediante la simbiosis que se produce entre la elección del candidato presidencial y quienes pretenden un sillón en las cámaras legislativas, una asociación de íntima colaboración que sólo la psicología social puede desentrañar en sus detalles, pero que se ha venido confirmando por más de un cuarto de siglo en las elecciones de alcalde y concejales.

Se trata de una reciprocidad benevolente que opera en dos direcciones: el pacto parlamentario potencia al candidato presidencial y éste a cada uno de los postulantes al Congreso. Lo cual es consistente con la finalidad política de garantizar gobiernos de mayoría. Al igual que en los regímenes parlamentarios, el alcalde necesita contar con la mayoría del concejo municipal, como el gobernador regional precisa la mayoría del consejo regional para asegurar la estabilidad y eficacia de su gestión. Por eso, en la práctica, ambas elecciones marchan indisolublemente unidas.

Dicha circunstancia determina lo que ocurriría en cada uno de los siguientes escenarios:

1 Se compite en primaria y con un pacto parlamentario común. Todos los partidos de la Nueva Mayoría se alinean tras el candidato único que se elija en las elecciones primarias del 2 de julio y respaldan la lista única parlamentaria que concuerden. Es la fórmula que otorga el mayor rendimiento electoral parlamentario de la Ley D’Hondt para el 47 por ciento de apoyo en las urnas que los partidos de la coalición obtuvieron en la pasada elección de concejales.

2 Se compite en primaria con dos pactos parlamentarios. Todos los partidos de la Nueva Mayoría se alinean tras el candidato único que se elija en las elecciones primarias del 2 de julio y, según la lista que conformen, apoyan los dos pactos parlamentarios que determinen. La cifra repartidora del sistema proporcional reduce moderadamente el rendimiento electoral de cada partido en las parlamentarias, especialmente de los mayoritarios, aunque estos cuenten con una oferta más diversificada.

3 Se compite en primera vuelta con un pacto parlamentario. Se configuran dos opciones presidenciales, las de Guillier y Goic, con un pacto único parlamentario de la Nueva Mayoría. Se divide el electorado potencial de la coalición que, en la última elección de concejales ascendió al 47 por ciento, entre Guillier y Goic. A lo menos la candidatura falangista debería captar el 12.7 por ciento conseguido en la municipal, el que, teóricamente, debería restarse al obtenido por toda la Nueva Mayoría. Pero esta proporción no debería ser simétrica en la elección parlamentaria, pues lo más probable es que por simbiosis benevolente, la mayor parte de los candidatos a parlamentarios incline sus campañas hacia la carta con mejores chances, y viceversa. De cualquier modo, los contrastes que se han buscado marcar entre Guillier y Goic, cuando aún no se inicia la competencia definitiva, anticipan la polarización subsiguiente y la ventaja que cobrará de ello la centroderecha.

4 Se compite en primera vuelta con dos pactos parlamentarios. Por una parte, los partidos que permanecen en la Nueva Mayoría se alinean con un candidato presidencial y una lista parlamentaria común, y por la otra, la Democracia Cristiana postula su candidatura presidencial y su lista parlamentaria. Se divide el electorado que respaldó a la Nueva Mayoría en la elección de concejales de octubre y, en consecuencia, ordenada por sus primarias, la centroderecha tomará la delantera. Para todos los efectos de cálculo electoral, si la base de apoyo de la DC es del 12 por ciento, la del PS es del 11, la del PPD de 9, y la del PR del 7 por ciento. De modo que cada grano de arena cuenta a la hora de provocar el efecto mariposa.

Este electorado no dará sorpresas.

Una crisis larvada

No hay condiciones para primarias…

Girardi: primarias y dos pactos

PPD: un candidato y dos listas

DC se abre a pacto

Candidatura y pacto

Primera vuelta y pacto propio


SUEÑO FUNDACIONAL

19 marzo, 2017

SPANISH PRIME MINISTER AZNAR LAUGHS WITH POPULAR PARTY LEADERS

La junta de la Democracia Cristiana fijó un punto de inflexión en la política nacional. Ello, por el lugar dominante que ocupa la colectividad en el amplio arco de fuerzas. Está situada en la línea de frontera, o de fractura —como diría Huntington—, que separa a los dos grandes bloques. Los ajustes que ocurren en el seno de la DC irradian como ondas telúricas hacia la izquierda y la derecha.

No es casual que Francisco Chahuán haya declinado su candidatura en favor del expresidente Piñera, ni que Manuel José Ossandón se haya declarado dispuesto a competir en las primarias de Chile Vamos. No es tampoco fruto del azar que la Nueva Mayoría aspire a organizar su oferta parlamentaria en dos pactos electorales, especie de dispositivo de doble tracción preparado para fortificar los flancos que la amenazan por su derecha y por su izquierda. Ambos principios de cooperación sólo vienen a confirmar que la gran lucha de noviembre se librará una vez más entre las dos principales alianzas. Y éste es el efecto benevolente que se produjo el 11 de marzo: la certeza de que el domicilio político de la DC es la centroizquierda.

Atrás, perdiéndose entre el humo y la bruma, va quedando el sueño refundacional que prometía la competencia en primera vuelta, pues la idea de desmontar el actual sistema de partidos y coaliciones y de sustituirlo por otro, demostró que no tenía viabilidad. Y no porque su diseño estratégico buscara reeditar los tres tercios o abandonar los gobiernos de mayoría, sino porque el bipartidismo que pretendía instalar no forma parte de la cultura política falangista. Un régimen político de dos grandes coaliciones, con una fuerte socialdemocracia en la izquierda, y un poderoso centro reformista —al igual que la internacional—, con partidos de derecha liderados por la DC, es algo que no funciona en Chile.

La Junta Nacional avizoró los costos de esta transición. Vio que el proceso pasaba por agudizar la contradicción entre una candidatura presidencial que propugnaba la unidad de la centro-izquierda y un partido que, como sucedió en 1969 con Tomic, podía optar por el camino propio. Vio que en el mejor de los casos la DC sería relegada a un tercer lugar, pero que, a diferencia de 1970, cuando era el Parlamento quien zanjaba la segunda vuelta, no tendría injerencia en la definición final. Y vio que, después del caos, algunos se unirían a los triunfadores, como ocurrió en 2010, y otros se reagruparían en una nueva alianza de centro-izquierda, cuya constitución demoraría más, aunque resultaría en una fuerza política más amplia y perfilada que la actual. Por todo esto la DC eligió el camino de los cambios graduales, vía que le permite sortear la crisis en gestación y evitar así su propio quiebre.

http://www.diarioconcepcion.cl/2017/03/19/#9/z


CAROLINA GOIC Y LA CUARTA VÍA

21 febrero, 2017

Belisario Velasco y Rodolfo Fortunatti

carol

 

«Contrastando con un ánimo de derrota y desesperanza, la senadora Carolina Goic ha planteado tres cuestiones cruciales: recuperar la mística y convicción democratacristiana, asumir el desafío de ser candidata presidencial, y competir en las primarias de la Nueva Mayoría que, sin embargo, debe ponerse al día para representar los anhelos del país.»

 

Hasta hoy sólo sabíamos de la existencia de una tercera vía: el camino propio que se abría entre la izquierda y la derecha o, el del frente amplio, que buscaba ser alternativa al denominado duopolio conformado por la Nueva Mayoría y Chile Vamos.

Eso ya es pasado desde que una nueva concepción de las alianzas políticas y de la voluntad soberana expresada en las urnas ha empezado a mostrar su genuina fisonomía. Se trata de una cuarta vía. Una senda que supera por arriba todo lo imaginado, coronando así la trayectoria que se inició pocos meses después de la instalación del actual gobierno y que ha mantenido en persistente dilema la permanencia de la Democracia Cristiana en la centroizquierda.

El senador Ignacio Walker no pudo haber sido más claro cuando este fin de semana reveló los alcances de semejante derrotero. El itinerario comienza con la ratificación, en la próxima junta nacional, del plebiscito que habrá de aprobar la participación de la colectividad en la primera vuelta de noviembre. Luego contempla la proclamación de una candidatura presidencial, que podría resultar derrotada, lo cual obligaría al partido a definir a quién apoyar en la segunda vuelta, momento éste en que, a falta de opciones, la única salida que podría ofrecerle al país sería el… ¡voto en blanco!

El voto en blanco es una hoja sin escribir, es el vacío de la acción, es la ausencia de la política. Es oferta inédita y desconcertante en la Democracia Cristiana, un partido de profundas raíces doctrinarias que, en momentos cruciales de nuestra historia, ha asumido con resolución el liderazgo que lo convoca. No lo merecen los militantes de la colectividad que, en julio, cumplirá sesenta años de vida. No lo merecen los campesinos que, en el mismo mes, recordarán con gratitud los cincuenta años de la reforma agraria impulsada por el presidente Frei. Y, sobre todo, no lo merece el país, que espera una política fundada en los principios éticos legados por el humanismo.

La Junta Nacional del 11 de marzo tiene la última palabra. Creemos que en ella primará un compromiso con el buen uso del porvenir. Porque si, como ha escrito Enrique Krauss, «participar aisladamente en primera vuelta no resulta sino una evasiva transitoria», la pérdida de fe y de vigor que entraña la vía del voto en blanco, es lo más cercano a la frialdad de la muerte política.

Contrastando con este ánimo de derrota y desesperanza, la decisión de la senadora Carolina Goic devuelve a la Democracia Cristiana, especialmente a sus jóvenes generaciones, el espíritu de los fundadores. Ella ha planteado tres cuestiones cruciales que marcan un antes y un después en el actual debate. Ha dicho que, más allá del puro cálculo de poder, existe una política de lucha y testimonio que debe ser desplegada con mística y convicción. También ha expresado que asume sin ambages el desafío de ser candidata presidencial. Y, por último, ha precisado que esta competencia debe librarse en el seno de la Nueva Mayoría, partiendo por impulsar su aggiornamento y concurriendo a las primarias del 2 de julio.

http://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/2017/02/21/carolina-goic-y-la-cuarta-via/


CONDICION ESENCIAL

21 enero, 2017

Belisario Velasco y Rodolfo Fortunatti

imagen-carolina-goic-12-820x385

Antes de la selección del candidato es condición sine qua non que la Junta Nacional decida y declare explícitamente su compromiso de concurrir a las primarias institucionales del 2 de julio.

2017 es un año político. Un tiempo de definiciones que ha comenzado marcando su impronta contra el desafortunado año 2016, annus horribilis para algún observador internacional. Todas las expectativas apuntan hacia el reordenamiento de las ideas, de los liderazgos y de las fuerzas. Los intereses se sinceran y aflora una nueva racionalidad del debate.

También se dibuja el escenario en que estas definiciones se jugarán. En la derecha se impone la opción de Sebastián Piñera y el ineludible pacto electoral parlamentario, porque ya no hay tiempo ni espacio para otro liderazgo ni para otra vía. En la izquierda, las promesas del 2011 reeditan el frente amplio, para albergar, como tantas veces, a los novicios movimientos ciudadanos. Y en la centroizquierda, cuya expresión política es la Nueva Mayoría, se perfilan las tres candidaturas realmente viables, mientras se llevan a cabo las conversaciones para configurar el pacto parlamentario.

Las decisiones que en estos días tomen la DC y el PS, sus mayores partidos, serán cruciales para consolidar el reordenamiento del sector, porque el riesgo de fracaso siempre está latente en la confianza de estirar el elástico. Solo la sensatez nos pone a salvo de este peligro. Y ésta entraña actuar con lucidez, claridad y determinación.

En la reciente elección de su directiva nacional, la Democracia Cristiana escogió postular un candidato presidencial. Confirmó, asimismo, que competirá dentro de la coalición de centroizquierda a la que aportará sus propuestas programáticas.

Hoy, la figura mejor posicionada del partido es Carolina Goic. La senadora está en condiciones de concitar la más amplia adhesión de la próxima Junta Nacional, y de sustraer al partido de unas primarias internas. Es un camino legítimo e innovador, pues se concentrarían en una misma persona las investiduras de presidente y de candidato.

Sin embargo, antes de la selección del candidato es imperativo, es condición sine qua non, que la colectividad decida y declare explícitamente su compromiso de concurrir a las primarias institucionales del 2 de julio junto a quienes está construyendo el pacto parlamentario de la centroizquierda.

Si no se cumple este paso preliminar, la amenaza de ruptura de la centroizquierda, que pasa por el corazón de la DC, cobra realidad, al igual que el triunfo de la derecha y la más demoledora derrota parlamentaria del partido en toda su historia. No pasaría de los 13 diputados y habría regiones en que no tendríamos expresión.

Quienes buscan romper la centroizquierda desde nuestras filas, reemplazándola con acuerdos con la centroderecha, le están haciendo un daño irreversible al partido. En lugar de unir, crean problemas que incluso van más allá de nuestra doctrina.

Hace solo dos meses hubo una encuesta nacional: las elecciones municipales de octubre. Si bien es cierto el innegable triunfo de la derecha en la elección de alcaldes, en la de concejales, que es la que abarca a toda la ciudadanía y no se circunscribe sólo a algunas comunas emblemáticas, la Nueva Mayoría obtuvo un mayoritario porcentaje de votos, derrotando a nivel nacional a la oposición.

Si actuamos unidos podemos repetir y aumentar esa ventaja con el candidato o candidata que resuelva la primaria de julio.

 


SÚBITO DESENLACE DC

4 abril, 2016

Jorge Pizarro

Súbito Desenlace

La capacidad de respuesta a la crisis es el principal síntoma de una colectividad política institucionalizada. Las normas rigen y se imponen, las estructuras orgánicas de deliberación funcionan, y los principales liderazgos, cualquiera sean las distancias que los separen, se muestran proclives a postergar sus disputas para un mejor momento.

La Democracia Cristiana volvió a demostrar en su junta nacional del fin de semana por qué es un partido que ha resistido el paso del tiempo, y por qué se alza como la principal fuerza política de la Nueva Mayoría.

La decisión del senador Jorge Pizarro de renunciar a la presidencia de la DC, no era algo que escapara a la intuición de militantes y dirigentes. Se preveía que tarde o temprano habría de ocurrir, pero era un desenlace sin fecha ni hora de consumación. Dependía de la conjugación de variados factores, uno de los cuales, no el único ni el principal, era la correlación de fuerzas que se consolidara en la asamblea del sábado.

Había quienes aseguraban controlar una mayoría disponible para frenar los intentos de renovación. Y había otros que apostaban al estado de la opinión, que se configura a través de discursos, gestos, aplausos, voces y demostraciones de apoyo o de reproche, imperceptibles para el mejor de los analistas, habituado a trabajar con estadísticas, tendencias y comportamientos públicos. El caso es que ni los más perspicaces y mejor adiestrados en los rituales democratacristianos, pudo anticipar la súbita e indeclinable dimisión del presidente del partido.

Pizarro precipitó la crisis de la Democracia Cristiana, pero al hacerlo, permitió a la colectividad elaborarla, remontarla, construir una salida legítima, oportuna y eficaz en el marco de la organización y de sus estatutos, y respetando las prácticas y tradiciones partidarias.

Más allá de las controversias, propias de una coyuntura incierta y, por ello, desconcertante, la solución consensuada cobró su mayor potencia y eficacia por el hecho de haber tenido lugar en la Junta Nacional, que es la máxima instancia de deliberación del partido. De esta manera, toda la colectividad pudo hacerse partícipe de la alternativa propuesta, y toda quedó comprometida con la nueva gestión así como con las consecuencias buenas y malas que ésta traerá consigo.

No es intrascendente que la militancia falangista se haya puesto detrás de la mesa encabezada por la senadora Carolina Goic en un partido que ha venido haciendo noticia por sus fuertes polémicas públicas. Y no es irrelevante la imagen de sus expresidentes puestos de pie para proteger las espaldas de la flamante directiva. Probablemente, también lo habrían hecho Patricio Aylwin, Renán Fuentealba, Eduardo Frei, Alejandro Foxley y Enrique Krauss, ausentes en esta ocasión.

Se trata de algo más que una señal de orden y continuidad, lo que en sí mismo no es poco decir en un convulso ambiente político nacional que observa a diario el derrumbe de héroes y fortalezas. La Democracia Cristiana zanjó definiciones claves para su proyección política que deben ser aquilatadas con la debida serenidad de juicio.

Es crucial que, en contraste con el negativo balance que algunos le oponen a la proyección de la coalición de gobierno, la DC haya reconocido y reafirmado las transformaciones impulsadas por la Concertación y, ahora, por la Nueva Mayoría. Es igualmente concluyente que, en respuesta a quienes pretenden ceder la nominación presidencial o aspiran a forjar alianzas con sectores de centro derecha, la Junta Nacional haya declarado su voluntad de presentar candidatura presidencial dentro del espacio político de centro izquierda. Y que, desde ya, el partido de la flecha roja haga explícita su decisión de movilizar los recursos técnicos e intelectuales a su haber, para generar propuestas de política pública que iluminen la campaña municipal y se proyecten en el próximo programa presidencial y en la oferta que le hará al país para liderar un nuevo gobierno de centro izquierda.

Pero, por sobre todo, es meritorio que la DC haya resuelto respaldar con firmeza la agenda sobre probidad y transparencia y las instituciones derivadas de ella. Es loable que el partido de Frei Montalva, tan evocado en esta oportunidad, se proponga asumir el liderazgo de las buenas prácticas políticas, y esté dispuesto a que se castigue con pena de cárcel y pérdida del escaño a quienes infrinjan gravemente las normas sobre gasto electoral, y a eliminar de sus plantillas de candidatos a quienes hayan incurrido en faltas a la probidad y a la ética pública.

El problema de las sociedades penetradas por la competencia salvaje intrínseca al neoliberalismo, es un problema moral. La inmoralidad de las injustas, y no menos violentas, estructuras económicas y sociales que genera, y, peor que ésta, la inmoralidad de las estructuras políticas e institucionales que, incapaces de defenderse de la erosión corruptora y opresiva del robo legal, impiden el progreso de estas sociedades hacia su mayor bienestar y prosperidad. Por eso, que haya partidos de inspiración humanista, como la DC, capaces de reaccionar y de restablecer los valores y principios éticos que dignifican a las personas y comunidades, es un capital político que debería ser apreciado, sin mezquindades, como una riqueza de todo el país.

Súbito Desenlace DC


DESENFADO DE LA ELITE

1 marzo, 2016
La Grande Belleza

La Grande Belleza

No tiene sentido seguir ocultando la lucha ideológica que se libra al interior de la Democracia Cristiana. Una disputa entre dos visiones sobre el pasado, presente y futuro de la colectividad, que supera todos sus mecanismos de resolución de conflictos, y que no se zanjará en la junta nacional de abril. No consiguió hacerlo en su V Congreso —cuyos acuerdos pasaron a archivos—, y desde hace cinco años que no hay voluntad de realizar otro congreso. Tendrá que ocurrir una crisis que sacuda sus cimientos y que, probablemente, sea detonada por su propia irresolución.

Nadie puede ignorar el diseño estratégico que, semana a semana, se escribe en las páginas de la prensa tradicional. Es un mensaje potente, pues no parece encontrar réplica en las estructuras legítimas de representación de la falange, aun cuando es resistido por su cultura política y por su base sociológica, que son las propias de un partido de centroizquierda y popular.

¿Qué persigue esta estrategia? Quebrar la Nueva Mayoría y configurar una alianza de centroderecha; no ahora, sino de cara al gobierno de 2018. ¿Cuál es su discurso ideológico? Una reminiscencia del pasado: la restauración de la política de los consensos seguida durante la transición, cuando sus nostálgicos dominaban la escena.

¿En qué consistió esta política de los consensos? En lo que Carlos Huneeus ha caracterizado como La Democracia Semisoberana. Un orden político donde no existió acuerdo sobre la Constitución, los derechos humanos, el papel de Estado en la economía, las relaciones laborales, ni el sistema tributario. Un régimen que limitó las facultades del Congreso y del Presidente, y que amplificó las del Senado, el Tribunal Constitucional y el Banco Central, con el beneplácito de estas mismas elites.

Si resisten las reformas, es porque son tributarias de aquella matriz institucional de continuidad. Y si resulta una ironía que emulen la economía social de mercado, es porque el éxito del modelo alemán se basa en la distribución del poder y la autoridad, la organización de la sociedad, el peso equivalente de empresarios y trabajadores, y partidos políticos que no son desbordados por grupos con ventajas fácticas en las comunicaciones y en el mercado. Nada de lo cual figura en su programa.

Hacia una democracia de mayorías