EL SECRETO DE PEÑA

22 agosto, 2016

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El problema de Peña es su disonancia cognitiva. Es la íntima tensión, por incompatibles, entre sus creencias y su comportamiento.

Para resolver esta contradicción, Peña opta por aquella alternativa que le provoca menor distorsión a su ego: elige el actual estatus social y cultural que detenta, y los intereses asociados a él, y sacrifica las creencias de que es tributario —el pensamiento crítico y totalizante de los años sesenta— imputándoselas a Bachelet y, luego, condenándolas. Como en el vudú, clava alfileres en un muñeco de trapo con la expectativa de conjurar su propio pasado.

Por eso, Peña puede pasar con facilidad de la pasión apologética por Bachelet al desamor lacerante.

Peña escribía de ella, el 17 de julio de 2005, siendo aún no más que vicerrector académico de la UDP, a propósito, como ahora, de la Encuesta CEP, y cuando Verónica Michelle Bachelet aún no llegaba a La Moneda:

«El secreto de Verónica es, a fin de cuentas, ser como usted o como yo, y no esmerarse en ocultarlo con frases bíblicas y citas de segunda mano o con ideas ingeniosas que entretienen, pero no identifican a nadie. Y la política ―una maldición para la “public choice” y todos los economistas botados a cientistas políticos― todavía necesita apelar a esa dimensión de nuestra vida que reclama reconocimiento, ésa en la que usted y yo buscamos consuelo y algún motivo para creer que, en medio de tantos sinsabores, a veces espera un final feliz».

«Ay desamor, desamor / negro desamor / feroz desamor», cantará Serrat de pie, sólido frente al vértigo.

El secreto de Verónica

La caída de Bachelet

 

 

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