LA CONVICCION

30 abril, 2017

La actitud de los principales voceros de la tesis, mostraba el aplomo propio de quienes parecían saber que actuaban sobre seguro.

Si nos preguntáramos cuál fue el tono del discurso inaugural de la senadora Carolina Goic en la última junta nacional de la Democracia Cristiana, diríamos que fueron expresiones como «política del matonaje», «ultimátum», «amenazas» y «miedos», un relato diametralmente opuesto al de su proclamación en el conclave del 10 de marzo. Ahí había reiterado su convicción de mantener a la colectividad en la centroizquierda.

«Creo firmemente en la importancia que ha tenido la alianza de la centroizquierda para la gobernabilidad y desarrollo del país —declaró en febrero—. Creo que es importante mantenerla y eso significa sumar fuerzas y llegar a una primaria y tener un candidato único de la fuerza de centroizquierda.»

El de ahora era el lenguaje de la recriminación, de la ruptura y del distanciamiento, un giro que pocos atinaban a comprender y que la mayoría procuraba explicarse.

¿Qué había producido el cambio de convicción de Goic?

El laguismo democratacristiano había resentido el resultado de la elección del Partido Socialista, que auguraba un mal horizonte para las aspiraciones de Ricardo Lagos. La forma en que el Comité Central había granjeado su apoyo a Alejandro Guillier y precipitado el retiro del expresidente, constituía un duro golpe para el sector. El candidato del radicalismo había obtenido el 65 por ciento del pleno, una cifra cercana a las adhesiones que los partidarios de la primera vuelta tenían a su haber en la máxima instancia de deliberación de la Democracia Cristiana.

Por eso, a una semana del cónclave, la convicción de contar con el voto mayoritario de los delegados y la convicción de ir a primera vuelta, fueron todo uno. Luego vinieron el respaldo de Eduardo Frei a la nueva convicción de Goic y el apabullante despliegue comunicacional de los conocidos heraldos del camino propio en las cadenas de El Mercurio y Copesa, y en los principales canales de televisión. Así que cuando el vicepresidente Matías Walker concurrió a la cita reservada de los timoneles de la Nueva Mayoría y les notificó que la tienda iría a primera vuelta, actuaba con la misma certeza de controlar el 62 por ciento de la junta, lo que les espetó osadamente. En los hechos fue el 63 por ciento de los 603 delegados que efectivamente votaron.

Pero Walker no era el único que irradiaba la seguridad del triunfo. La actitud de los principales voceros de la tesis, mostraba el aplomo propio de quienes parecían saber que actuaban sobre seguro. Sus palabras danzaban en una pirotecnia de eufemismos, como la pretensión de que la asamblea estaba de acuerdo en cuestiones esenciales —que el espacio de la DC seguía siendo el de la centroizquierda, que había sido desechado el camino propio, o que se mantendría el apoyo al gobierno— cuando no lo estaba en ninguna.

No pocos arrestos de demagogia y populismo prendían como pólvora frente a una audiencia ampliamente colonizada por enfervorizados invitados fraternales, los primeros en subir al podio y los últimos en permitir la palabra a sus oponentes. Los que ayer habían alentado la candidatura de Lagos y defendido el mecanismo de primarias eran ahora los más exultantes promotores de la primera vuelta. Sin embargo, pese a sus notables giros dialécticos, nunca pudieron demostrar que el domicilio de la DC seguía siendo la centroizquierda en el momento que se consumaba el quiebre con la centroizquierda. Jamás pudieron dar razones de cómo se alcanzaría un acuerdo parlamentario con dos candidatos presidenciales, cuando los demás partidos habían respondido que no estaban disponibles para ello. Y si creían que Goic no tenía cómo vencer en primarias, no pudieron explicar cómo conseguiría hacerlo en noviembre. Fue el profundo vacío estratégico, empapado de voluntarismo mesiánico, que la junta dejó pendiente de ser llenado con racionalidad… y convicción, naturalmente.

Se abre una etapa de incertidumbre que cambiará la relación de la falange consigo misma, con sus antiguos aliados y con el gobierno, pero estos son los desafíos que vencedores y vencidos tendrán que saber administrar en los meses que vienen.

PR: cada candidato con su lista parlamentaria

Goic no transa; tiene la decisión tomada

La posición del PS

PPD: se cierra un ciclo

El suicidio

 


DOSIFICACION ESTRATEGICA

18 abril, 2017

 

¿Cuál ha sido la manera en que se ha ido imponiendo la primera vuelta en la sensibilidad democratacristiana?

Ha sido gota a gota y sin horizonte político y programático claro.

Primero, se dijo que la decisión la tomaría la Democracia Cristiana después de las elecciones municipales de octubre de 2016.

Después, se afirmó que se zanjaría en la junta nacional convocada para enero de este año.

En los meses de verano se sostuvo que sería en la junta de marzo.

En la junta de marzo que proclamó a la candidata presidencial se afirmó que sería en otra asamblea a realizarse a mediados de abril, después de expirar el plazo de inscripción de los partidos.

Luego se la fechó el 29 de abril, dos días antes del cierre de la inscripción para primarias.

El pasado domingo, anticipándose al pronunciamiento de la junta, la senadora Carolina Goic, que reúne además las investiduras de presidenta de la colectividad y candidata presidencial, declaró su convicción de ir a primera vuelta.

Visto este itinerario, ¿qué se querrá hacer en la junta del 29 de abril?

Se buscará respaldar la convicción de Goic.

Para aplacar las resistencias de quienes desean primarias y —como ha ocurrido hasta ahora— proyectar la imagen de unidad y cohesión internas, se agregará que dicho acuerdo sería eventualmente revisado más adelante si la candidatura no prendiera antes del 21 de agosto, fecha en que se cumplen los plazos para inscribir las postulaciones presidenciales y parlamentarias.

Lo más probable, sin embargo, es que hasta el 21 de agosto los partidos de la coalición sólo permanezcan atrapados en un compás de espera confiados en la falsa premisa de que Goic decline su candidatura y, a cambio, se configuren una o dos listas parlamentarias y un solo candidato de la Nueva Mayoría.

Pero esto nunca ocurrirá.

El aprendizaje colectivo que han dejado las recientes experiencias vividas por los partidos, debería llevar a sus actores a fijar expectativas claras, definidas y concluyentes en la Democracia Cristiana antes de su junta nacional.


GOIC Y LA CRISIS DC

16 abril, 2017

En agosto de 2015 ya era previsible el liderazgo de Carolina Goic. Era distinguible por el fuerte contraste que oponía su estilo al darwinismo político del que su propia colectividad, la Democracia Cristiana, había sido víctima. Una cultura de la selección natural donde los más fuertes acaban imponiéndose a los más débiles, y donde los poderes fácticos —económico y comunicacional— terminan subyugando al poder político y sustituyendo el diálogo racional, democrático y deliberante por una opinión mediática, líquida y efímera.

Entonces la figura de Goic irrumpía como una corriente de aire fresco en la densa atmósfera creada por las vetustas maquinarias orgánicas, los liderazgos gastados y los discursos sesentañistas. Así lo demostró en el seno de la falange durante los meses siguientes, al punto que su opción no halló obstáculos, sino, al revés, abundantes muestras de apoyo y colaboración que vinieron a consolidar su ascendiente en la colectividad.

Sin embargo, en los cuatro meses que han corrido desde que lanzó su candidatura, Goic no ha conseguido remontar el vuelo.

Decidida a cargar con el pesado lastre del camino propio, toda su agenda de campaña ha venido siendo colonizada por la confrontación con los aliados, la matización de las diferencias con la derecha, el anticomunismo atávico, y el progresivo condicionamiento de la permanencia DC en la coalición. Dos incidentes protagonizados en menos de cuarenta días —a propósito de Cuba y Venezuela— pudieron dibujar en el rostro empático de la candidata las muecas de una Guerra Fría perdida en el tiempo. Fue la paradoja que percibió la opinión pública: ¿cómo se puede estar en la centroizquierda y hacer del cisma el leitmotiv de una propuesta de campaña? ¿Qué sentido tiene perfilar una identidad que la derecha afina con mayor oficio? ¿Era esto lo que gustaba llamar coalición 2.0?

Goic es consciente de estar escribiendo la crónica de una muerte anunciada. Sabe que su voluntad de llegar sola a primera vuelta con una lista parlamentaria propia, conduce a la derrota de la centroizquierda y a la jibarización de la Democracia Cristiana. Y sabe que tras la crisis gobernará la derecha más involucionista, el duro martillo que golpea sobre el yunque a los más pobres. Es el atajo hacia una coalición de centro reformista para 2021.

La carta de alejamiento de Ricardo Hormazábal, uno de los líderes más prominentes de la transición democrática, no debería dejar lugar a dudas al respecto.

Sin mí no hay primarias, ha sugerido la candidata. Y tiene razón. Pero nadie es más grande que la Democracia Cristiana, solía decir Radomiro Tomic. Las horas que vienen darán testimonio de ello.

 

Goic y la crisis DC

Aldo Cornejo: Si la DC va a primera vuelta se acaba la Nueva Mayoría

Jorge Pizarro: Se formará coalición de centroizquierda sin la DC

 

 


UNA SIMBIOSIS BENEVOLENTE

14 abril, 2017

Se trata de una reciprocidad benevolente que opera en dos direcciones: el pacto parlamentario potencia al candidato presidencial y éste a cada uno de los postulantes al Congreso. Lo cual es consistente con la finalidad política de garantizar gobiernos de mayoría.

Si las primarias y la lista parlamentaria están desacopladas, es decir, si no tienen ninguna conexión entre sí, entonces el acuerdo sobre una y otra se construye en momentos distintos. El primero, antes del 3 de mayo; el segundo, antes del 21 de agosto.

Si la Nueva Mayoría quisiera participar en primarias presidenciales, el plazo para inscribir las candidaturas que competirán entre sí para dirimir al vencedor se cumple a las 12 de la noche del miércoles 3 de mayo.

Puede ser que la candidata de la Democracia Cristiana, Carolina Goic, resuelva en la junta nacional del 29 de abril no concurrir a primarias y, por lo tanto, no inscribir su candidatura. En tal caso, el cierre de los procesos no tendrá importancia para ella, ni para Alejandro Guillier, el otro candidato de la Nueva Mayoría, pues, si ninguno declinara su opción, ambos seguirían en carrera hasta la elección del 19 de noviembre. No habrá primarias y dejará de existir la Nueva Mayoría como alianza electoral y, probablemente, de gobierno. Simultáneamente, al otro lado del espectro político, la coalición de centroderecha se hallará formalizando tanto su participación en primarias como su oferta parlamentaria.

Ni Guillier ni Goic estarán apremiados a inscribir su lista parlamentaria sino hasta el 21 de agosto. Sin embargo, antes del 3 de mayo —incluso antes del 29 de abril— ambos tendrán que dar a conocer la estructura del pacto parlamentario que quieren ofrecerle al país. Esto, porque cada candidato, sea a presidente o a congresista, querrá sacarle el mayor provecho electoral al apoyo ciudadano que tiene a su haber. Y esto se consigue mediante la simbiosis que se produce entre la elección del candidato presidencial y quienes pretenden un sillón en las cámaras legislativas, una asociación de íntima colaboración que sólo la psicología social puede desentrañar en sus detalles, pero que se ha venido confirmando por más de un cuarto de siglo en las elecciones de alcalde y concejales.

Se trata de una reciprocidad benevolente que opera en dos direcciones: el pacto parlamentario potencia al candidato presidencial y éste a cada uno de los postulantes al Congreso. Lo cual es consistente con la finalidad política de garantizar gobiernos de mayoría. Al igual que en los regímenes parlamentarios, el alcalde necesita contar con la mayoría del concejo municipal, como el gobernador regional precisa la mayoría del consejo regional para asegurar la estabilidad y eficacia de su gestión. Por eso, en la práctica, ambas elecciones marchan indisolublemente unidas.

Dicha circunstancia determina lo que ocurriría en cada uno de los siguientes escenarios:

1 Se compite en primaria y con un pacto parlamentario común. Todos los partidos de la Nueva Mayoría se alinean tras el candidato único que se elija en las elecciones primarias del 2 de julio y respaldan la lista única parlamentaria que concuerden. Es la fórmula que otorga el mayor rendimiento electoral parlamentario de la Ley D’Hondt para el 47 por ciento de apoyo en las urnas que los partidos de la coalición obtuvieron en la pasada elección de concejales.

2 Se compite en primaria con dos pactos parlamentarios. Todos los partidos de la Nueva Mayoría se alinean tras el candidato único que se elija en las elecciones primarias del 2 de julio y, según la lista que conformen, apoyan los dos pactos parlamentarios que determinen. La cifra repartidora del sistema proporcional reduce moderadamente el rendimiento electoral de cada partido en las parlamentarias, especialmente de los mayoritarios, aunque estos cuenten con una oferta más diversificada.

3 Se compite en primera vuelta con un pacto parlamentario. Se configuran dos opciones presidenciales, las de Guillier y Goic, con un pacto único parlamentario de la Nueva Mayoría. Se divide el electorado potencial de la coalición que, en la última elección de concejales ascendió al 47 por ciento, entre Guillier y Goic. A lo menos la candidatura falangista debería captar el 12.7 por ciento conseguido en la municipal, el que, teóricamente, debería restarse al obtenido por toda la Nueva Mayoría. Pero esta proporción no debería ser simétrica en la elección parlamentaria, pues lo más probable es que por simbiosis benevolente, la mayor parte de los candidatos a parlamentarios incline sus campañas hacia la carta con mejores chances, y viceversa. De cualquier modo, los contrastes que se han buscado marcar entre Guillier y Goic, cuando aún no se inicia la competencia definitiva, anticipan la polarización subsiguiente y la ventaja que cobrará de ello la centroderecha.

4 Se compite en primera vuelta con dos pactos parlamentarios. Por una parte, los partidos que permanecen en la Nueva Mayoría se alinean con un candidato presidencial y una lista parlamentaria común, y por la otra, la Democracia Cristiana postula su candidatura presidencial y su lista parlamentaria. Se divide el electorado que respaldó a la Nueva Mayoría en la elección de concejales de octubre y, en consecuencia, ordenada por sus primarias, la centroderecha tomará la delantera. Para todos los efectos de cálculo electoral, si la base de apoyo de la DC es del 12 por ciento, la del PS es del 11, la del PPD de 9, y la del PR del 7 por ciento. De modo que cada grano de arena cuenta a la hora de provocar el efecto mariposa.

Este electorado no dará sorpresas.

Una crisis larvada

No hay condiciones para primarias…

Girardi: primarias y dos pactos

PPD: un candidato y dos listas

DC se abre a pacto

Candidatura y pacto

Primera vuelta y pacto propio


LA FICCION DE TODOS CONTRA TODOS

1 marzo, 2017

Todos contra todos

Carlos Huneeus, cientista político muy emulado por sectores progresistas desde que publicó su último libro La Democracia Semisoberana, decía que la primera vuelta del año 2005 era la primaria de la derecha para la elección del 2009, porque aquella elección, donde Lavín y Piñera se enfrentaban a Michelle Bachelet, ambos la daban por perdida. Agregaba el profesor universitario que la finalidad de la derecha al presentarse dividida era fortalecer su plantilla parlamentaria, pues esto se «conseguía mejor con un candidato presidencial propio que con uno común».

El tiempo le dio la razón a Huneeus. Esa vez, como era lo previsible, Bachelet ganó la elección presidencial, Piñera —que se impuso a Lavín— fue el candidato del sector en 2009, y, además, logró que en la parlamentaria de 2005 su partido, Renovación Nacional, obtuviera 19 diputados impidiendo así que la UDI, su contendora, lo fagocitara.

Desde entonces Huneeus ha cambiado de opinión, aunque los datos de la realidad siguen siendo los mismos y su libro no ha dejado de proporcionar fundamentos políticos para un gobierno de mayoría sostenido en una coalición de centroizquierda. Ahora el exdiplomático piensa que el próximo mes de noviembre debería ser el escenario para una batalla de todos contra todos. Todos los presidenciables contra todos los presidenciables en primera vuelta sin pasar por primarias. Todos los partidos contra todos los partidos sin necesidad de pactos. Después se verá qué hacer para encarar una segunda vuelta. Él supone que habrá voluntad y condiciones para un consenso de gobierno.

Sin embargo, Huneeus no explica cómo es que RN y la UDI no insistieron en dividir sus fuerzas en 2009 y 2013, sino que, por el contrario, primero se unieron en torno a Piñera y, después, detrás de la candidatura de Matthei luego de haber participado en primarias. Tampoco aclara cómo un voto político de la Junta Nacional DC a favor de la primera vuelta y de una lista parlamentaria exclusiva, podrá arrastrar a todo el sistema de partidos, a la sazón 33 constituidos, a hacer lo mismo. Y no da luces acerca de cómo, tras esta madre de las batallas, los heridos podrán ponerse de acuerdo en el tiempo que media desde noviembre a diciembre, para concordar un gobierno distinto del «aventurerismo» que le imputa a la candidatura de Guillier.

No hay respuestas políticas.

Todo indica que la imaginación sociológica, tan fecunda en el estudio de la dictadura y de la transición democrática, parece haber abandonado el diseño de escenarios cuyo principal requisito es su verosimilitud.

Carlos Huneeus, Todos a primera vuelta, El Mercurio.

Huneeus y la posverdad

El extravío de la teoría política


GOIC TIENE OPCION EN PRIMARIAS

26 febrero, 2017

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¡Por primera vez, en la historia de este siglo, surge un liderazgo tan interesante en la DC! Ella representa la renovación de la sociedad chilena, la transición a las generaciones globales.

Karla Altamirano Pérez
contacto@diarioconcepcion.cl

Esta fue una semana intensa para la Democracia Cristiana, marcada por la candidatura presidencial de Carolina Goic, que podría saltarse las primarias de la Nueva Mayoría para correr directamente en primera vuelta, y por la prohibición de Cuba a que Mariana Aylwin ingresara a la isla, lo que tensionó aún más la relación de la DC con sus socios de la Nueva Mayoría, en el especial el PC. Y si la semana fue particularmente atractiva para analistas y politólogos externos, con mayor razón para los que pululan al interior de la Falange, cuyo análisis puede influir en dirigentes y militantes a la hora de tomar decisiones clave para la colectividad.

Es el caso de Rodolfo Fortunatti, sociólogo y doctor en Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, vicepresidente del Frente de Profesionales de la DC. Perteneciente al grupo de los denominados “Chascones”, la corriente más a la izquierda del partido, es cercano a Belisario Velasco, con quien comparte una amistad de larga data, y una misma visión del rol del partido y de la responsabilidad que a éste le cabe dentro (y no fuera) de la Nueva Mayoría.

– ¿Cómo ve la situación que vive hoy el pacto? ¿Tocó fondo la Nueva Mayoría en cuanto a las relaciones entre sus socios?

– Estamos viviendo un proceso de actualización y revitalización. Es un tiempo de ajuste, uno en que tenemos que sentarnos a evaluar nuestras debilidades y errores, corregir el camino para presentar al país una alternativa. La única forma de defender a la ciudadanía de los abusos de poder es con un gobierno de mayorías.

– Para un partido que ha sufrido “bullying” y que ha manifestado no sentirse en su coalición y en particular con algunos de sus socios, ¿cómo se puede mantener esa unidad? ¿No es más honesto separar aguas?

– Los malestares siempre van a estar, pero lo realmente importante es llegar a nuevos consensos. La DC es el partido mayoritario de la coalición, con la tercera parte de los parlamantarios del conglomerado. La DC es el principal partido en términos de votación al interior de la Nueva Mayoría y las vicepresidencias de la República, en el último tiempo, han caído en demócrata cristianos, lo que indica la capacidad que tiene este partido de hacer valer su presencia mayoritaria.

Los malestares que hay, deberían ser parte de un nuevo consenso. Uno que reconozca el papel de cada colectividad, lo que debería darse en la próxima junta. Tenemos que ampliar la coalición, integrar a nuevas fuerzas de izquierda, progresistas, de sectores independientes y, en una opinión personal, yo te diría que incluso gente de centro derecha para equilibrar las fuerzas. La sociedad chilena y la política actual han tenido muchos cambios. El electorado no es el mismo que hace 5 años y, frente a esa nueva realidad, la Nueva Mayoría tiene que ofrecer más opciones.

– ¿Cómo debería responder la coalición a este cambio en los electores y la ciudadanía?

– Esto no es un fenómeno nacional. Los que deciden son una minoría y, por intentar representar a todos, las encuestas no reflejan lo que sucederá en la realidad. Primero debemos orientar las ofertas programáticas a los votantes y después, con el tiempo, tal vez con los años, aproximar la política a la ciudadanía, transparentar y presentar nuevas candidaturas. Carolina Goic representa este cambio.

– En los últimos días se ha hablado mucho de ir a primera vuelta con Goic y no a primarias…

– La opción de Carolina Goic va ligada a una coalición de centro izquierda y, parte de eso, es una primaria donde compitan todas las fuerzas de centro izquierda. Ella no cree en el camino propio.

– Piñera no le habría ganado a Lavín de haber aceptado ir a primarias en 2005…

– No es la misma situación. Carolina Goic tiene oportunidad de ganar en primarias. No tenemos forma de saber lo que pasará en 4 meses más, pero tenemos tiempo suficiente para, en un partido con más de 20 mil militantes, conquistar a los votantes. Tenemos capacidad de movilización y, si todo el partido se pone detrás de ella, no está escrito nada.

– Puede Carolina Goic competir contra la popularidad de Guilier y la experiencia de Lagos?

– ¡Por primera vez, en la historia de este siglo, surge un liderazgo tan interesante en la DC! Ella es una mujer de 44 años, representa a las generaciones de reemplazo, representa un recambio y tiene el apoyo del partido. Ella representa la renovación de la sociedad chilena, la transición a las generaciones globales. Es un liderazgo empático. Ella puede conquistar las elecciones. Yo le veo muchas posibilidades a su candidatura y creo que los jóvenes van a provocar el cambio. Ella, en este momento, es inatacable.

 

Padres de un mundo que nace

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TRAYECTORIA DE UNA LUCHA

22 enero, 2017

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A lo largo de la secuencia se puede apreciar la trayectoria de una lucha de ideas que ha hecho de la defensa de la identidad del Partido Demócrata Cristiano como parte, primero, de la Concertación de Partidos por la Democracia y, después, de la Nueva Mayoría, un testimonio permanente.

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En las siguientes páginas el lector hallará una compilación de las definiciones políticas que hombres y mujeres democratacristianos hemos tomado frente a los principales hitos de los últimos cuatro años.

A lo largo de la secuencia se puede apreciar la trayectoria de una lucha de ideas que ha hecho de la defensa de la identidad del Partido Demócrata Cristiano como parte, primero, de la Concertación de Partidos por la Democracia y, después, de la Nueva Mayoría, un testimonio permanente.

En cada uno de los relatos de esta lucha de ideas subyace una memoria histórica sin la cual es difícil aquilatar en su real magnitud el rol desempeñado por nuestra colectividad en el pasado, y, menos aún, construir la política del mañana. Porque en los tiempos que corren, la mayor batalla ideológica no se está librando contra ideas racionales, sino contra creencias, supersticiones y emociones estimuladas por los medios de comunicación, por sus controladores y por quienes tienen acceso privilegiado a sus tribunas. Nociones que escapan al método y al análisis objetivo o, si se quiere, consensuado de la realidad. Y que, desde luego, constituyen una amenaza para una vida cívica fundada en el diálogo, la empatía entre semejantes y la colaboración recíproca.

Chile es un país profundamente injusto. Donde sus estructuras e instituciones sociales exhiben dramáticos déficit de humanidad. Y donde la humanización de sus formas de organización no vendrá de ideologías deshumanizadoras, como la neoliberal, sino de vertientes culturales que ponen en el centro de sus preocupaciones a las personas, a las comunidades y a sus derechos. Vendrá de fuerzas políticas y sociales con capacidad de subordinar sus intereses particulares a las necesidades de justicia y de libertad de las grandes mayorías desempoderadas y excluidas del bienestar y el progreso.

Por casi tres décadas las esperanzas de ver realizados estos ideales han descansado en una alianza de centroizquierda que ha enriquecido nuestra tierra y ha dignificado la vida de su gente. El eje de esta convergencia de voluntades organizadas, y la garantía de su éxito, ha sido la Democracia Cristiana. A su vez, la fortaleza de nuestro partido se ha nutrido del ejemplo moral de sus grandes líderes, del compromiso activo de sus militantes, y de ser una comunidad de personas que respeta las instituciones y resuelve sus controversias a través del imperio de normas y estructuras formales. Esta virtud convierte a la falange en lo que Carlos Huneeus ha denominado acertadamente un partido institucionalizado.

Sin embargo, nunca como en los últimos años, se hizo desembozadamente explícita una estrategia de ruptura. Resistirla y derrotarla es una tarea de las generaciones globales de reemplazo, que poseen una mirada cosmopolita y son sensibles a las catástrofes, a los crímenes contra la humanidad que dieron universalidad a los derechos fundamentales, a los principios y expectativas de igualdad, y a la lucha por la redistribución que amenaza el futuro. Emancipadas, en consecuencia, de los lastres de un pasado que va quedando atrás con el siglo xx.