EL ROSTRO DEL PROGRAMA

9 mayo, 2017

«Hoy debemos entender la salud como un bien de protección social que pone su acento en las personas como sujetos de derechos exigibles. Nos proponemos avanzar gradualmente hacia un sistema con reglas de garantía y acceso de carácter universal

V Congreso de la Democracia Cristiana, § 267

Pedro García, ex ministro de Salud de Ricardo Lagos, y Manuel Inostroza, ex superintendente de Salud de Lagos, Bachelet y Sebastián Piñera, son dos figuras destacadas de Progresismo con Progreso. El grupo de talante liberal, erigido como principal detractor de la Nueva Mayoría y activo promotor de la ruptura democratacristiana con la coalición de gobierno, es también la cara visible del programa de Salud de la falange. Su estreno ocurre simultáneo a la crítica que la presidenta del partido ha hecho a la política pública de inversión en infraestructura hospitalaria.

La crítica, sin embargo, omite que los problemas en el sector se arrastran desde la administración Piñera, cuando no se hizo más que licitar y diseñar nuevos hospitales, pues los trabajos de los recintos que efectivamente se levantaron comenzaron en el primer gobierno de Bachelet. Tampoco se hace cargo de la pesada herencia recibida: obras abandonadas, reiterados retrasos, falta de financiamiento, quiebra de empresas constructoras y boletas de garantía falsas. Todo lo cual fue puesto de manifiesto en el Informe emanado de la Comisión Investigadora de Infraestructura Hospitalaria de la Cámara de Diputados, aprobado en abril de 2015.

Aunque el programa de gobierno de la Democracia Cristiana aún no ha sido sancionado por las instancias regulares de la colectividad, lo que se conoce como el bosquejo de bases programáticas asegura que se retomarán las concesiones a privados no sólo para la construcción de hospitales, sino también para parques urbanos, equipamiento deportivo, centros de cultura y transporte público.

Una tibia alusión a lo mal que lo han hecho los privados procura tranquilizar aseverando que los mecanismos vigentes serán revisados y transparentados, algo que ya está realizando el Banco Mundial por encargo del Gobierno.

Informe de la Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados

ELEFANTES BLANCOS, la experiencia de las concesiones hospitalarias

Empresas abusaron del sistema y generaron la sensación que no se pueden construir hospitales de forma directa

Proyecto de Ley Salvador

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FIRMES Y UNIDOS: CLAVES PARA 2017

6 noviembre, 2016

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«Es difícil que la composición de fuerzas que surgió de las municipales cambie de ahora al próximo año, así que habrá que resignarse a la idea de que la lucha se dé en los márgenes electorales de las principales formaciones. ¿Qué significa esto? Significa que no aparecerá una tercera alternativa en la izquierda, en el centro ni en la derecha.»

La probabilidad de renovación de las fuerzas políticas va asociada a una alta participación electoral y, viceversa, cuando no existen posibilidades para la emergencia y consolidación de nuevos referentes, la abstención se eleva. Es lo que ocurrió en la reciente elección municipal, cuando la abstención alcanzó el 65 por ciento de los ciudadanos habilitados para sufragar. Por contraste, en momentos de intensos cambios, como fueron los registrados a fines de la década del ochenta, cuando se situó en el 5 por ciento, tiende a reducirse.

Es difícil que dicha composición de fuerzas cambie de ahora al próximo año, así que habrá que resignarse a la idea de que la lucha se dé en los márgenes electorales de las principales formaciones. ¿Qué significa esto? Significa que no aparecerá una tercera fuerza en la izquierda, en el centro ni en la derecha. Significa que bajo el nuevo mapa de distritos y de cifra repartidora, quienes se verán más beneficiados serán los grandes pactos electorales y los partidos más grandes. Recordemos que, en vez de 60 distritos, tendremos 28. En cada uno de ellos se elegirán, según la población comprendida, entre 3 y 8 diputados, y no 2 como era antes. En lugar de 120 diputados habrá 155. Y esta vez votarán en la presidencial los chilenos en el exterior.

No solo Revolución Democrática y el Movimiento Autonomista han acariciado la idea de una coalición distinta de la Nueva Mayoría y de Chile Vamos. También han fijado esta expectativa Amplitud y Evópoli, como desde la Democracia Cristiana lo han hecho el senador Ignacio Walker y el grupo Progresismo con Progreso. Todas estas incipientes expresiones tendrán que optar entre unirse a los grandes o iniciar la travesía del desierto.

Pero el riesgo de que la DC quede condenada a la irrelevancia política, es objetivamente verosímil. Hoy la falange cuenta con 20 diputados, equivalentes al 16 por ciento de la Cámara Baja. Con sus 580 mil votos, y corriendo sola, podría elegir 13 diputados y obtener el 8 por ciento del Congreso. La actual consejera regional Mariana Aylwin no podría siquiera pretender una diputación en el distrito N° 11 de Las Condes, Vitacura, Lo Barnechea, La Reina y Peñalolén, sin el apoyo de los comunistas. Es cierto que el alejamiento de la DC provocaría un daño no menor a la Nueva Mayoría, que quedaría reducida al 41 por ciento de la Cámara de Diputados, aunque Chile Vamos no superaría el 49 por ciento y tampoco podría garantizar gobernabilidad.

Muy distinta sería la situación si la coalición oficialista aplicara la máxima de Bernie Sanders cuando se inclinó por Clinton: «unidos somos más fuertes». Porque entonces conquistaría el 56 por ciento del órgano legislativo y la DC más del 17 por ciento con 27 diputados.

Un escenario semejante podría verse considerablemente mejorado de mediar factores que vigorizaran la unidad y cohesión de las coaliciones, como son la selección de candidaturas realmente competitivas, la nominación por procedimientos acordados del mejor candidato presidencial, y un diseño programático que contribuya al diálogo, la participación y el compromiso militante.


LA FATAL PROFECÍA DEL CAMINO PROPIO

27 octubre, 2016

camino

« ¿Qué ocurrió realmente con el camino propio inaugurado por el PRI? El PRI se incorporó al gobierno de Sebastián Piñera y, luego, al pacto de la derecha donde, como era de esperar, sus partidos fuertes, Renovación Nacional y la UDI, lo consumieron hasta convertirlo en una presencia virtual.»

La fatal profecía del camino propio

En la década pasada el Partido Regionalista de los Independientes, PRI, era —al igual que Chile Primero y el Ecologista— una fuerza política en formación a la que se le auguraba un promisorio porvenir. El PRI fue el instrumento que un sector de la Democracia Cristiana liderado por Adolfo Zaldívar empleó para emprender la marcha hacia el camino propio.

La sola fundación del PRI constituyó un fuerte golpe para la DC, y así se reveló en las elecciones municipales de 2008. Aquel año la falange perdió alrededor de 400 mil votos que nunca más volvieron a sus arcas electorales. Entonces el PRI capturó unos 225 mil sufragios correspondientes al 3,7 por ciento de los emitidos, pero cuatro años después, duplicó esta votación y consiguió elegir 135 concejales. Todo un sueño. Superó a los partidos Comunista y Radical. Sin embargo, el domingo pasado se convirtió en la colectividad más castigada por la ciudadanía al perder unos 300 mil electores, bajar al 2,4 por ciento y elegir no más de 42 concejales.

¿Qué ocurrió realmente con el camino propio inaugurado por el PRI? El PRI se incorporó al gobierno de Sebastián Piñera y, luego, al pacto de la derecha donde, como era de esperar, sus partidos fuertes, Renovación Nacional y la UDI, lo consumieron hasta convertirlo en una presencia virtual.

Este es el camino que, tras una persistente, prolongada y descarnada crítica al Gobierno y al programa, ofrece al partido el grupo «Progresismo con Progreso»: abandonar la Nueva Mayoría y competir en noviembre de 2017 con un candidato, una lista parlamentaria, y una lista de consejeros y de gobernadores regionales. Esto significa ir solos, aguantar solos y perecer solos por la identidad partidaria, siempre entendida como el freno perentorio a las transformaciones del modelo y del régimen político heredados de la dictadura.

Curiosamente, los progresistas con progreso no ignoran el fatal desenlace de su oferta política y estratégica. Algunos fueron exitosos organizadores de las Nuevas Generaciones que vendrían a corregir el modelo y a refundar el partido. Otros alzaron las banderas de una cruzada destinada a erradicar a los díscolos sin miramientos. ¡Váyanse, váyanse, váyanse! Es el eco que aún retumba en los pasillos de Alameda 1460 cada vez que se apela a sanciones disciplinarias para restablecer la unidad y el orden de la colectividad.

Un mérito tiene la reedición del PRI que postula el PP, y es que muestra sin ambages ni medias tintas a dónde quiere conducir al partido. Esto obliga a todos los sectores y sensibilidades internas a fijar sus posiciones con claridad y, a la Democracia Cristiana, a plebiscitar las dos vías que tiene ante sí.