EL AMANECER DE LOS DERECHOS ECONÓMICOS Y SOCIALES: LA REFORMA AGRARIA

28 julio, 2017

El viernes 28 de julio se conmemora medio siglo desde que el Presidente Eduardo Frei Montalva promulgó la Ley de Reforma Agraria, marcando con este hito el amanecer de los derechos económicos y sociales en Chile.

El 4 de septiembre de 1964 fue un día de grandes esperanzas. El día que ocurrió el triunfo de Eduardo Frei Montalva, el joven líder de un también joven movimiento político, la Democracia Cristiana. Más de un millón cuatrocientos mil votos, la más contundente mayoría ciudadana que se recuerde en la historia de la restringida democracia chilena, se habían movilizado para testimoniar su adhesión a una fresca y persuasiva promesa de cambios.

Nacía la Revolución en Libertad, una vía política que por su implantación y mística provocaba desconcierto y animadversión en los ambientes de izquierda y de derecha tradicionales. Ambos sentían que el nuevo movimiento político amenazaba sus intereses y arrebataba sus banderas.

¿Qué era la Revolución en Libertad?

Primero, se trataba de una vía política, no insurreccional, no armada, no violenta y, por lo tanto, pacífica. Segundo, era un camino que se proponía impulsar cambios profundos, los que debían realizarse dentro del estado de derecho y de la legalidad democrática. Tercero, se presentaba como una senda pluralista, tolerante y respetuosa de la diversidad. Frei, en el momento de asumir, la describirá como un camino «de profundas transformaciones y rápidos avances en el orden social y económico, dentro de un régimen que respeta la libertad y la dignidad de la persona humana».

Derechos económicos y sociales universales

El gobierno de Frei habrá de ser el primero en reclamar la jerarquía constitucional de los derechos económicos y sociales. La Constitución italiana, que había entrado en vigor el 1º de enero de 1948, era lo más cercano a la experiencia chilena, y acaso lo más inspirador, tanto por haber sido promulgada por el democratacristiano Alcide De Gasperi, como porque, al igual que en Chile, ahí, por el alto valor acordado al trabajo, habían logrado una fuerte implantación social democristianos, socialistas y comunistas. En su artículo 1° la Carta Magna latina declaraba que «Italia es una república democrática fundada en el trabajo».

La Constitución chilena había quedado desfasada en relación a los grandes avances habidos con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial en materia de derechos fundamentales, de modo que las garantías contenidas en el capítulo III de su texto no conseguían satisfacer las demandas de protección que hacia 1964 ponía en evidencia el movimiento popular. De ahí que la reforma institucional de Frei buscara otorgarle al trabajo, y a los derechos vinculados al trabajo, el mayor reconocimiento jurídico.

En el mensaje al Congreso de noviembre de 1964, Frei expresa su voluntad de «afirmar constitucionalmente el reconocimiento de los fundamentales derechos sociales de las clases trabajadoras chilenas, consagrados en la mayor parte de las constituciones modernas y en instrumentos internacionales a que Chile ha concurrido». Plantea explícitamente el propósito de «estimular la función social del derecho de propiedad y proporcionar al Estado los instrumentos indispensables para realizar, con autorización legislativa, las grandes reformas que son necesarias para hacer accesible la propiedad a la mayoría de los chilenos.»

¿Por qué estos derechos y garantías no habían conseguido permear a la sociedad chilena?

Primero, por la existencia de un orden social fundado en la hacienda señorial que limitaba o negaba su ejercicio. Segundo, porque no estaban establecidos como disposiciones legales escritas y vigentes. Esto explica la necesidad de remover tales obstáculos estructurales a través de un cambio político profundo, y de convertir los derechos —universales desde hacía ya quince años— en derechos positivos a través de una audaz reforma de las instituciones.

«El Gobierno que presido —declaraba Frei en 1964—, plenamente consciente de este hecho, está planteando al país reformas sustanciales que permitan la más rápida transformación de las actuales estructuras sociales, económicas y administrativas, que, en la práctica han impedido hasta ahora el libre acceso del pueblo a la propiedad y uso de los bienes, el ejercicio real de la libertad de asociación en todas sus formas, sean ellas sociales, económicas o gremiales y el derecho a una educación que la capacite para el total desempeño de su condición de ciudadano de un país libre y democrático».

Garantizar a las familias no sólo el acceso a la tierra, sino a los bienes comunes que les permitieran llevar una vida digna, pero también ensanchar la democracia deliberativa sin menguar la democracia de las instituciones, y hacerlo a través de la progresiva participación de las personas y comunidades en las decisiones políticas.

El programa original tenía tres ejes fundamentales. Primero, satisfacer la secular demanda campesina de redistribuir la propiedad rural mediante la Reforma Agraria. ¡La tierra para el que la trabaja! Decía la consigna. Segundo, aumentar la participación del Estado en la explotación de nuestra principal riqueza, la viga maestra de la economía, a través de la llamada Chilenización del Cobre. Y tercero, impulsar y fortalecer la organización y participación de las personas y comunidades —“el gobierno del pueblo comienza con Frei”— por medio de la política pública de Promoción Popular.

Dignidad y seguridad

La Reforma Agraria fue, sin duda, el cambio social más postergado, y por eso, el más esperado y anhelado por el mundo campesino. Con la Reforma Agraria llegaba a su fin un modo de dominación reñido con la dignidad humana, el régimen constitucional y la democracia. La reforma tenía un afán de justicia, cual era integrar al campesinado a la vida social, económica y política del país. Pero, además, tenía la finalidad de garantizar el derecho a la alimentación a todos los chilenos, sentido que hoy vendría a ser expresado en el concepto de soberanía alimentaria. Así lo confirmaba el Presidente Frei cuando en el momento de promulgar la ley expresaba que ésta «tiene como primer objeto el hombre y su familia y su dignidad esencial como persona y como sujeto de la vida de Chile. Y el segundo, alimentar a nuestro país».

El desafío programático de la Democracia Cristiana era pues generar una activa y rápida incorporación del campesinado a la propiedad de la tierra y al poder político. Se esperaba que antes del año 1973 más de cien mil familias campesinas se convirtieran en nuevos propietarios agrícolas y que, reforzando este proceso de empoderamiento, se organizaran en sindicatos facultados para demandar y defender sus derechos. Y también para enriquecer la vida en comunidad.

En 1967 se promulgó la Ley de Sindicalización Campesina que, entre otras disposiciones, autorizaba las huelgas. También en 1967 se aprobó la Ley de Reforma Agraria. Antes de lo cual fue preciso enmendar la Constitución en la parte relativa al derecho de propiedad, con el propósito de ampliar la facultad expropiatoria del Estado, y permitir al Gobierno redistribuir tierras y emprender planes de vivienda y de desarrollo urbano. Lo que, en modo alguno, comportaba una arbitrariedad o un abuso de poder.

El principio jurídico de la reforma mantuvo subordinados los derechos patrimoniales a los derechos fundamentales de la persona. La doctrina garantizaba el respeto a la propiedad privada, pero con arreglo al valor superior del bien común. El gobierno entendía que ambos fines eran perfectamente armonizables: «Basta que el dueño tenga conciencia de la vinculación entre el interés social y el recto ejercicio de sus derechos sobre las cosas, y destierre el falso concepto de poseerlas con el solo fin de satisfacer sólo sus propias necesidades». Y agregaba que la enmienda «… asegura al dueño su derecho a servirse de los bienes, en su provecho; pero, a la vez, faculta al Estado para que asegure la función social de la propiedad».

Durante el siglo xx chileno no existe una época más intensa en luchas de reconocimiento que aquella que se inaugura en 1964. Aquel es un momento crucial en la historia del movimiento popular por instalar en la conciencia política nacional los valores intrínsecamente imbricados de la paz, la igualdad y la protección del más débil. Si, como escribe Walter Benjamin, «cada instante puede convertirse en el juicio final de la historia», 1964 fue uno de aquellos momentos breves y luminosos en que el presente se deja asaltar por la parte inédita del pasado que pugna por hacer valer sus derechos.

Frei encarnaba esas esperanzas. Su intuición política lo había hecho comprender que el reconocimiento de derechos es una relación social, un sustrato espiritual conformado por vínculos afectivos, instituciones jurídicas y cultura común. Había entendido que sin un cambio institucional no era posible el reconocimiento jurídico de tales derechos. Y sobre todo, había llegado a la convicción de que un cambio constitucional podía tener la capacidad de transformar las capacidades humanas disponiéndolas para la conquista de nuevas libertades y derechos.

El Mostrador

Diario Concepción

 

 

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EL HUEVO DE LA SERPIENTE

17 agosto, 2015

Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende

«No estoy seguro que esto no sea un espejismo», escribía en los 80´s Arturo Fontaine Talavera, reaccionando así contra la idea de planificaciones globales con que el historiador Mario Góngora caracteriza el periodo 1964-1980 en su Ensayo histórico sobre la noción de Estado en Chile en los siglos XIX y XX.

Tres décadas después, podríamos abrigar el mismo escepticismo de Fontaine frente a la crítica que sectores liberales de centroderecha, inspirados en el corporativismo de Góngora, han deslizado contra el gobierno de Michelle Bachelet. En lo sustantivo, la crítica sostiene que al pretender cambiarlo todo, partiendo de cero, la Presidenta Bachelet acabaría en una tragedia mayor, al igual que lo hicieron los gobiernos de los presidentes Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende.

¿De qué tragedia hablan? De una que habría arrastrado al país al golpe de Estado, a la supresión de las libertades y de la democracia, a la violación de los derechos humanos, a la instauración del modelo económico de libre mercado y a la Constitución Política que nos rige. Es decir, la representación del huevo de la serpiente donde anida el embrión, en apariencia inocuo, de una criatura potencialmente destructiva.

Pero la de 1964 no fue la ruptura profunda, si bien iluminada por utopías y modelos de sociedad, que Góngora, procurando aportar un concepto nuevo a la historiografía, denomina el inicio de las planificaciones globales. Asertivamente Fontaine le replicará que los liberales y socialistas del siglo XIX eran aún más utópicos, que los mercantilistas del Imperio español eran tan dados a las grandes planificaciones como los economistas de CEPAL y, en fin, que el llamado modelo económico de industrialización por sustitución de importaciones no comienza con Frei, sino con la crisis de los años 30´. Precisiones que, sin duda, vacían el concepto de su capacidad analítica y descriptiva.

Más todavía, Fontaine reprochará a Góngora no hacerse cargo de las divisiones sufridas por la Democracia Cristiana ni del fracaso del proyecto socialista, cuestión no menor, pues varios de sus protagonistas, actuales liberales que entonces exacerbaron la lucha de pasiones buscando radicalizar los cambios impulsados por Frei y Allende, ahora desembozadamente se confiesan defensores de «los ricos».

Lo peor es que, desde un punto de vista político, los liberales, igual que su inspirador, no hacen distinciones entre los que fueron gobiernos progresistas, democráticos, republicanos, respetuosos de los derechos humanos, y el régimen de facto que les sucedió y que hirió gravemente el alma de Chile. Todo lo meten en el mismo y censurado saco de las planificaciones globales. Se muestran severos con las administraciones de Frei y Allende, pero son indulgentes con la última de las llamadas planificaciones globales ante cuya herencia recomiendan la moderación y el equilibrio.

Por cierto, ni Bachelet es Frei o Allende, ni el programa de la Nueva Mayoría es la Revolución en Libertad o la Vía Chilena al Socialismo, aunque el canto de Violeta sigue siendo bello y vergonzante en el país de los veinte mil dólares per cápita: «Chile limita al centro de la injusticia».

Infogate, 17 de agosto de 2015


1964, EL AÑO DE FREI

2 septiembre, 2014

Eduardo Frei Montalva

1964 fue, sin duda, el año de Eduardo Frei Montalva. Llegó a La Moneda lleno de fe y de esperanza. Había conseguido ganar con el 56 por ciento de los votos. Creo que intuía la hora de su liderazgo, pues, donde se hiciera presente, en el norte, en el sur, entre los campesinos o en las poblaciones, su figura iluminaba la escena política.

La Marcha de la Patria Joven había sido un acto impregnado de misticismo, de un ritualismo casi religioso y algo desconcertante para sus adversarios. Esta adhesión le insuflaba seguridad y prestancia. En Estados Unidos había declarado sin ambages que si estar en la izquierda era estar con el pueblo, con los trabajadores, con los pobres, en su lucha por la justicia, entonces la DC y su programa estaban en la izquierda. Y lo estaban.

El gobierno de Frei fue el primero en reclamar rango constitucional para los derechos económicos y sociales. Cuando sólo la Constitución italiana de 1948 sentaba el precedente de hacer de Italia una república democrática fundada en el trabajo, lo que Frei aspiraba realizar en Chile, su proyecto de enmienda propugnaba los derechos del trabajador a percibir un salario ético, de acceder a las prestaciones de salud, de ser amparado por la seguridad social, de asociarse libremente y de ejercer el recurso de la huelga. Consignaba asimismo los derechos a la participación, a la educación, a la defensa jurídica y al debido proceso administrativo.

Correspondía al Congreso aprobar el proyecto presentado en noviembre de 1964. Nunca lo hizo. La oposición siempre había temido que las transformaciones en curso favorecieran a los democristianos. Desde la derecha se les imputaba que perjudicaban a las clases medias. Desde la izquierda, a meses de instalado el gobierno, el propio Allende decía que el triunfo de la DC era la victoria sucia de un partido burgués, pro capitalista, pro imperialista, émulo de una sociedad comunitaria que no existía en ninguna parte del mundo, y que tenía el tupé de vestirse con ropajes revolucionarios.

Por eso, lo que al final se aprobó fue otro texto que, en medio del fuego amigo, y no sin condiciones, Frei se vio obligado a enviar en enero de 1969, cuando todavía le acompañaban René Schneider y Edmundo Pérez Zujovic.
http://www.diarioconcepcion.cl/2014/09/02/#2/z


LA PARADOJA DEMOCRATACRISTIANA

10 junio, 2014
Medalla Marcha de la Patria Joven, mayo-junio de 1964.

Medalla Marcha de la Patria Joven, mayo-junio de 1964.

El próximo domingo miles de democratacristianos concurrirán a sus sedes comunales para renovar la totalidad de la junta nacional del partido. Después de su congreso ésta es la máxima instancia de decisión de la colectividad. En los más de 500 representantes que la conforman, entre delegados y presidentes regionales, comunales, de frentes y departamentos, recaen las principales decisiones políticas de la tienda.

La Junta decide desde cuestiones estratégicas, como la postura DC ante las reformas impulsadas por Michelle Bachelet, hasta la política de alianzas, como su permanencia en la Nueva Mayoría o su virtual giro hacia un pacto de centroderecha con Renovación Nacional y Fuerza Pública.

Es un momento de definiciones. Y no sólo porque en agosto la actual conducción cumplirá cuatro años al mando del PDC — cerrando con ello el paréntesis transicional abierto por Sebastián Piñera—, sino porque precisamente ahora es cuando se produce la mayor fricción entre el partido de la «revolución en libertad» y el gobierno para el «Chile de todos», hecho que sacude fuertemente la memoria militante. El 4 de septiembre se conmemoran cincuenta años del triunfo de Eduardo Frei Montalva y del primer gobierno democratacristiano de América, cuyas elocuentes credenciales de centroizquierda la mesa de Walker ha procurado borrar sin éxito de la identidad falangista.

¿Aparente paradoja? Más bien la muy evidente contradicción entre el etos progresista del movimiento político y una dirigencia que ha actuado a contrapelo suyo y sin ofrecer debate ni explicaciones. Porque fue esta directiva la que anunció que no habría comunistas en el gabinete, pero los hubo. Ella la que nombró acuerdo político a lo que todo el país vio como una coalición. Ella la que celebró con exultante optimismo el programa de gobierno que critica al unísono con la oposición. Y ella la que cerró filas en torno a las facultades presidenciales y que lamenta no estar suficientemente representada en el gabinete.

Si está por irrumpir un nuevo ciclo político, no será con la resistencia de la Democracia Cristiana, sino con su resuelta y activa participación. Pero esta definición pasa por la elección que tendrá lugar el fin de semana en todo el país.

http://www.diarioconcepcion.cl/2014/06/10/#2/z


LA REVOLUCION EN LIBERTAD

7 abril, 2014

Eduardo Frei Montalva

La Revolución en Libertad fue uno de los más grandes sueños colectivos que tuvo lugar en Chile hace medio siglo. Fue uno de aquellos instantes cruciales, cuando se cruzan los destinos de muchas personas y lo convierten —como diría Walter Benjamin— en el juicio final de la historia. Pues, si es correcto afirmar que lo que realmente acontece no son los hechos en el tiempo, sino que el tiempo mismo, aquella fue una coyuntura histórica donde se encontraron todas las memorias y todas las expectativas de futuro largamente postergadas, relegadas u oprimidas. Los pasados no caducos y los futuros no realizados de millones de hombres y mujeres que, en mutua coexistencia, ocuparon el presente para reivindicar sus derechos.

La Revolución en Libertad fue el tiempo de los campesinos sin tierra y sin poder. El tiempo de los marginados de la ciudad. El tiempo de los niños sin educación, y de los jóvenes ávidos de protagonismo. El tiempo del agotamiento del modelo de industrialización, y del fin a la enajenación de nuestras riquezas básicas. Por contraste, el tiempo de la Guerra Fría, de la irrupción de la Cuba comunista, de la crisis de los misiles, de la doctrina de la seguridad nacional y de la guerrilla urbana. Pero también fue el tiempo de Eduardo Frei Montalva y de su incipiente movimiento político, la Democracia Cristiana.

Donde lo más revolucionario del fenómeno fue haber combinado en un solo acto de conciencia diversos estratos de tiempo con distintas extensiones y densidades. Y donde la más alta cúspide de la libertad humana fue esta nueva disposición, hecha voluntad política, de romper el determinismo histórico que pesaba como lápida sobre las aspiraciones de mayor justicia, democracia y desarrollo del país. De todo el país, desde el Chile dominante hasta el Chile popular.

La Revolución en Libertad es un hecho irreversible. Ocurrió hace cincuenta años, con sus logros, líderes y circunstancias. Pero la memoria y el olvido de los insatisfechos, de los necesitados de otra historia, como los democratacristianos que se reúnen para testimoniar que la patria joven sigue marchando por Chile, hacen que los acontecimientos cobren actualidad y confirmen el eterno retorno de las coyunturas.

http://www.diarioconcepcion.cl/2014/04/08/#2


EL MAGNICIDIO DE EDUARDO FREI MONTALVA

22 enero, 2014

Giovanna Flores Medina y Rodolfo Fortunatti

Eduardo Frei Montalva, Presidente de la República, 1964-1970

Eduardo Frei Montalva, Presidente de la República, 1964-1970

Hoy se cumplen 32 años de uno de los crímenes políticos más amargos y vergonzantes para la historia de Chile y de la Democracia Cristiana internacional: la muerte del ex presidente Eduardo Frei Montalva. Un magnicidio con una verdad judicial aún incompleta que, junto a las desapariciones, tratos inhumanos y otras ejecuciones ilegítimas —como los atentados en contra de Orlando Letelier, el general Prats y el fallido ataque a Bernardo Leighton, o el degollamiento de Tucapel Jiménez—, devino en símbolo del trágico destino de una parte de nuestro país durante la dictadura cívico-militar. Una lacerante persistencia del ocultamiento y obstruccionismo de la información ante la justicia, con la cual han construido su defensa los mandantes, ejecutores y otros partícipes, y cuyo efecto no es sólo evitar la persecución penal sino la reconstrucción de la memoria histórica.

En esta evocación dolorosa, Chile tiene la oportunidad de mirar la imagen del país frente al espejo: el negacionismo y la banalización de los crímenes de lesa humanidad —que en los 70 y 80 asolaron a Latinoamérica— parecen desvanecerse. Por eso, más allá de la suerte procesal de la causa rol Nº 7.981-B, la resolución del 7 de diciembre del 2009 dictada por el ministro Alejandro Madrid fue emblemático: determinó el procesamiento por el delito de homicidio por envenenamiento de Eduardo Frei Montalva y sus hechores fueron todos antiguos agentes del Estado.

La verdad estaba reconocida: nunca más se volverá a hablar de la muerte producida por un shock séptico propio de un cuerpo anciano o de la acción propagandística en contra del gobierno de Pinochet y la Clínica Santa María. Al contrario, está a firme la certeza —irrefutable por medios científicos— de que fue envenenado aprovechando su condición de vulnerabilidad con gas mostaza y ‘transfer factor’, estableciéndose además la cadena de omisiones negligentes de los médicos tratantes, incluso en su autopsia y embalsamamiento.

El líder que no fue anticomunista

La resolución del juez Madrid establece en sus considerandos, como un hecho de la causa, que el liderazgo de Eduardo Frei Montalva en la oposición era avasallador y un problema para el gobierno. La creación de una unidad especial de seguimiento de personeros de la DC (proscritos los partidos políticos) y la infiltración de sus círculos cercanos son hechos reconocidos en distinto nivel. El ex ministro del Interior de la época, Sergio Fernández, matizó esa política de vigilancia, declarando que únicamente se le facilitaron elementos de seguridad para actos determinados, como el del Teatro Caupolicán.

Ese 27 de agosto de 1980 fijó el punto de resurgimiento de Frei como un líder de toda la oposición —desde miristas hasta democratacristianos— que tras siete años de inmovilismo político lograban reagruparse. No estaba únicamente en contra de una Constitución a la que llamó ilegítima, sino rechazaba un régimen dictatorial que conculcaba los DD.HH. Así, durante 1981 las fuerzas políticas y gremiales se unieron, generando expectación y solidaridad mundial.

Con el paso de los años, el fantasma del anticomunismo de Frei Montalva como justificación a su complacencia con el golpe de Estado y su supuesta cercanía con la dictadura ya no resulta creíble. La sobreexpuesta carta a Mariano Rumor, ex premier italiano y DC, presidente de la Unión Internacional Demócrata Cristiana, fechada el 8 de noviembre de 1973, no implica defensa alguna de las fuerzas golpistas y de la Junta Militar. Una extensa misiva donde explica el deterioro del ejercicio de la política parlamentaria y gubernamental, el descontrol de ciertas áreas económicas y la polarización de la población. Un discurso muy distante del orden impuesto bajo la bayoneta y la represión criminal, sobre todo cuando sus queridos camaradas en Italia padecían los embates de la estrategia de la tensión: el terrorismo de derechas y de izquierdas fomentado por las infiltraciones de la CIA. Ello, pues ya en 1970, mientras Tomic era candidato presidencial, en Italia se pensaba que figuras como Aldo Moro eran demasiado pro comunistas, misma idea que motivó su ejecución en mayo de 1978, convirtiéndose en el caso más doloroso para la política italiana y que todavía no tiene culpables.

Una larga vida política de respeto a las fuerzas de izquierda y de profundo rechazo al fascismo italiano, a las ideas del Tercer Reich, al caudillismo nacionalista de Franco y al rexismo belga preceden el relato de Frei Montalva. Su renuncia en 1946, mientras era militante de la Falange Nacional y ministro de Obras Públicas de Juan Antonio Ríos, a causa de la represión con resultado de muerte de tres dirigentes obreros, entre ellos Ramona Parra, se convierte en una potente señal de respeto por las fuerzas sociales. Mucho se recuerda uno de sus más famosos discursos en  las universidades que formaron parte de su gira a EE.UU en 1963, donde afirma: «Los anticomunistas del miedo, del ‘orden’, de la fuerza están condenados al fracaso y están en permanente retirada. No tienen nada que decirle ni a la juventud ni al pueblo. De ahí la frustración de regímenes creados para imponer el orden. Fundar, por ejemplo, toda una política en el concepto de la libre empresa es un absurdo. Eso no le llena el alma ni la inteligencia a nadie».

Fue la DC la que en 1957 contribuyó a la derogación de la Ley de Defensa de la Democracia que proscribía al Partido Comunista y fue su gobierno el que reanudó relaciones con Rusia y los demás países socialistas. Esa apertura despertó las críticas de la derecha chilena, española y de sus pares alemanes. Los mismos que le trataron de blandengue, indeciso y oportunista cuando se alejaba del ‘modelo del ordoliberalismo’, la receta de Ludwig Erhard para el milagro alemán en los 60. Sin embargo, la opción por esa vía económica propia le permitió ser alabado por Jacques Maritain, quien en 1965 en una carta a un académico español, decía: «La tentativa del presidente Frei, en Chile, me parece tener una importancia histórica de primera magnitud para el mundo entero. ¡Que pueda superar todos los obstáculos que el diablo no dejará de oponerle¡ Es la primera vez, desde hace siglos, que se ve surgir en la historia, una política auténtica y realmente cristiana (y por lo tanto, revolucionaria en el sentido de que la entiende el Dr Frei). Es un acontecimiento de un alcance incalculable».

Tragedia gota a gota

La muerte de Frei Montalva a los 71 años de edad fue una estocada al movimiento opositor y con los años se reconocería como el primer magnicidio de nuestra historia. Una operación silenciosa, metódica y dosificada. Gota a gota, procedimiento tras procedimiento, cada una de sus cuatro operaciones sirvió para la acción de envenenamiento y consecuente omisión negligente de sus médicos. La clínica fue el escenario del crimen donde letales químicos debilitaron su sistema inmunológico.

Con el arribo de la democracia, las investigaciones periodísticas se anticiparon al cauce judicial. La sospecha que abrigaba la familia sobre el centro médico, un brazo más de la red de inteligencia, espionaje, infiltración y mentira del régimen de Pinochet, tardó años en convertirse en una querella criminal admisible por tribunales. Entre los distintos autores que han investigado el caso Frei y sus secuelas, aportando con información fidedigna y sistematizando los intrincados vínculos de corrupción y ocultamiento entre los ex agentes, está Jorge Molina. Gracias a su extensa y documentada investigación en el libro ‘Crimen Imperfecto’ (Lom, 2002), el hilo conductor llega hasta Eugenio Berríos, el temible químico de la DINA y los laboratorios bacteriológicos que financiaba la entidad.

La causa sustanciada por el ministro Alejandro Madrid, coincidiría con varias de las conclusiones profusamente divulgadas por la prensa. Lo nuevo es la prueba pericial: las dos peritos encargadas concluyen que presentó exposición a Talio y MS (mostaza sulfúrica), en los últimos tres meses previos a su fallecimiento. Una exposición por vía endovenosa a dosis bajas y con potenciación de dosis de transfer factor, producto no comercializable por los efectos secundarios nocivos en pacientes en el estado de Frei Montalva, pues facilitan la aparición de bacterias oportunistas como las denominadas “proteus vulgaris” y “candida albicans”

Así, los hechos acaecidos entre el 18 de noviembre de 1981 y 22 de enero de 1982, periodo en el cual median cuatro intervenciones quirúrgicas, dieron por resultado el procesamiento de seis partícipes en el homicidio. Entre sus autores estarían Luis Becerra, chofer de Frei; Raúl Lillo, agente de espionaje, (ambos informantes de la Dina y miembros de la unidad de especial de seguimiento contra la DC); y Patricio Silva Garín, el médico militar que fue su subsecretario, enlace con los insurrectos del Tacnazo y facultativo de la Clínica London, perteneciente a la Dina. Respecto de quienes practicaron la autopsia de modo negligente, los médicos Helmar Rosenberg y Sergio González B., fueron procesados como encubridores y como cómplice del envenenamiento, el agente Pedro Valdivia S.

No obstante el 18 de diciembre de 2009, la Octava Sala de la Corte de Apelaciones dejó sin efecto —por voto unánime— los procesamientos en contra de Patricio Silva Garín y Pedro Valdivia, por considerar que no se reunían los requisitos de participación criminal.

En el último trienio diversos hallazgos y pruebas han abierto otras aristas de la investigación. El descubrimiento de la existencia del Laboratorio de Guerra Bacteriológica del Ejército y la fabricación de diversas sustancias venenosas como las usadas en el caso Frei durante 1981, así como la muerte de algunos miristas en la misma fecha y bajo iguales circunstancias, permitirán esclarecer la verdad del factor Berríos y el mando que ordenó la acción.

El magnicidio de Frei, todavía sin culpables, duele y remece la conciencia de Chile, pues se trataba de uno de sus líderes más lúcidos del siglo veinte. Un hombre que amaba a su tierra y su gente, con un profundo talante revolucionario y cristiano, alguien que admiraba a su pueblo como la copia feliz del Edén. Un católico convencido de la justicia social, pero tolerante y preocupado por el desarrollo de los más pobres.

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El magnicidio de Eduardo Frei Montalva

Frei Montalva, más actual que nunca


LA NUEVA CENTRODERECHA

4 julio, 2013

Velasco personifica a la nueva centroderecha chilena, fecundada durante veinte años en el vientre de la Concertación, pero nacida en la cuna de la Nueva Mayoría.

Andrés Velasco

De entrada, es preciso aclarar una cuestión semántica que permita rescatar el término y salvarlo de todo sentido peyorativo. Centroderecha y centro-derecha no son lo mismo. Centro derecha, también así escrita, expresa una noción de centro inclinada hacia la derecha. En cambio, centro-derecha, con las dos palabras separadas por un guión, manifiesta la unión de dos conceptos, centro y derecha, pero cada uno con sus respectivos referentes. Decir que Andrés Velasco representa la nueva centroderecha, equivale a afirmar que encarna un conjunto de ideas liberales y laicas, distintas de las ideas de las izquierdas y derechas clásicas, y de la centroizquierda democratacristiana de los últimos cincuenta años.

Liberal y republicana

Velasco personifica a la nueva centroderecha chilena, fecundada durante veinte años en el vientre de la Concertación, pero nacida en la cuna de la Nueva Mayoría. Consiguió capturar el apoyo de 280 mil ciudadanos, el 9 por ciento de los más de tres millones de chilenos que concurrieron a las urnas el pasado domingo. Una implantación electoral equivalente a la cuarta parte del total de votos reunidos por él, por Allamand y por Longueira. Que pudo haber constituido un tercio si, como dijo Tomás Jocelyn-Holt, Velasco hubiera corrido por fuera de la Nueva Mayoría. Ello habría minado aún más el potencial electoral del favorito del oficialismo, el candidato de la derecha moderada, y liberal al igual que el fundador de Expansiva, Andrés Allamand.

Velasco irrumpe en la escena como en su momento lo hicieron Nicolas Sarkozy en Francia, y Mauricio Macri en Argentina. Reivindicando una buena política republicana contra las malas prácticas de la Concertación y de sus partidos. «La herencia de Mayo del ‘68 —dirá Sarkozy— ha introducido el cinismo en la sociedad y en la política. Han sido precisamente los valores de Mayo del ‘68 los que han promovido la deriva del capitalismo financiero, el culto del dinero—rey, del beneficio a corto plazo, de la especulación». Macri, sin embargo, más cercano al perfil de Velasco, conquistará la alcaldía de Buenos Aires apelando al ciudadano desamparado y atrapado entre los dos bloques tradicionales de la política argentina. Así los exhortará: «Usted que es independiente, y se quedó sin independencia. Usted que es Peronista y se quedó sin Perón, sin Evita, porque nos quedamos sin Perón y sin Evita. Y usted que es Radical, y no hay nadie que se parezca a Irigoyen ni a Alvear, ni a Balbín, ni a Illía. Porque todos nos quedamos sin Irigoyen, sin Alvear, sin Balbín y sin Illía.»

El fenómeno Bachelet

Velasco emerge como una nueva centroderecha en un paisaje ampliamente dominado por la presencia de Bachelet. Ella sola obtuvo la mayoría absoluta. Y por eso, se habla del fenómeno Bachelet, aunque sin explicar el porqué del fenómeno. Ella mejor que nadie sabe que no hay tal. Ya durante el primer año de su mandato la ex Presidenta vivió la experiencia de una fuerte caída de su popularidad, la que logró recuperar después de largo tiempo. Michelle Bachelet estuvo ausente del país por espacio de tres años, periodo durante el cual optó por no emitir opiniones sobre la coyuntura nacional. Mal podría atribuírsele este auto-referido carácter fenoménico. Rompió su silencio recién hace tres meses cuando anunció al país su voluntad de ser candidata. Dice Pablo Longueira que a él le bastaron dos meses para imponerse en la Alianza. Pues, a Bachelet le bastaron tres meses para conquistar el corazón del país. ¿Qué lo hizo posible?

El verdadero fenómeno es sociológico y se produce en Chile durante el tiempo en que Bachelet permaneció alejada de la contingencia política. Es un fenómeno ciudadano, una nueva voluntad popular que ha venido tomando cuerpo y manifestándose a través de diversos hitos, entre los que destacan las grandes movilizaciones sociales. La característica más destacada de este cambio en la cultura política ha sido la aparición de una nueva expectativa de justicia, de libertad y de integración nacional, que ha podido desplazar el eje, el centro de la demanda política, hacia la izquierda. Por eso, hoy por hoy, ha dejado de ser tema la participación del Partido Comunista en las instituciones de la democracia representativa, como ha dejado de serlo la amplia legitimidad alcanzada por la crítica al lucro. Ello no habría sido posible en los tiempos en que campeaba el Consenso de Washington, cuando Andrés Velasco se desempeñaba como jefe de gabinete del ministro de Hacienda Alejandro Foxley Rioseco. Entonces las ideas de Velasco representaban al centro político. Hoy, con el deslizamiento del centro, aquellas ideas, si bien actualizadas, han quedado convertidas en propuestas de centroderecha.

Más allá del centro

La ciudadanía ha conectado sus aspiraciones y expectativas con el liderazgo de Michelle Bachelet, que ha tenido el talento de interpretarlas. Hace medio siglo, al igual que ahora, otro acontecimiento social y político habría de cambiar drásticamente el escenario nacional. También el líder que encarnó esa voluntad nacional fue visto en su tiempo como un fenómeno político. Eduardo Frei Montalva ganó en 1964 con el 56 por ciento de los votos, cuando no existía segunda vuelta, y cuando la gravitación de su incipiente colectividad no pasaba del tercio del electorado. En las dos décadas precedentes no se había visto nada semejante. Seis años antes Frei había conseguido el apoyo del 20 por ciento de la ciudadanía, la misma proporción que en 2009 consiguió Marco Enríquez-Ominami. Su propuesta de una revolución en libertad sublimó todas las esperanzas colectivas de entonces, y corrió el centro desde donde lo habían dejado Ibañez y Alessandri, hacia la izquierda del abanico político. Nada mejor expresa su espíritu progresista que la conocida frase «no cambiaré una coma de mi programa ni por un millón de votos». Cuando la pronunció, la conciencia política del país ya era otra.

Andrés Velasco, cuyo liderazgo se forma al amparo de los gobiernos de centroizquierda, es parte de una generación de jóvenes emprendedores —y no hablo de Guilisasti y Santa Cruz— que cree en el actual modelo de desarrollo y en una democracia más pluralista y libertaria, y que no ha sido contaminada por las pugnas intestinas, ni por los compromisos con la dictadura de la vieja derecha. Más temprano que tarde esa generación se transformará en la adversaria por antonomasia de los jóvenes artífices y herederos del fenómeno Bachelet.

¿De dónde provienen los votos de Velasco?