El acto del miércoles cumplió con las expectativas de sus organizadores, no sólo porque logró sortear la difícil tarea de llenar el Teatro Caupolicán, sino porque consiguió maximizar la audiencia, llegar con profundidad al corazón de cada persona. Más allá del número, la jerarquía o el compromiso de los convocados, lo que se vio, y que marca el verdadero inicio de la campaña presidencial, fue el enorme talento exhibido por Frei —único orador de la jornada— para comunicarse con su público. Frei se había propuesto disipar aquel escepticismo que desde el seno de la coalición amenazaba las posibilidades de éxito en diciembre. Precisaba restablecer el imperio de la voluntad política sobre un predestinado estancamiento simulado por las encuestas. Necesitaba, sobre todo, vencer los encostramientos e inercias que conspiraban contra la unidad y el empuje de la Concertación. Por eso, el mensaje de Frei es de resurgimiento y actualización. Su eje principal es una nueva Constitución que permita conquistar mayores libertades y, por esta vía, fortalecer la sociedad civil contra los abusos de la competencia salvaje y la desregulación. En consecuencia, aboga por una segunda transición que asegure mayor protagonismo político a los jóvenes y a las mujeres. Postula la instauración de primarias abiertas para todos los cargos de representación popular, y para todos los partidos políticos, como máxima de la democratización. Pretende una reforma de la educación superior que garantice calidad, excelencia y genuina igualdad de oportunidades. Y, por último, aspira aumentar los beneficios de la red de protección social para amparar a la clase media. La suya es una exhortación de esperanza y de fe en el camino que queda por recorrer en los seis meses que faltan para la elección. Su palabra expresa tanto a Aylwin como a Lagos y Bachelet. Reverbera también a los partidos, a su gente y a sus anhelos e ideales. Desde luego, a la izquierda excluida del sistema. Y confirma las luchas populares que han promovido el progreso hacia una sociedad justa, libre y solidaria. En suma, toda una combinación de organización, liderazgo, implantación ciudadana y capacidad de formar gobierno. Pero aunque el teatro ha sido colmado de emblemas y símbolos que testimonian el espíritu y la historia común de los concurrentes, el discurso de Frei antes que una apología a la nostalgia, es la invitación a nutrirse de estas señas de identidad para dar un nuevo impulso hacia adelante. Frei apostó resueltamente por los hombres y mujeres de espíritu joven. De ahora en más, poco a poco, pero de manera persistente, empezarán a esfumarse los desencuentros, indiferencias y desórdenes conocidos. Gradualmente deberían asimismo perfilarse las dos opciones fundamentales que se disputan los destinos de Chile del bicentenario. Día a día, la antigua contradicción entre dictadura y democracia habrá de dar paso a la crucial oposición entre el agotado neoliberalismo que encarna la derecha, y el país de garantías, protecciones y derechos que representa Frei. Maximizar la audiencia |
Maximizar La Audiencia
La Paradoja Ominami
| Eduardo Frei ha advertido que está en juego la subsistencia de la Concertación, y Jorge Burgos ha reconocido que su opción presidencial está amenazada. En un reciente ensayo Alfredo Joignant ha asegurado, por su parte, que algunos senadores «apenas ocultan su interés en que la coalición sea derrotada». El reproche apunta directamente a Carlos Ominami y Guido Girardi, sólo que el investigador expresamente elude abordar la prueba crucial de validación de su hipótesis: con qué finalidad buscan la capitulación del conglomerado. |
| Sí, con qué finalidad, pues una derrota de la Concertación conlleva a su descomposición, y su desintegración supone que se ha concebido otro proyecto político y otra formación política. ¿Poseen ambos vicepresidentes de partidos un proyecto político de ruptura con la Concertación? ¿Poseen un conglomerado de fuerzas distinto de la Concertación? |
| En las 35 propuestas desarrolladas a lo largo de las 93 páginas del documento que da sustento al resumen Postulados programáticos para una nueva Concertación, no hay un solo concepto que permita asegurarlo. Partiendo por su afirmación inicial: «Después de casi 20 años de gobierno de la Concertación, esta coalición seguramente será considerada como una de las más exitosas de la historia de Chile; la Concertación realizó una exitosa transición política, de libertades y derechos humanos.» Y lo mismo que este compromiso con lo realizado, es también el sentido de la misión. «La Concertación —prosigue el planteamiento— tiene una responsabilidad histórica de representar en Chile una propuesta progresista y de centro izquierda. Si somos capaces de reponerla, es posible recuperar la confianza y el respaldo de la mayoría de los chilenos que quieren cambiar Chile.» ¿Cuál es la convocatoria? La invitación, dicen sus autores, es «a construir un nuevo contrato entre la Concertación y los ciudadanos chilenos y chilenas, a renovar nuestra oferta para Chile, a derrotar el inmovilismo y la sensación de que todo da lo mismo, poniendo en evidencia las visiones neoliberales y conservadoras que se han enquistado en nuestra coalición.» |
| Por consiguiente, ni la propuesta programática, ni desde donde se hace y hacia quienes se dirige la propuesta programática, permiten desprender la tesis de un rompimiento planificado. Distinto es que al calor de las nuevas condiciones y oportunidades que ofrece la coyuntura, se esté incubando una ruptura. Pero, entendámosnos, si así fuera, ni el proyecto, ni las fuerzas ni los conductores de dicho quiebre, podrían ser las que representa Marco Enríquez-Ominami. Esto, porque lo suyo no sólo está muy lejos del ideario progresista enunciado en los Postulados programáticos para una nueva Concertación, sino porque es su emergencia como candidato la que precisamente ha dado origen a la paradoja del senador Ominami. |
| ¿Cuál es la paradoja Ominami? Ominami quiere ser candidato a senador por la Concertación en representación del partido socialista, pero asimismo quiere que se le conceda el privilegio de respaldar la candidatura presidencial de Marco Enríquez-Ominami, una opción distinta de la que apoya su partido y la Concertación. Ominami pretende que se le reconozca el mismo estatus que a Juntos Podemos, con el que la Concertación ha convenido una lista parlamentaria común, que sin embargo no inhibe sus respectivas candidaturas presidenciales. Sólo que éste es un acuerdo entre coaliciones, suscrito por los legítimos representantes de los partidos coaligados, y vinculante para todos sus miembros, incluidos diputados y senadores. La petición de Ominami, en cambio, procura una exención especial, una dispensa para sí mismo. Por cierto, Ominami no reclama autonomía para sí, sino para su partido. Ominami demanda independencia del PS para definir sus propios candidatos a parlamentarios, y así proveerse de una salvaguarda contra los eventuales vetos que pudieren imponerle la Democracia Cristiana y Eduardo Frei. Es lo que ha llamado un compromiso de honor, cuando su compromiso de honor es con los Postulados programáticos para una nueva Concertación, los que fueron pensados para ser realizados dentro de la Concertación. |
Addenda |
| «Yo no pienso exactamente igual que en enero o que incluso en marzo…, porque la realidad también ha cambiado», declara Ominami ante la comisión política del Partido Socialista. |
| ¿En qué ha cambiado la realidad? Ominami destaca dos cambios para explicar su propio cambio. Sostiene que en enero la opción Enríquez no tenía la gravitación que muestra hoy, lo cual es cierto, si se entiende por tal la fuerte presencia del candidato en los medios de comunicación y, como resultado de ello, en las encuestas de opinión. De cualquier modo, esta gravitación no puede ser comparada —como sugiere Ominami— con la que en su tiempo mostraba Bachelet, pues la popularidad de la entonces ministra de Lagos creció con anterioridad a las primarias de la Concertación, al punto de empujar a Soledad Alvear fuera de la competencia, mientras que la de Enríquez emerge cuando la coalición ha concluido el proceso de nominación de su candidato. |
| Pero lo esencial no es la gravitación de Enríquez. Lo esencial es que en cuestión de meses Ominami abandona la convicción de un candidato único de la Concertación, para abrazar la fórmula de dos candidatos enfrentados en una nueva primaria: la primera vuelta presidencial. ¿En qué se basa Ominami para proponer este giro? No en los partidos, sino en las encuestas. No en las reglas del acuerdo político democrático, sino en las reglas del mercado de las comunicaciones. No en la voluntad de los militantes y adherentes, sino en la pretendida voz de la opinión pública. Con semejante razonamiento bien podría plantearse una estrategia de capitulación anticipada ante Piñera; puesto que el empresario no ha dejado de aventajar en los medios ni en las encuestas, lo más deseable sería que la coalición se resignara a la derrota de diciembre o, como augura Ominami, a llegar terceros en la primera vuelta. |
| Más aún, Ominami desdeña los ritos oficiales que consagraron la candidatura de Frei. Curiosamente, participó de todo el ritual que condujo al resultado del domingo 5 de abril. Ominami concurrió al Congreso del Partido Socialista del mes de marzo de 2008, y allí defendió la tesis de un militante un voto para nominar al abanderado del partido. Su tesis obtuvo 108 votos, contra los 231 que, finalmente, impusieron el mecanismo de la convención partidaria. Ominami, aunque se ausentó de la convención del 17 de enero de este año, no levantó una figura alternativa que afectara la unanimidad del medio millar de militantes socialistas que proclamaron a Frei. Y cuando Lagos e Insulza resignaron su postulación, Ominami ofreció su respaldo a Frei. |
| La otra razón que esgrime Ominami es que en enero no éramos conscientes, como sí lo somos ahora, de los graves problemas de conducción que enfrentaban los partidos. Habrá que refutar esta afirmación diciendo que si algo demostraron las rupturas habidas en el PPD y la DC, fue precisamente la delicada situación de los partidos, prueba de lo cual no es la emergencia de dos, sino de cuatro candidatos salidos de sus filas: Zaldívar, Arrate, Navarro y Enríquez. Todos ellos podrán compartir el común propósito de impedir que la derecha gobierne en Chile, y todos ellos podrán aspirar a más democracia y más libertad. Pero no son sus fines los que hacen la diferencia entre el éxito y el fracaso, sino los medios empleados para alcanzarlos. Y los medios ensayados fuera de la Concertación, qué duda cabe, sólo conducen a una división que favorece el triunfo de la derecha. |
| Por eso, los cambios experimentados por la realidad no explican el cambio en el comportamiento político de Ominami y, por el contrario, abren un inmenso abismo de incomprensión que nos exhorta a hacer el cálculo de los riesgos involucrados. |
Declaración de Ominami ante la Comisión Política del PS
Una opción progresista y ciudadana para una nueva Concertación
La Crítica De Tomás
| Tomás Jocelyn-Holt ha sido un crítico del comando y de la campaña de Frei. Pero las críticas de Tomás también han sido juzgadas por otros, sólo que Tomás considera que nada más que tres de estos juicios son dignos de ser respondidos, y así lo hace. El primer juicio sostiene que su actitud estaría motivada por el malestar que le produjo el no haber sido nominado candidato. El segundo, que su tono apasionado despierta fuertes aversiones. Y el tercero, que no deja suficientemente claro lo que se propone con su crítica. |
| Como la impugnación de Tomás es una crítica política, una crítica al qué hacer del comando y al cómo hacer del comando, no cabe sino procesarla en este mérito. Esto es, examinarla a la luz de la estrategia seguida por el comando: ¿Qué fines busca dicha estrategia? ¿A través de qué medios busca estos fines? ¿Con qué visión de país? ¿En qué circunstancias? ¿Con qué fuerzas? |
| Desde un punto de vista racional, poco importa que las opiniones de Tomás sean producto de frustraciones, o que su tono cáustico genere antipatías. Porque aquí no está en cuestión la credibilidad del autor, sino la objetividad y verosimilitud de sus argumentos. De ahí que carezcan de interés el primero y el segundo juicio. En cambio, el tercero, resulta absolutamente pertinente, pues apunta a desentrañar su motivación política: ¿Qué busca Tomás? ¿Hasta dónde quiere llegar? Quienes le plantean estas preguntas quisieran entender cuál es el propósito de su comportamiento político y, de esta manera, comprender desde dónde está formulando su crítica. De este modo, esperan granjearse una certidumbre aceptable acerca del discurso, del relato, del proyecto, y del diseño alternativo que plantea el crítico del comando. |
| ¿Y qué busca Tomás? ¿Hasta dónde quiere llegar? Es obvio hasta dónde insistiré en esto —dice—. Hasta que esta crítica produzca efectos políticos. Pero ¿cuál es su crítica? ¿Cuáles los efectos políticos esperados? ¿Y cómo se comprobarán estos efectos políticos? |
| Tomás critica las contradicciones de Eugenio Tironi, así como las diferencias entre Belisario Velasco y Pablo Halpern. Critica las renuncias y desistimientos de Ricardo Lagos, las contradicciones de su hijo y de sus dos cuñados, así como las ambigüedades de Hernán Sandoval. Critica a Camilo Escalona por su decidido apoyo a Frei, el que habría gatillado la irrupción de Arrate, Enríquez-Ominami y Navarro. Pero asimismo critica la dispersión de estos sectores, y a Frei, por no captar el voto duro de la Concertación. Critica a la Democracia Cristiana por haber empujado a Adolfo Zaldívar a su candidatura presidencial, y también por haberse negado otrora a tolerar dos candidatos en la coalición. Critica a la Concertación por haber dejado marchar a Cristián Warken, Julio Donoso y Max Colodro. Critica a Frei —a quien encuentra prescindible—, por no entender ni encarnar la garantía de gobernabilidad que dice representar. Critica a Marta Larraechea, por su espontaneidad. Critica a Jorge Burgos, el encargado territorial —en quien observa una actitud frívola—, y acusa al comando de carecer de estructura territorial. Critica a los elitistas y quejumbrosos, pero echa de menos la presencia de empresarios de verdad… ¡Esos que parten con pollitos para convertirlos en holding internacional! |
| Tomás no critica sólo personas, sino también trayectorias, contenidos, estilos, convicciones y grupos sociales. Critica los postulados de seguridad y protección social que distinguen a la administración Bachelet. Critica el programa de reformas constitucionales del Bicentenario. Critica la fe y la voluntad ganadora de los activistas políticos; le resultan demasiado ridículas y grotescas. Critica el optimismo de aquellos que no quieren ponerse en los funestos escenarios de derrota, pero les augura una derrota cierta. Critica el compromiso militante, por chauvinista. El principio de la lealtad, por complaciente. Y el deber de unidad, por acomodaticio. Critica la cultura popular de la Concertación; imagina pelagatos, dinosaurios, caminando y gritando viejas consignas. Tan diferentes a las mujeres preciosas y elegantes, tráfico abundante, y mucha tecnología y modernidad. ¿Qué quieres que diga? El culto a la estética, la mentalidad cosmopolita. |
| Tomás critica la visión estratégica, el relato, el manejo, el diagnóstico y el diseño. Critica el pacto con Juntos Podemos, pero no propone una política de alianzas. Critica las secuelas dejadas por las primarias, pero no ofrece caminos de conciliación. Critica la capitalización del ascendiente de Bachelet, pero no propone una solución de continuidad. Critica las aspiraciones de seguridad de la población, y en su lugar ofrece arpilleras ideológicas sin referentes en la realidad. Critica la dispersión oficialista, pero no muestra caminos de cohesión. Critica al comando, a la campaña y a Frei mismo, y proclama la ruptura con todo. Por eso, la suya se torna una crítica imposible de satisfacer desde la Concertación. |
| ¿Pero cuál es al fin de cuentas su propuesta? Hela aquí: «Una visión de conjunto que redefina una aproximación —digamos— sueltamente o culturalmente progresista, a la luz de los tiempos actuales y los cambios previsibles…» O sea, todo y nada a la vez. Pero una estrategia es la mantención en el tiempo de una visión común de país, un proyecto, unas fuerzas políticas y sociales, y unas condiciones nacionales e internacionales. Y lo de Tomás es una pura intuición. Una intuición sin historia, sin horizonte y sin audiencia. En suma, sin teoría. |
La Perplejidad De Los Partidos
| ¿Por qué la profusión de imágenes, portadas, páginas, debates y columnas de Marco Enríquez-Ominami? ¿Por qué esta figuración acordada por los medios de comunicación más influyentes? ¿Por qué si, como se ha dicho y probado, no existe el llamado fenómeno Marco? |
| Los motivos no se ocultan. Por estos días se realiza el trabajo de campo de la encuesta CEP, uno de los sondeos de opinión más válidos, confiables y esperados por la clase política. Su director, consciente de que la candidatura del diputado socialista favorece a Piñera, porque… ¡golpea duro a la Concertación! ―según aclara―, ha resuelto incluir su nombre entre los presidenciables que serán exhibidos a los entrevistados, por cierto, bastante expuestos a la presencia mediática del cineasta. De este modo, se busca replicar el efecto conseguido en 2002 con la incorporación de la entonces ministra de Defensa Michelle Bachelet. Esta oportuna ventaja le permitirá a Enríquez-Ominami despegarse de sus competidores más cercanos ―Navarro, Arrate y Zaldívar―, y situarse debajo de Frei y Piñera, en un tercer lugar de mucho simbolismo. |
| Es discutible la connivencia entre controladores de medios, operadores de encuestas, y facciones de poder de los partidos, pero es dentro de estas reglas que se desarrolla el juego político. Y es dentro de estas reglas que los partidos de la Concertación deben sobreponerse a su actual trance. Algo que no es fácil de hacer. Los partidos se ven irresolutos, confusos y dubitativos. Perplejos es la palabra. No consiguen responder con claridad y eficacia a las persistentes agresiones que los golpean desde sus vientres, distrayéndolos de su principal función estratégica: la selección de tensiones y conflictos que atribuyen poder. |
| En lugar de esto, parecen replegados sobre sí mismos, refugiados en unas creencias, valores y técnicas que, lejos de echar luces sobre los conflictos y sus fuentes, acaban oscureciéndolos. No es raro verlos reaccionar, quizá movidos por un instinto básico de conservación, con respuestas inapropiadas, insuficientes, poco convincentes y, a ratos, pueriles. |
| Los partidos han dejado de ser organizaciones fuertes, cohesionadas y programáticas, pero siguen exigiendo lealtad y disciplina a sus militantes. Han dejado de tener influencia sobre sus parlamentarios ―hoy más dependientes de los liderazgos nacionales que de sus electores―, pero siguen exhortándolos al orden y la obediencia. Han perdido contacto con las bases, mientras las bases, carentes de referentes políticos, se han vuelto más libres y más autónomas de los vínculos afectivos que las ligaban a ellos. En su reverso, se han fortalecido los caudillismos y los personalismos que se sirven de esas mismas bases como andamios electorales para su ascenso político. |
| Los partidos también han perdido identidad y perfil ideológico y programático. A ello ha contribuido el juego de coaliciones ―y de políticas de centro sin relieves―, donde la riqueza de las demandas se sacrifica en aras de la formación de mayorías. No es por nada que la Concertación ha llegado a convertirse en una coalición de cuatro partidos minoritarios con peso político equivalente, mientras una importante franja de sus electores oscila con soltura y versatilidad entre el gobierno y la oposición, sea ésta de izquierda o de derecha. |
| Hay pues un serio desajuste entre los mecanismos formales de representación y las inquietudes de los ciudadanos. Las fuertes desigualdades provocadas por la actual estrategia de desarrollo, han dado origen a una sociedad más diferenciada en estilos de vida, pautas de consumo, patrones culturales y distinciones culturales y étnicas, que desborda las formas tradicionales de representación de los partidos. |
| Su papel de formadores y canalizadores de la voluntad colectiva hoy se lo disputan los medios de comunicación, que interactúan directamente con el ciudadano, figura anónima y difusa cuyas preferencias a menudo toman cuerpo en los porcentajes de aceptación y rechazo arrojados por las encuestas. Pero hay quienes celebran la concentración de los medios de comunicación, sin advertir que son estos mismos medios los que proporcionan tribuna a la política del escándalo y profundizan la crisis de legitimidad de la democracia. |
| Los partidos, por último, han perdido su gravitación en las decisiones de política pública. Más fuerte se muestra aquella tecnocracia que no responde directamente a intereses políticos ni sociales, pero que se reproduce de una manera prodigiosa. Más poderosos que estos bolsones técnico-burocráticos, son los medios de comunicación, que buscan programar y controlar la Administración sin detentarla. Y aún más poderosos e influyentes que estos espacios informales de la política, son entidades como el Tribunal Constitucional, la Contraloría General de la República o el Banco Central, que gozan de plena autonomía, incluso para eximirse de la responsabilidad política de sus actos. Así las cosas, deberíamos preguntarnos si los partidos no se están transformando en organizaciones virtuales. |
| Por eso en junio, cuando se haga pública la encuesta CEP, sólo habrá que esperar dos actitudes: los estridentes devaneos conocidos hasta ahora, o una resuelta determinación del conflicto crucial sostenido con la derecha. |
| ¿Qué hacer para vencer el actual estado de perplejidad? |
| Democratizar la democracia, lo cual entraña la paradójica opción de reconcentrar el poder de los partidos en los activos de los partidos. Reconcentrar el diseño programático de las colectividades, en aquellos que destinan tiempo y saber a la elaboración programática de los partidos. Reconcentrar tareas de campaña en quienes conocen el territorio, y ofrecen tiempo y esfuerzo para recorrerlo. Reconcentrar las responsabilidades de difusión y comunicación en quienes poseen diseño estratégico y facultades operativas. En suma, decantar las organizaciones a fin de convertirlas en partidos profesionalizados y especializados en el trabajo político. Lo cual supone un gran acuerdo de empoderamiento que comprometa y movilice incluso a quienes han estado situados en polos opuestos. |
El Joven Huepe
Con seguridad, fue su formación jesuita la que llevó al joven Claudio Huepe a militar en la Democracia Cristiana. Probablemente fue la influencia del Colegio Seminario —y más tarde el ambiente de la Universidad Católica—, la que terminó perfilando su impronta política. Cuánto de su estilo obedeció a la educación recibida y cuánto a su propio carácter, es algo difícil de estimar, sobre todo tratándose de una personalidad que, como la de Huepe, siempre se mostró entera.
Íntegra, sólida y generosa se nos brinda la personalidad política de Huepe. Y sin embargo, es su calidad humana la que cobra relieve erigiéndose en el sello indeleble de su recuerdo. Se advierte en las primeras palabras de quienes lo conocieron, aquellas que tras el golpe helado brotan intuitivas y auténticas como queriendo grabar, urgentes y sin concesiones, el trazo firme de una cálida evocación: Huepe es un gran ser humano, una gran persona, un ejemplo cotidiano de nobleza y consecuencia, un hombre afable, valiente, excelente, decente, un espejo de lo que debe ser la fraternidad y la amistad. Son voces que sugieren una privación tan íntima, tan entrañable, tan irreparable, que sólo pareciera hallar alivio en la sublime semblanza del amigo. Tanto dolor se agrupa en mi costado, que por doler me duele hasta el aliento, escribe Miguel Hernández a su amigo Ramón Sijé.
Nadie ignora que el genio de Huepe desborda este cariz individual. Huepe es amistad cívica pero, muy esencialmente, es solidaridad política, presencia histórica y colectiva a la vez. Representación de una historia común, la historia de la última mitad del siglo XX vivida como memoria, precepto y esperanza. Tiempo de grandes convulsiones políticas, sociales y culturales. Época también de grandes liderazgos y promesas esparcidas sobre una tierra fértil y todavía reluctante a la secularización. Huepe ha visto pasar a los jóvenes falangistas. Los ha visto en los campos, en las calles, en los sindicatos, en las universidades. Los ha visto dar testimonio de verdad y caridad. Los ha visto enseñar, con un carisma arrebatador, el nuevo orden temporal de inspiración cristiana vislumbrado por Maritain. Dicen ser los padres de un mundo que nace. Dicen ser la patria que se ha puesto de pie para desatar la fuerza incontenible de una revolución en libertad.
Huepe va al encuentro de un movimiento en ascenso, y el movimiento encuentra en él las cualidades indispensables para avanzar. Hay en el joven dirigente una mezcla de compromiso, pasión y espíritu conciliador, cuando el movimiento demanda de los suyos fidelidad, rigor y sentido práctico. El ambiente social y cultural es favorable a la concurrencia y el protagonismo. La religión goza de amplia adhesión entre las personas y contribuye a su cohesión. La religión proporciona una concepción universal del mundo y de las cosas. Lejos del descreimiento, del relativismo y del sincretismo, que avanzan al ritmo irreductible de la secularización, la religión aporta el sustrato espiritual que nutre de sentido a las comunidades. La acción política se construye en comunidad y, si resulta exitosa, es porque está orientada al mundo campesino donde la religión y las relaciones comunitarias empapan la vida social.
Huepe tiene 24 años cuando Frei lo nombra intendente de Arauco. A los 30 ya es diputado de la Democracia Cristiana, donde permanece después de la formación del MAPU, la derrota de Tomic y el retiro de la Izquierda Cristiana. Corren vientos de cambio. Cambio de estructuras. Cambio de sistema. Cambio de cultura. Búsqueda del hombre nuevo. Sobre este fondo, el temple de Huepe aflora inconfundible. El suyo es la persistencia de la voluntad, el llamado de la vocación, esa voz extraña, emergente de no sabemos qué íntimo y secreto fondo nuestro —según la viva expresión de Ortega y Gasset— que nos incita a la acción. Es el temple vital de la alegría creadora. El espíritu lúdico que, con un sentido heroico, desafía al destino. Aquel que apostando por nobles ideales, opera un quiebre con la tradición y la costumbre. No es la voluntad de poder, ni la exaltación del superhéroe, sino la acción política vivida como testimonio y compromiso. La acción que reclama esfuerzo y sacrificio. La acción siempre respetuosa de los límites de la organización, de sus estatutos, de sus jerarquías y de sus miembros.
Es el momento más luminoso de una forma de hacer política próxima a desaparecer. El golpe de Estado, un resabio de la voluntad de dominio proclamada por los fascismos, es el cruel presagio de las sombras que acechan en el horizonte. El golpe anuncia la caída de los héroes y el desprecio por los ideales, por el testimonio y por el sacrificio. Huepe, en un acto que pone a prueba la tensión crucial entre la voluntad del hombre libre y los designios del horror, firma la declaración del 13 de septiembre de 1973. Tiene entonces 33 años. Vendrán luego la prisión, el exilio y otras duras y prolongadas luchas que sólo confirmarán la persistencia de su voluntad.
Giro Estratégico
Toda organización es una forma de distribuir poder, y el comando de Frei no es la excepción. La organización de una campaña consiste en la movilización de recursos de poder orientados a triunfar sobre el adversario. Pero también es una competencia entre quienes habrán de poner a prueba sus talentos y habilidades para ocupar las futuras jerarquías de autoridad.
Vista así, la arquitectura general de la campaña de Frei es un anticipo de lo que será su gobierno. Tras su aparente complejidad puede advertirse una inteligente combinación de activos políticos que, conforme a las circunstancias, todavía tendrá que ensayar ajustes y acomodos. Lo esencial es que Frei —aventajando en esto a Piñera— ha instalado a los principales protagonistas de su campaña: los partidos, los parlamentarios, los circuitos académicos cercanos al Gobierno y los elencos de independientes.
¿Cuáles son las razones de esta decisión? El próximo Gobierno no puede sino proyectarse a partir de los logros y desafíos de la actual administración. La popularidad de la Presidenta no sólo revela los aciertos de su política social, sino que muestra las claves para el resurgimiento y revitalización de las prácticas, estructuras y métodos de la Concertación. La presencia de técnicos e intelectuales comprometidos con los gobiernos precedentes, amén de aportar experiencia, debería contribuir a la progresión y coherencia de las políticas públicas con arreglo a derechos y garantías.
Por otra parte, el venidero no puede ser sino un gobierno de coalición, o sea, uno apoyado en los partidos políticos. Los partidos poseen implantación territorial, y son las únicas entidades constitutivas del comando que trascenderán la coyuntura electoral. De ellos se espera que den soporte y estabilidad a la gestión gubernamental. En cuanto a los parlamentarios y candidatos, su vínculo privilegiado con el elector los convierte en motores insustituibles de la campaña y, ya investidos como senadores y diputados, en aliados fundamentales para el éxito de las reformas anunciadas por Frei.
Sin embargo, es la incorporación de los independientes en la cúspide de la organización, el giro estratégico más importante inducido por Frei. La ecuación es simple; cuanta mayor sea la apertura hacia quienes no hacen vida partidaria, y cuantas nuevas alianzas se forjen con el mundo social, más nítido será el sello nacional y popular de su mandato. Por cierto, no todo está en sus manos. De los partidos depende la eficacia del diseño propuesto. En las colectividades reside la voluntad de liberar funciones y facultades operativas para lograr una dirección ejecutiva, coordinada, reconocida y eficiente de la campaña.
Con todo, este avance comporta nada más que una racionalización del poder. Otra cosa es explicar a quién sirve y cuál es su finalidad. ¡Sólo el mensaje y el liderazgo pueden desentrañar el sentido de la tarea y despertar una poderosa motivación para la acción! Luego, ¿cuál es el mensaje para los tiempos de incertidumbre? Uno que aleje el temor al futuro redivivo en los riesgos de desempleo, recortes salariales, dificultades para acceder a prestaciones de salud, inseguridad alimentaria, problemas para pagar viviendas y servicios de agua, electricidad y combustible; interrupción de los ciclos educativos, alzas del transporte público, endeudamiento y quiebra. ¿Cuál es el genuino liderazgo? Aquel que prometa seguridad y protección, y cuyo talante sea confiable a los ojos del país.
Principio De Cierre
No es raro que la prensa se concentre en las cuestiones menos importantes de un episodio. Tampoco es extraño que focalice la atención en las emociones y afectos comprometidos en una determinada situación. Así ocurre cuando el propósito es sensibilizar a la opinión pública y orientarla en la dirección deseada. La verdad es que esto es lo que regularmente ocurre en la era del video: la imagen puede decir incluso lo que nunca ha dicho.
¿Qué le dijo Escalona a Gómez? Le dijo lo que los periodistas dicen que les dijeron quienes los oyeron. Pero nadie que vea el video escuchará la conversación entre Escalona y Gómez. Lo único que logrará captar el observador será una mecánica y monótona lectura de cómputos. Nadie que mire el video podrá ver a Escalona punzando la espalda de Gómez. Y nadie lo verá dándole puntapiés. Acaso descubra agresiones de terceros. Escalona reconocerá sin embargo que el momento era inadecuado.
¿Qué ha hecho la prensa? Primero, ha elaborado e instalado en la mente del espectador una controversia que sólo Escalona y Gómez conocen en todos su detalles. Valiéndose del viejo principio de cierre, en función del cual tendemos a imaginar los objetos que percibimos incompletos como si en realidad estuvieran completos, la prensa ha unido los fragmentos de distintos testimonios, hechos por distintas personas, ubicadas en distintos puntos del escenario, para construir una interpretación unilateral de lo hablado. Y este relato se ha repetido y multiplicado por doquier, dando origen a nuevas interpretaciones, conclusiones, y eventuales consecuencias para la vida moral y afectiva de las personas y de la sociedad. Así, la imagen ha terminado diciendo lo que nunca dijo.
Y, segundo, aplicando la ley de la pregnancia, donde lo más simple es lo más fácil de asimilar, la prensa ha creado una experiencia sensible groseramente reduccionista de nuestra cultura política. Ha querido diluir un acto democrático de gran responsabilidad cívica y compromiso ciudadano, en la figura de políticos deslenguados y vulgares. Porque no otra es la sustancia que ha destilado de las primarias de la Concertación, lo que contrasta con el tratamiento dado por esta misma prensa al plebiscito de Vitacura. Y si existe una excepción que confirme la regla, ésta la ofrece El Mostrador, cuyas editoriales constituyen hoy por hoy un punto de referencia obligado para avanzar hacia una sociedad respetuosa de sus ciudadanos, de sus instituciones y de sus dirigentes.
En Vez Del Veto Y La Censura, Diálogo Moral
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El diputado Lobos, militante de la UDI, fustiga a Frei. Le enrostra cierta inconsecuencia con la Iglesia. Lobos, curiosamente, no sólo es partidario del aborto terapéutico, sino que es médico y, por lo tanto, alguien que conoce muy bien los fundamentos científicos de su opción moral. ¿Qué hay tras esta contradicción del diputado Lobos? Pues, no más que el temor a perder el apoyo de su sector en la elección de diciembre. El diputado Lobos preferiría que su electorado ignorara las razones éticas que lo llevan a promover el aborto terapéutico. Y si se indigna con Frei es sólo porque éste lo insta a mostrarse franco y directo con la ciudadanía, como lo hacen sus colegas Karla Rubilar y Osvaldo Palma. |
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Frei es democratacristiano. Frei milita en un partido político que se declara no confesional y no clerical. Frei, por consiguiente, no es representante de una iglesia y, menos aún, de porciones minoritarias de una iglesia. Frei busca realizar un programa de gobierno que represente a creyentes y no creyentes, clérigos y laicos, católicos y protestantes. Y en ello es coherente con los postulados de su partido y con sus convicciones personales. Desde luego, porque su opinión, intencionadamente deformada, fue tan simple como decir sí al debate: «vamos a discernir y analizar el tema como corresponde», dijo. La Tercera en cambio tituló: «Frei se abre a respaldar el aborto terapéutico». Está a la vista la enorme diferencia entre lo dicho y lo escrito. |
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Fue así como tras el epígrafe del periodista Artaza se sucedió una seguidilla de opiniones. «La DC rechaza apertura de Frei a debatir», publicó El Mercurio a propósito de las reacciones de tres parlamentarios falangistas. ¿Quién había hablado por la DC? El senador Jorge Pizarro y los diputados Jorge Sabag y Patricio Walker. Ello obligó al titular del partido, el diputado Juan Carlos Latorre, a recordar lo que realmente dijo Frei, o sea, que había que discutir el asunto. Entonces irrumpe Sebastián Piñera que, sin oír siquiera las aclaraciones del timonel DC, acusó a Frei de transar sus principios por razones políticas y electorales. Lo mismo que hizo Adolfo Zaldívar. Ambos alineados con el obispo Juan Ignacio González que, en su talante tridentino, simplemente se limitó a clausurar el diálogo: «si quiere ser fiel a la fe, Frei no debería estar dispuesto a discutir este tema en ninguna circunstancia», sentenció el prelado. Para consuelo de los católicos, fue monseñor Goic quien vino a atemperar los ánimos, situando la controversia en su justo centro, equidistante del fanatismo de los grupos «pro-vida» —donde milita el candidato presidencial de la derecha— como del de los grupos «pro-elección». |
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La Democracia Cristiana acepta el aborto terapéutico en casos excepcionales y complejos, los que deberían ser resueltos… ¡mediante mecanismos de discernimiento! Es lo que todos pueden leer en el párrafo 4 de su Congreso Ideológico. La Democracia Cristiana, sin embargo, no fue explícita acerca de cuáles serían estos casos excepcionales, cuáles los casos complejos, cuáles los mecanismos de discernimiento, quiénes deberían discernir y quiénes resolver dichas terapias. De modo que, aun cuando el congreso democratacristiano buscó zanjar la discusión, dejó abierto el debate. Un debate que, muy al revés de lo que piensan o desearían algunos, está lejos de haber prendido en Chile. Cuando ello ocurra, la polémica quizá ya no versará sobre la ley de interrupción voluntaria del embarazo, sino sobre una ley de plazos, una como la que actualmente debate el parlamento español. |
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El Tribunal Constitucional la Democracia Cristiana y la politica de vida |
La Amargura De Estos Días
Nadie como Jorge Edwards, ha podido expresar de manera más fiel el sentimiento democratacristiano ante la visita de Michelle Bachelet a Cuba. Recuerda el escritor la amargura que embargaba al poeta Georgi Petri al ver delegaciones de escolares que en los actos oficiales del régimen húngaro agasajaban a los poetas comunistas venidos de todas partes del mundo. Petri, entonces encarcelado, experimentaba esa frustración, e incluso humillación, que provoca la insensatez.
El testimonio de Georgi Petri podría ser el de Vaclav Havel en Checoeslovaquia, el de Pasternak en la Unión Soviética, o el de los presos políticos cuya existencia niega la cancillería cubana. Es el mismo sentimiento que reconocemos hoy, como si nos miráramos en un espejo, en la columna que escribe Jorge Edwards cuando aún no sabe del desaire de Fidel Castro a Chile.
Edwards, sin embargo, no habla sólo de desprecios y amarguras. Edwards habla del destino. En realidad habla del futuro de la Concertación y de la Democracia Cristiana. Ese porvenir que no podrá construirse en común mientras se siga negando a la falange su identidad de partido de principios, de valores, de tradiciones y de historia. Edwards habla de un equilibrio perdido. Habla de recuperar el sentido que tiene para el país, y sobre todo, para los propios democratacristianos, esta coalición que ha podido consolidar la democracia, la libertad y la paz social, pero que, con el paso del tiempo, corre el riesgo de oscurecer sus contornos fundacionales.