Los ministros de la Concertación

Febrero 8, 2010 - Escribir una respuesta

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Palabras preliminares
 
¿Cómo se formaron los gabinetes ministeriales de Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet? ¿Quiénes fueron sus ministros y ministras? ¿Cuán jóvenes eran al momento de asumir? ¿Cuánta solidaridad entre generaciones se verificó? ¡Cómo fue que ocurrió el eclipse de los partidos en el manejo del Estado! ¿Cuán renovadores son los renovadores? ¿Cómo operaron las jerarquías de clase para promover o frenar el ascenso de los titulares de carteras? En los siguientes párrafos se ofrece un análisis acerca de la conformación de los gabinetes ministeriales de los gobiernos de la Concertación.
 
Dentro del enfoque adoptado, se ha dado especial importancia a los atributos relacionados con la estabilidad política, la renovación de elencos, y la integralidad y eficacia de la acción gubernamental. Por eso también se han escogido las variables relativas al tiempo de permanencia de los ministros, las edades de ingreso y dejación del cargo, los lazos generacionales, las trayectorias políticas y técnicas, la formación profesional, los perfiles de género, y el origen social de los altos directivos.
 
En la elaboración de las categorías se ha recurrido a fuentes de información y consulta meritorias en su especie, como Chile: una democracia tutelada, de Felipe Portales, Sudamericana, 2000; La historia oculta de la transición: Chile 1990-1998,  de Ascanio Cavallo, Grijalbo, 1998; La clase política chilena, de Emilio Filippi, Pehuén, 2006; Nueva crónica de la transición, de Rafael Otano, LOM Ediciones, 2006; El gobierno de Lagos: balance crítico, de Hugo Fazio, Lom, 2006;  y El modelo chileno, de Paul W. Drake e Ivan Jakšić, 1999.
 
Permanencia de los ministros en el cargo
 
Un signo de fortaleza del gobierno es su estabilidad, la que está estrechamente asociada al tiempo de permanencia de los ministros en el cargo. De ahí la importancia de disponer de un núcleo de ministros políticos dotado de suficiente poder y autoridad, pero, asimismo, capaz de asegurar la continuidad de la gestión de gobierno.
 
Se consideran ministerios políticos aquellos que velan por la conducción general del gobierno. Esta tarea actualmente recae en los ministerios del Interior, Secretaría General de la Presidencia y Secretaría General de Gobierno. Las demás carteras, las sectoriales, no obstante contribuir a la integralidad de la acción gubernamental, atienden áreas específicas de la administración y se relacionan directamente con intereses sectoriales.
 
Un buen ejemplo de estabilidad frente a un escenario de cambio —como fue el de la transición política— lo ofrece el gobierno de Patricio Aylwin. De los cuatro gobiernos de la Concertación, es el que exhibe la menor rotación ministerial, según se puede observar en la Tabla 1. Durante su cuatrienio los ministros permanecieron en sus respectivas carteras por un lapso de 3 años promedio[i]. Por el contrario, durante el cuatrienio de Michelle Bachelet, los ministros se mantuvieron en sus carteras menos de 2 años promedio[ii]. Equidistantes de ambos, los sexenios de Eduardo Frei y Ricardo Lagos tuvieron ministros que permanecieron en sus cargos alrededor de 27 meses.
 
Tabla 1. Permanencia media de los ministros en el cargo
Gobierno Meses de  permanencia Desviación típica
Aylwin 36,5 7,9
Frei 27,4 1,1
Lagos 27,9 0,6
Bachelet 22,5 6,0
Promedio 28,6 0,0

 

En la hipótesis de que los ministros políticos, más los ministros de Hacienda y de Relaciones Exteriores, se mantuvieran en sus carteras durante todo el mandato de cuatro años y, a su vez, los ministros sectoriales rotaran en sus puestos —como en el mandato de Bachelet— cada 24 meses; se tendría una media de permanencia del gabinete de 27 meses. 
 
Una menor duración de los titulares de carteras sectoriales puede significarle al gobierno perder valiosas expertises, lo que a menudo es compensado con una mayor movilidad ministerial. Por regla general, en todos los sistemas políticos la elite ministerial se caracteriza por el predominio de ministros llamados a ocupar una sola cartera[iii], aunque no es inusual la existencia de ministros móviles, aquellos que pasan por varios ministerios. Se trata de titulares que entran en escena bajo circunstancias de fuerte presión política, lo que insta al Presidente a no innovar y, de este modo, asegurar la cohesión del gabinete. Se les encuentra en las cuatro administraciones concertacionistas, si bien han sido las de Frei y Lagos las que más recurrieron a ellos, como se constata en la Tabla 2.
 
Tabla 2. Ministros móviles en el gobierno
Gobierno Ministros
Aylwin Jaime Tohá
Frei Carlos Figueroa
Raúl Troncoso
José Miguel Insulza
Edmundo Pérez Yoma
Lagos Francisco Vidal
Michelle Bachelet
Jaime Ravinet
Bachelet Francisco Vidal
René Cortázar
 
Edad media de los miembros del gabinete
 
Una de las principales cuestiones que se puso de manifiesto durante la campaña presidencial, fue la necesidad de rejuvenecer los elencos gubernamentales. Frei incluso postulo la paridad entre mayores y menores de 45 años, ignorando acaso que en su propio gobierno los ministros menores de 45 años llegaron a constituir el 47% del gabinete, mientras que en el de Lagos alcanzaron al 52%, y, en el de Bachelet, se elevaron a la significativa cifra de 72% de las designaciones. En la siguiente nómina se pueden ver algunas de las figuras que enarbolan las banderas de la renovación en sus propias colectividades.
 
Ministros que asumen con menos de 45 años 
Gobierno  Ministros
Aylwin Enrique Correa René Cortázar
Carlos Ominami Alberto Etchegaray
Jorge Marshall Soledad Alvear
Frei Víctor Manuel Rebolledo Soledad Alvear
Carlos Mladinic Claudio Hohmann
Álvaro García Edmundo Hermosilla
Alejandro Jadresic Carlos Mladinic
Álvaro García Felipe Sandoval
Germán Quintana José Pablo Arellano
Lagos José de Gregorio Pedro García
José de Gregorio Claudio Orrego
Alejandra Krauss Claudio Orrego
Cecilia Pérez José de Gregorio
Yasna Provoste Cecilia Pérez
Yerko Ljubetic José Weinstein
Bachelet Felipe Harboe Sergio Espejo
Ricardo Lagos Weber Romy Schmidt
Carolina Tohá Karen Poniachik
Ingrid Antonijevic Karen Poniachik
Alejandro Ferreiro Marcelo Tokman
Paula Quintana Laura Albornoz
Yasna Provoste Paulina Urrutia
Carlos Maldonado Ana Lya Uriarte

 

La edad media de los gabinetes de la Concertación fue de 50 años, una cifra semejante a la europea[iv], aunque distante de la española, que ―por su peculiar transición democrática, y por el fuerte recambio generacional operado por la derecha en los noventa[v]― es de 45 años[vi].
 
Hay que tener presente que si en España la edad media de entrada al gobierno se instala en la mitad de la cuarentena, en el gobierno de Aylwin ésta se sitúa en los 53 años. Los ministros entran a los 53 y salen a los 56. Por eso, como se ve en la Tabla 3, el de Aylwin es el gabinete más veterano de los cuatro gobiernos, y también el que exhibe la más alta edad máxima: 72 años. La distancia del gobierno de Aylwin con sus sucesores se torna aún  más considerable cuando se lo compara con el de Lagos, que registra una media de 49 años, una edad mínima de 34, y una edad máxima de 69 años. Por su parte, en el gobierno de Frei el ministro más joven frisa los 37 años. Lo importante es que durante los gobiernos de la Concertación, la edad de los ministros descendió de manera lenta, pero persistente, desde una media de 53 años a otra de 50.
 
Tabla 3. La edad de ingreso de los ministros al gabinete
Gobierno Edad media Desviación típica Edad mínima Edad máxima (n)
Aylwin 53 1,9 36 72 20
Frei 52 1,0 37 70 54
Lagos 49 2,4 34 69 50
Bachelet 50 0,6 36 70 46
Promedio 50 0,5 36 70 43
 
  El peso de las generaciones
 
Es digno de destacar que los tres primeros gobiernos de la Concertación, a diferencia del de Bachelet, fueron marcados por el sello de una generación. El de Aylwin por la generación de 1930. El de Frei, por la de 1940. Y el de Lagos, por la de 1950. Sin embargo, a lo largo de estos veinte años, descuellan los nacidos en la década del cincuenta, como se evidencia en la Tabla 4.
 
Tabla 4. El origen generacional de los ministros del gabinete
Gobierno  1910-1919 1920-1929 1930-1939 1940-1949 1950-1959 1960-1969 1970-1979 (n)
Aylwin 1 5 9 5 4 0 0 24
Frei 0 3 13 15 11 2 0 44
Lagos 0 0 2 12 19 6 0 39
Bachelet 0 0 4 9 14 14 1 42
Totales 1 8 28 41 48 22 1 149

 

 Fue tal fue la hegemonía de los nacidos en los años cincuenta, que imposibilitó a la generación siguiente, la de los sesenta, instalarse en plenitud en el gobierno de Bachelet. Con ella —aunque no por ella— se frenó el impulso al recambio, como lo demuestra el Gráfico 1. Esto también explica la tímida aparición de los nacidos en los años setenta. En el gobierno de Bachelet, los nacidos en los años sesenta constituyen un tercio de los ministros, proporción equivalente a la de los nacidos en los años cincuenta.
 
Gráfico 1. La transición generacional en los gobiernos de la Concertación
 
 
Si  durante el gobierno de Aylwin, el 37% de los ministros había nacido en la década del treinta, en el gobierno de Frei, esta cohorte ya había descendido al 30%, mientras que los sucedían de manera clara los nacidos en la década del 40. En el gobierno de Lagos, casi la mitad de los ministros había nacido en la década del cincuenta. Son los otrora protagonistas de los movimientos juveniles de los sesenta, la generación de mayor densidad, y la que irrumpe con mayor fuerza en los últimos veinte años, como se ve en el Gráfico 2.
 
Gráfico 2. Las generaciones de reemplazo en los gobiernos de la Concertación
 
 
Como se muestra en el Gráfico 3, el gabinete de Aylwin se caracterizó por la presencia de ministros de mayor edad, los que permanecieron en sus carteras prácticamente todo el tiempo que duró el mandato, confirmando así que a mayor edad corresponde una permanencia más prolongada en la cartera[vii]. Con Frei esto experimenta un cambio; disminuye el tiempo de ocupación del cargo ministerial a lo largo del sexenio, y se invierte la relación entre la edad del ministro y su persistencia en el cargo, de modo que a mayor edad se registra una menor permanencia en la cartera.
 
Gráfico 3. Edad de los ministros al asumir y tiempo de permanencia en la cartera
 
 
 
 
 
Con Ricardo Lagos se configura un gabinete que, a diferencia del de Aylwin, se concentra en torno a los cincuenta años de edad. En su administración los ministros muestran una duración media en el gabinete de tres años. Con Lagos se restablece la regla de Aylwin de a mayor edad, más tiempo en el cargo. Finalmente, con Bachelet se diluyen las diferencias significativas resultantes de la correlación entre la edad del ministro y el tiempo de ocupación del cargo, y se decanta la tendencia hacia una menor tiempo de permanencia en el gabinete.
 
 Perfil político y técnico de los ministros
 
Se pueden distinguir las siguientes categorías de ministros, según la coincidencia que exhiben los titulares entre sus respectivas trayectorias profesionales y las características de la cartera que ocupan: 1) ministros generalistas amateurs, que son los que poseen habilidades políticas obtenidas tras haber ocupado cargos de representación o de haber participado activamente en sus respectivos partidos políticos; 2) ministros managers generalistas, que son los que, además de poseer experiencia política en cargos de representación, en la administración o en sus partidos, exhiben capacidades de gestión; 3) ministros especialistas amateurs, que son los que aún careciendo de una vasta trayectoria política y de un background  técnico, poseen conocimientos sobre las materias de la cartera; y 4) ministros managers especialistas, que son los que no tienen trayectorias políticas, pero en subsidio detentan una fuerte expertise técnica[viii] .
 
En la Tabla 5 se puede apreciar el perfil de los gabinetes de los cuatro gobiernos. Los ministros generalistas alcanzan su mayor presencia en el gobierno de Lagos (56%), y la menor, en el de Bachelet (43%). En el otro extremo, los ministros especialistas predominan en los gabinetes de Bachelet (57%), y tienen menos figuración en los de Lagos (44%).
 
Tabla 5. Perfiles de la expertise profesional según la posición en la carrera
Gobiernos Aylwin Frei Lagos Bachelet
Generalista 46 52 56 43
Generalista amateur 27 40 36 28
Manager generalista 19 12 20 15
Especialista 53 48 44 57
Especialista amateur 31 17 16 32
Manager especialista 23 31 28 25
Total 100 100 100 100

 

Dentro de los generalistas, es decir, de aquellos que poseen una experiencia amplia y exhiben una nutrida militancia política, los ministros amateurs son preponderantes en la administración de Frei, mientras los managers generalistas tienen mayor predominio en el gobierno de Lagos (20%). Entre los especialistas, o sea, aquellos que muestran concordancia entre su formación universitaria y sus habilidades técnicas, y la cartera que ocupan, los amateurs son los más numerosos del gobierno de Bachelet (32%), y más escasos en el de Lagos (16%) y de Frei (17%). Finalmente, los managers especialistas abundan en los gabinetes de Frei (31%), y merman en los de Aylwin (23%).
 
La elite ministerial chilena toma cierta distancia de los sistemas políticos con ejecutivos más técnicos, y se coloca entre los países con gobiernos más políticos. En los cuatro gobiernos es posible hallar un núcleo duro de ministros generalistas que posee fuertes vínculos con los partidos y con los parlamentarios. A menudo ostentan dilatadas carreras políticas, que han forjado en su paso por los diversos niveles de la estructura política chilena. Precisamente en este núcleo duro se vertebra la elite ministerial donde concurren la carrera representativa previa a la democracia, y el liderazgo ejercido en los partidos. Estos ministros generalistas son los genuinos insiders de los partidos políticos en la elite ministerial. Son los de mayor ascendiente sobre los partidos y sobre los parlamentarios. Aparecen con Aylwin, alcanzan su cénit con Frei, e inician el descenso con Lagos, hasta quedar en franca minoría con Bachelet. Los gobiernos de Aylwin y Frei, a diferencia de las administraciones de Lagos y Bachelet, se caracterizan por constituir gabinetes con fuerte peso político, debido a la entrada de un gran número de líderes nacionales de los partidos, con experiencia parlamentaria y en otras arenas políticas. Ello viene a confirmar que el establecimiento de un nuevo régimen político conducido por las élites de 1973, fue el factor determinante del tipo de transición política observada.
 
Es fácil deducir que los ministros que entraron a través de una ruta partidaria son generalistas, en cambio, los que ingresaron desde el gobierno, o de una ruta no partidaria, son mayoritariamente especialistas. Por cierto, los técnicos están asociados a ministerios técnicos, mientras que los políticos, a carteras políticas.
 
En este sentido, los gobiernos de la Concertación trazan una línea evolutiva que va de gabinetes representativos a gabinetes técnicos. A través de los años ha ocurrido un proceso endógeno a la administración, relativamente independiente de los partidos y de las estructuras de representación política, que ha concluido en la aparición de ministros mandarinos[ix], fenómeno éste propio de países cuyas elites ministeriales están menos parlamentarizadas. Se entiende por tales aquellos ministros que han sido funcionarios públicos, han pasado por órganos inferiores del gobierno central, y no han obtenido ningún mandato electivo público. Por lo común, dichos titulares se han iniciado como colaboradores o asistentes de un ministro, en calidad de consejero, adjunto, director o jefe de gabinete.  
 
Los gobiernos de la Concertación se han sostenido en coaliciones parlamentarias relativamente leales y estables, aun cuando la administración de Bachelet, presenció situaciones de minoría que la obligaron a designar titulares de mayor especialización en los altos cargos.
 
La transición democrática ha promovido el ingreso de ministros con carreras parlamentarias y partidarias, pero también ha fomentado la aparición de ministros cuyo cursus honorum[x] corresponde a ejecutivos, dirigentes sociales, alcaldes, consejeros regionales, concejales y outsiders.
 
No es posible entender estas vicisitudes del proceso al margen de la paulatina pérdida de gravitación del Presidente de la República en los partidos, y tampoco del debilitamiento de los lazos de interdependencia entre el Ejecutivo y las colectividades políticas. Así pues, si durante el gobierno de Aylwin predomina una relación de fusión, donde las colectividades ceden a favor de un gobierno suprapartidario altamente cohesionado, con Frei —sobre todo después de su primer ajuste de gabinete—, se produce una separación de ámbitos que habría de originar las primeras fisuras en la coalición. Pero es con Lagos con quien se inicia la compartimentación, en ocasiones, de abierta indiferencia entre los partidos y el gobierno. No obstante, el tipo más puro de compartimentación es el que adviene con Bachelet.
 
Las trayectorias profesionales de los ministros
 
Cuando se revisan las profesiones de los ministros en las cuatro administraciones (Tabla 6), salta a la vista la abrumadora presencia de abogados y economistas. Ambos grupos absorben casi los dos tercios de las designaciones habidas en el curso de los cuatro gobiernos. Es muy probable que aquí radique el punto de tensión y de equilibrio entre una lógica política y otra tecnocrática del ejercicio del poder. Esto contrasta con la mayor diversificación profesional que exhiben las asambleas de representantes, la Cámara de Diputados y el Senado (Gráfico 4).
 
Los ingenieros civiles, que con Aylwin cubrían cerca de la cuarta parte del gabinete, prácticamente han desaparecido de los ministerios. Los arquitectos, sólo estuvieron presentes en el gobierno de Lagos. Los asistentes sociales, una carrera con predominio de mujeres, también marcaron su mejor participación en la administración de Lagos.
 
Periodistas, antropólogos y actrices aparecen sólo durante el mandato de Bachelet. Esto, a más de constatar la ausencia de oficios no universitarios. Casi no hay representantes ministeriales del movimiento estudiantil, ni del mundo laboral y empresarial.
 
Tabla 6. Trayectorias profesionales de los ministros de la Concertación
Profesión Aylwin Frei Lagos Bachelet (n)
Abogado 36 33 32 30 55
Economista 16 39 30 28 51
Ingeniero 24 12 2 0 13
Médico 12 4 8 11 14
Profesor 0 2 8 7 8
Arquitecto 0 0 6 0 3
Sociólogo 4 2 2 6 6
Antropólogo 0 0 0 2 1
Cientista Político 0 2 2 2 3
Actriz 0 0 0 2 1
Geógrafo 4 0 0 0 1
Asistente Social 0 2 8 4 7
Periodista 0 0 0 4 2
Filósofo 4 0 2 0 2
Empresario 0 2 0 4 3
Otros 0 2 0 0 1
Totales 100 100 100 100 (171)

 

 
Gráfico 4. Trayectorias profesionales de los parlamentarios
 
 
Una parte importante de los ministros había orientado sus trayectorias profesionales hacia la política, que se realizó a través de los partidos. Por eso, la participación del partido y de sus elites en el gobierno fue más fuerte al principio que al final de la transición, cuando, como se ha visto, sucede un progresivo distanciamiento entre ambos. Así se confirma en la Tabla 9.
 
Tabla 9. Trayectoria previa a la ocupación del cargo
Experiencia principal antesde ocupar la cartera ministerial Gobierno Total(n)
Aylwin Frei Lagos Bachelet
(%) (%) (%) (%)
En cargo de elección popular 4 6 26 6 20
En cargo de la Administración 40 57 51 66 97
En tareas académicas 28 25 18 19 38
En responsabilidades partidarias 20 6 2 2 9
En actividades de la empresa privada 8 6 2 6 9
Total 100 100 100 100 (173)

 

Durante el gobierno de Aylwin, la mayor parte de los ministros tiene alguna noción de la función pública, la que ha sido adquirida prestando servicios en los gobiernos de Carlos Ibañez, Jorge Alessandri, Eduardo Frei Montalva o Salvador Allende. Algunos de ellos combinan esta expertise con un bagaje obtenido a su paso por cargos de representación política, como por ejemplo, los parlamentarios. Le siguen en importancia los titulares reclutados en instituciones académicas. Y, más abajo, los ministros con prácticas de conducción política en sus propios partidos.
 
En el gobierno de Frei se incrementa el número de ministros con experiencia en el manejo del sector público, sea porque la adquirieron desempeñando tareas subordinadas en el gobierno central —ministros, subsecretarios, directivos—, o porque las aprendieron en las administraciones locales. Se mantiene la presencia de titulares cuya actividad principal se ha desarrollado en el campo académico, pero se incorpora un mayor número de ex parlamentarios, y pierden gravitación los dirigentes puros de partidos, que orientan sus cursus honorums hacia las rutas parlamentarias.
 
Con Lagos se fortalece significativamente el grupo de ministros que han ocupado cargos de representación popular —ex senadores, ex diputados, ex alcaldes, ex consejeros regionales y ex concejales—, y persiste el grupo de directivos que han ampliado su expertise sirviendo a los gobiernos de Aylwin y Frei. Disminuyen los titulares reclutados en el mundo académico, al tiempo que se hace mínima la participación de dirigentes partidarios de alto nivel en el gobierno.
 
Durante el gobierno de Bachelet prácticamente se consolida la ruta administrativa que conduce al cargo de ministro. Dos tercios de los puestos ministeriales son ocupados por ministros que han engrosado su curriculum ejerciendo cargos en diversos niveles del aparato público, amén de aquellos que han desempeñado más de una vez el cargo de ministro y, en ocasiones, en gobiernos sucesivos (Tabla 10). Se mantiene la cuota de académicos y disminuye la cantidad de ministros fogueados en cargos de elección popular, aunque por primera vez se produce el caso —y sienta el precedente— de un ministro que abandona el escaño parlamentario para asumir responsabilidades de gobierno.
 
Tabla 10. Ministros que ocupan más de una cartera en los gabinetes de la Concertación
Ministros  en dos carteras Ministros en tres carteras Ministros en cuatro carteras
Ricardo LagosRaúl TroncosoGermán MolinaAdriana del PianoGermán Correa

Alejandro Foxley

Sergio Molina

René Cortázar

Jorge Leiva

Antonio GómezCarlos FigueroaMario FernándezCecilia PérezYasna Provoste

Marigen Hornkohl

Sergio Bitar

Karen Poniachik

Jorge ArrateSoledad AlvearJaime ToháJosé Miguel InsulzaEdmundo Pérez

Alvaro García

Jaime Ravinet

José de Gregorio

Francisco Vidal 
       

 

En cuanto al destino que siguieron los ministros después de cada gobierno, en la Tabla 11 se puede apreciar que la mayor parte continuó en la administración. Esto es sobre todo observable en el gobierno de Frei (71%), donde también es significativa la cuota de ministros que después de haber ejercido pasaron a la empresa privada (21%). El tránsito de los ministros hacia la arena representativa, es destacable en Aylwin y Lagos (26 y 18%). En cambio, la trayectoria de los ministros que eligen como destino a la empresa privada es clara en Bachelet (30%).
 
Tabla 11. Trayectoria posterior a la ocupación del cargo
Primero despuésde ocupar la cartera Gobierno Total (n)
Aylwin Frei Lagos Bachelet
(%) (%) (%) (%)
En cargo de elección popular 26 0 18 9 17
En cargo de la administración 61 73 55 35 87
En tareas académicas 9 6 9 17 13
En responsabilidades partidarias 0 0 2 9 3
En actividades de la empresa privada 4 21 16 30 27
Total 100 100 100 100 (147)

 

Mujeres en el gabinete
 
Uno de los cambios más notables en la conformación de los gabinetes de la Concertación, ha sido indudablemente la incorporación de las mujeres. Como se puede ver en el Anexo 2, llegar a la paridad de género tardó dieciséis años. En el gobierno de Aylwin había sólo una mujer. En el de Frei ya fueron 3. Con Lagos se elevaron a 12. Y, finalmente, con Bachelet, alcanzaron 20 designaciones.
 
Sin embargo, esta mayor presencia de las mujeres ha corrido paralela a las dificultades que han hallado para sobrevivir a las remodelaciones de gabinete, y al problema de ser encasilladas en carteras sociales. Si bien ha habido titulares mujeres en Relaciones Exteriores, secretaria general de la Presidencia, secretaría general de Gobierno, Justicia y Defensa, aún les siguen vedados los ministerios del Interior, Hacienda, Economía[xi], Obras Públicas, Transportes y Comunicaciones.
 
Mujeres en los gabinetes de la Concertación
Gobierno Número Ministra Ministerio
Aylwin 1 Soledad Alvear Servicio Nacional de la Mujer
Frei 3 Soledad Alvear Justicia
Adriana Delpiano Bienes Nacionales
Josefina Bilbao Servicio Nacional de la Mujer
Lagos 12 Soledad Alvear Relaciones Exteriores
Michelle Bachelet Defensa Nacional
Alejandra Krauss Planificación y Cooperación
Cecilia Pérez Planificación y Cooperación
Yasna Provoste Planificación y Cooperación
Mariana Aylwin Educación
Marigen Hornckol Educación
Michelle Bachelet Salud
Sonia Tschorne Vivienda y Urbanismo
Sonia Tschorne Bienes nacionales
Adriana Delpiano Directora del Servicio Nacional de la Mujer
Cecilia Pérez Directora del Servicio Nacional de la Mujer
Bachelet 20 Vivianne Blanlot Defensa Nacional
Paulina Veloso Secretaría General de la Presidencia
Carolina Tohá Secretaría General de Gobierno
Ingrid Antonijevic Economía, Fomento y Reconstrucción
Clarisa Hardy Planificación y Cooperación
Paula Quintana Planificación y Cooperación
Yasna Provoste Educación
Mónica Jiménez Educación
Claudia Serrano Trabajo y Previsión Social
María Soledad Barría Salud
Jeanette Vega Salud
Patricia Poblete Vivienda y Urbanismo
Romy Schmidt Bienes Nacionales
Marigen Hornkohl Agricultura
Karen Poniachik Minería
Karen Poniachik Energía
Laura Albornoz Servicio Nacional de la Mujer
Carmen Andrade Servicio Nacional de la Mujer
Paulina Urrutia Consejo Nacional de la Cultura y las Artes
Ana Lya Uriarte Comisión Nacional del Medio Ambiente

 

Origen social de los ministros
 
Los estudios sobre las clases dirigentes han confirmado la existencia de una alta correlación entre la elite política y su pertenencia a los estratos sociales más elevados de la población. La combinación de la educación y el origen social de los dirigentes, revela que el acceso a la elite requiere de un alto nivel de formación académica. Esto actúa como una barrera de entrada que excluye a quienes han obtenido menos educación. El acceso a una educación universitaria, por otra parte, está fuertemente condicionado por el origen social de los postulantes. Y está vastamente comprobado que, aún aquellos individuos que han alcanzado calificación universitaria, no acceden por igual a la élite política. En la selección interviene un sesgo social que favorece a los estratos altos, y no es extraño que una vez superados los obstáculos de ingreso a la elite, se activen mecanismos de segregación y expulsión exógenos al propio desempeño del cargo.
 
Para determinar la posición social de los ministros, se ha considerado su trayectoria educativa, su formación profesional, y sus vínculos familiares. Con estas tres variables se han distinguido tres niveles sociales: A) ministros con origen social alto; B) ministros provenientes de capas medias; y C) ministros con una fuerte movilidad ascendente en la jerarquía social.
 
En la Tabla 12 puede verse el enorme predominio de las clases altas en los gabinetes de la Concertación. En los gobiernos de Aylwin y de Bachelet sobre el 50% de las designaciones recaen en titulares procedentes de este segmento, mientras que en los de Frei y Lagos, dicha proporción se sitúa en el 40%. Los ministros provenientes de los sectores medios, muestran una mayor participación en el gobierno de Frei, y la más exigua en el gobierno de Bachelet, cuando representan menos de un cuarto de las designaciones. Por último, los ministros de orígenes sociales más modestos, se revelan más numerosos en el gobierno de Lagos, y merman su participación en la administración de Frei. Con todo, es durante el gobierno de Lagos cuando se verifica un mayor equilibrio ministerial según el origen social de los jefes de cartera.
 
Tabla 12. La posición social de los ministros de los gabinetes de la Concertación
 Origen Gobierno Total
Aylwin Frei Lagos Bachelet
  (%) (%) (%) (%) (n)
A 50 40 40 52 71
B 29 46 33 24 53
C 21 14 27 24 34
Totales 100 100 100 100 (158)

 

 


NOTAS

[i] En Finlandia los ministros duran 3 años, 2,78 en Portugal, 2,09 en Grecia. Francia 3,6, Bélgica 3,8 e Italia 3,8. Islandia 6,1, Irlanda 6,6 y Luxemburgo 6,8. Juan Rodríguez Teruel, Reclutamiento y carrera ministerial de los ministros en España (1976-2005), Open University, WP núm. 273, Institut de Ciències Polítiques i Socials Barcelona, 2009, pág. 24.

[ii] En la mayoría de los países donde los ministros suelen entrar jóvenes al Gobierno tienden a dejarlo jóvenes. Véase: Jo. Blondel, Government Ministers in the Contemporary World, Londres, Sage, 1985.

[iii] Véase: J. Blondel, Government Ministers in the Contemporary World, Londres, Sage, 1985, pág. 222.

[iv] Aparte de Irlanda (cuya edad media de entrada es de 46,2 años) y de los países escandinavos (en torno a los 48 años), la mayoría de países tienen elites ministeriales que entran en el Gobierno a partir de los cincuenta años (especialmente en el caso de Italia y Gran Bretaña, cuyos ministros acceden al Gobierno después de los 53 años como media).

[v] La fundación del Partido Popular en 1988 trajo a una nueva generación a la cúpula del partido, que tras varios intentos de alcanzar el poder, lo consiguió definitivamente en 1996. Véase: Salvador Parrado Díez, El control político de la Administración central española: continuidad y cambio en 1982 y 1996, Universidad Nacional de Educación a Distancia, pág. 45.

[vi] En términos generales, la carrera ministerial en España se realiza entre los 40 y los 50 años. La edad media de entrada en el Gobierno se encuentra en la mitad de la cuarentena.

[vii] En España los ministros conservan su mandato alrededor de tres años. Véase: Juan Rodríguez Teruel, Reclutamiento y carrera ministerial de los ministros en España (1976-2005), Open University, WP núm. 273, Institut de Ciències Polítiques i Socials Barcelona, 2009, pág. 24.

[viii]  Para un análisis más extenso, véase la tesis doctoral de Juan Rodríguez Teruel, Los ministros de la España democrática, Universidad Autónoma de Barcelona, enero de 2006. Tomamos la clasificación sugerida por el autor en la página 523:

  Background técnico Sin background técnico
especialista Manager especialista: fuerte expertise técnica Especialista amateur: conocimiento de la materia
generalista Manager generalista: capacidad de gestión Generalista amateur: habilidades políticas

[ix] El concepto hace referencia a la tradición del imperio chino de reclutar a los dirigentes entre los llamados mandarines, funcionarios que habían servido largamente en la administración del emperador y que, por ello, conocían mejor que nadie el funcionamiento de la burocracia, siendo los más aptos para ejercer las tareas de consejeros del líder.

[x] El cursus honorum, carrera política, es la jerarquía de puestos que los políticos se esfuerzan en alcanzar con mayor o menor éxito.

[xi] Considerando cuán breve fue el paso de Ingrid Antonijevic Hahn, del 11 de marzo al 14 de julio de 2006, por la cartera.

La Estrategia De La Cooptación

Enero 29, 2010 - Escribir una respuesta

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Al ritmo estival que están tomando los acontecimientos, la democracia de los acuerdos y la oposición constructiva se impondrán gradual, pero sostenidamente, por la vía de los hechos consumados. Sin que medie debate, pronunciamiento, ni reconversión en los partidos. Y sin que se haya decidido nada parecido a un diseño estratégico en la Concertación.

Así lo demuestra la voluntad de altos personeros de confianza de permanecer en la administración, y de continuar representando al gobierno de Sebastián Piñera en los organismos internacionales y en las misiones de ayuda. El Presidente electo se ha propuesto convocarlos a una «nueva transición», de ocho años, según augura, que los distinguidos por la nominación no desaprueban, y más bien aceptan de buen grado.

Incluso el presidente de Renovación Nacional ha sido desafiante al sostener que su colectividad está proponiendo los nombres de tres militantes de la Concertación, uno de ellos ministro en ejercicio. Y se cree que a partir de marzo varios más seguirán este camino. La Democracia Cristiana ya ha dado una señal clara al advertir que serán separados de la tienda aquellos militantes que acepten cargos de ministros, subsecretarios, jefes de servicios, superintendentes y seremis.

Es altamente probable que en Parlamento también se diluyan las fronteras que separan a las dos grandes coaliciones. En cierto modo, esto ha sido anticipado por los frustrados acuerdos del radicalismo con la derecha para concordar la mesa de la Cámara de Diputados, y de parlamentarios democratacristianos con sus pares de la Coalición por el Cambio, para configurar la mesa del Senado, amén del reciente pacto suscrito entre el PRI y RN.

Existen condiciones objetivas que conspiran contra la unidad de la oposición. Una de ellas, son los quórums necesarios para legislar. Así pues, para aprobar normas legales interpretativas de la Constitución, se precisan tres quintos de los parlamentarios en ejercicio, o sea, 72 diputados y 23 senadores. Las normas orgánicas constitucionales requieren el voto de cuatro séptimos, es decir, 69 diputados y 22 senadores. Las de quórum calificado, demandan la mayoría absoluta: 61 diputados y 20 senadores. Y las leyes de indultos y amnistías, exigen el concurso de 80 diputados y 26 senadores. Ello podría dar origen, no a una, sino a varias oposiciones, dependiendo con qué partido o sector, y en función de qué propósito, se legisle.

Otra circunstancia que favorece la fragmentación, es la pérdida de cohesión y articulación de los partidos de la Concertación producida tras la derrota del 17 de enero. Su consistencia es bastante floja comparada con la exhibida por los partidos de la Alianza durante los últimos dos años, periodo en el cual no han sufrido rupturas y, por el contrario, han allegado nuevas fuerzas, como el PRI, Chile Primero y sectores socialcristianos, a su torrente.

Piñera y la derecha están ganando la partida y, si la Concertación no reacciona a tiempo, serán ellos, desde el gobierno, los que digiten y orienten el curso de la renovación, la refundación o la regeneración de los partidos.

Enlaces
 
Juan Gabriel Valdés acepta ser delegado presidencial de Piñera.
 
«Es motivo de orgullo para el PS que se reconozca la labor diplomática y humanitaria de Juan Gabriel Valdés. No estamos hablando de un cargo, sino de una responsabilidad humanitaria y no remunerada».
 
«Sería inconsecuente e incoherente que los dirigentes de la Concertación formaran parte de un gobierno de Piñera».
 
 
 

Cuchillo Ceremonial

Enero 26, 2010 - Escribir una respuesta

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La democracia de los acuerdos esgrimida por la derecha no es un falso dilema, sino el cuchillo ceremonial que intenta clavar en el corazón de la Concertación para desangrar a la Democracia Cristiana. La democracia de los acuerdos no es un asunto ideológico, no es un producto de la razón ni del debate racional, sino una escaramuza bélica dirigida a destruir al adversario. La democracia de los acuerdos es un ritual para el que siempre se hallarán disponibles profetas y sacerdotes del apocalíptico final de los partidos.

Porque, nada puede ser igual a los años de la democracia de los acuerdos. Nada puede retornarnos  a los orígenes de la transición. Nada nos regresará a los poderes fácticos, ni al grueso y oscuro velo que ocultó los horrores de la dictadura. Nada nos llevará ante la figura omnipresente, y ya corrupta, del general.

Nada volverá a descubrirnos la tragedia de tres mil chilenos detenidos, ejecutados o torturadas por agentes del Estado, ni los mil trescientos cadáveres desaparecidos que nos reveló perpleja y estremecida la Comisión Rettig.

Nada nos volverá al miedo, aunque sobrevendrán otros miedos, quizá el miedo a la desenfrenada concupiscencia del poder y la riqueza, pero no el miedo que nos condujo a la desmovilización y a la parálisis social. Porque, si a principios de los noventa fue necesario contener las demandas acumuladas; las urgencias de esta hora nos imponen defender los caros derechos y protecciones sociales que vinieron a paliar aquella deuda social. Si ayer debimos dar pruebas de gobernabilidad y eficiencia, veinte años en el gobierno parecen confirmar, más que deshonrar, nuestra capacidad para administrar los asuntos públicos. Sólo que ahora dejamos de ser gobierno y pasamos a la oposición, y ahora no es lo nuestro dar muestras de buena gestión e idoneidad al frente del Estado, sino velar para que ello ocurra.

No volverá la democracia de los acuerdos, el pacto obligado por los senadores designados, y por esa insoportable paridad entre mayorías y minorías que nos legó el binominal, cuando aún no había municipios democráticos ni gobiernos regionales. Ni habrá más ejercicios de enlace, piruetas militares que, como la afilada espada de Damocles, buscaban intimidar pueril y desembozadamente al primer gobierno de la transición. Hoy los soldados están en sus cuarteles, y no parecen dispuestos a perder la adhesión y el reconocimiento de su pueblo.

Podemos ignorar a los nuevos exégetas de la democracia de los acuerdos. La verdad es que nada nos obliga a mirar la crisis de 1973 a través del prisma de las planificaciones globales, del multipartidismo polarizado, del régimen presidencialista, de la acción de los grupos revolucionarios, y del Estado intervencionista. Se ha escrito otra historia y otra ciencia desde entonces, como para tomar distancia de aquellos viejos relatos.

Luego, si nos mantenemos despiertos, no tendríamos porqué caer rendidos ante la persuasiva equivalencia moral y política entre el gobierno de Aylwin y el de Piñera; esta que se nos ofrece bajo el disfraz de gobierno de unidad nacional, oposición constructiva  y democracia de los acuerdos. Esta que se postula como vía legítima para transitar de un país subdesarrollado, con muchas desigualdades, a un país desarrollado y sin pobreza, cuando los mayores riesgos para la democracia ya no provienen de la dictadura, ni de la explosión de demandas, ni de los grupos revolucionarios que desafían la legitimidad del Estado, sino de la escandalosa concentración del poder político, económico y de la información, de quienes tomarán el gobierno.

Política de los acuerdos genera debate en Chile

Gutenberg descarta democracia de los acuerdos

La política de los acuerdos es tan necesaria como lo fue en los ‘90

La democracia de los acuerdos

El futuro de la DC

La Oposición Al Gobierno De La Coalición

Enero 19, 2010 - Escribir una respuesta

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Sería un profundo error que se realizara una oposición de trinchera ―declara Andrés Chadwick, senador de la UDI―. Y al escucharlo resulta del todo imposible no evocar la estrategia del desalojo de Allamand. ¿Cómo olvidar la absurda acusación constitucional y la consiguiente destitución de la ministra Yasna Provoste? ¿Cómo borrar la negativa de la derecha a votar los recursos para el Transantiago? ¿Cómo ignorar la inagotable profusión de comisiones investigadoras? En su momento todo esto fue defendido como legítimo mecanismo de control de la gestión gubernamental. Luego, ¿por qué habría de ser erróneo aplicarle la misma vara al gobierno de Piñera? ¿Por qué, si la derecha y su candidato practicaron una demoledora oposición de trinchera contra el Ejecutivo? Chadwick no lo explica, pero abre la interrogante: ¿cómo debería ser la oposición al gobierno de la Coalición?

Si algo realmente crucial ocurrió en las pasadas elecciones, eso fue el término de la transición. La derecha volvió al gobierno por la vía democrática, lo mismo que el Partido Comunista volvió al parlamento. Ambos hechos determinan el tipo de oposición que se inaugura en el país. Una oposición que se realiza, no contra, sino dentro y a favor del régimen democrático. Una oposición que no conspira contra las instituciones, sino que compite dentro del sistema. Una oposición cuyo denominador político común es la adhesión a las reglas del juego que garantizan el control de los actos del Ejecutivo y la autenticidad del ejercicio del poder. Se trata pues de una oposición institucionalizada, donde lo más institucional es la presencia de partidos políticos reconocidos legalmente. Porque sin partidos políticos —que son los encargados de organizar la crítica, el control, la contestación y la cooperación—, no puede haber oposición eficiente. Y sin oposición eficiente, tampoco puede haber gobierno eficiente.

Por eso, el rol de la oposición no depende del gobierno, sino del estatus que le reconoce el régimen político. Dicho de forma más clara, no será la música ni el tono del gobierno de la Coalición lo que defina qué tipo de oposición hacer, sino las oportunidades que la democracia le granjea a la oposición para convertirse en mayoría y para reconquistar el Gobierno. De lo contrario, lo suyo se agotará en una acción puramente contestataria, cuando su misión es imaginar alternativas y constituir fuerzas y equipos de reemplazo. En esto no puede haber lugar a equívocos: se debe hacer toda la oposición crítica, constructiva, clara y definida que se precise, pero, asimismo, se debe construir toda la oposición fuerte y cohesionada que las circunstancias permitan para limitar el poder de la Coalición y para impedir que se perpetúe.

Lo dicho, en modo alguno reviste los caracteres de una oposición obstructiva y deslegitimadora. Sólo es la respuesta lúcida y clarividente de los representantes de la minoría frente a un poder que se ha propuesto como condición objetiva de su prolongación, separar a la Democracia Cristiana de sus aliados históricos, lo cual pasa por su incorporación al Gobierno. Ante esto, nada más que partidos ordenados y disciplinados pueden asegurar la unidad política y social de la oposición y la gobernabilidad del país.

 

¿Se Traspasa La Popularidad De La Presidenta?

Enero 13, 2010 - Escribir una respuesta

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Por estos días dos observadores han llamado la atención sobre la virtual inconsistencia entre la popularidad de la Presidenta Bachelet y del Gobierno, y la adhesión que realmente concita la Concertación. ¿Por qué la Presidenta tiene un 80% de adhesión y las votaciones parlamentarias y la votación presidencial, además de que van divididas, tienen una votación tan distinta? —se pregunta Pablo Ruiz-Tagle, coordinador de Océanos Azules, evaluando las elecciones del 13 de diciembre. Su conclusión es que la popularidad de Bachelet es un artificio mediático que enmascara la falta de voluntad y de compromiso político con las transformaciones que el país reclama.

Ernesto Ottone, ex asesor del Presidente Lagos, también se hace esta pregunta, pero teniendo en perspectiva la segunda vuelta. El Gobierno que concluye en marzo  del año 2010 —escribe el columnista— saldrá con un apoyo de alrededor del 60% y Bachelet bordeará el 80% de sustentación en la opinión pública. ¿Cómo hace una coalición con tamaños resultados para estar expuesta a perder en las próximas elecciones presidenciales? Ottone piensa que un fatal desenlace electoral sería la consecuencia lógica de la conflictiva y jamás zanjada coexistencia de las buenas y malas prácticas políticas en el seno del conglomerado. 

Ottone y Ruiz-Tagle ofrecen sendas razones para explicar una aparente incongruencia entre popularidad y votación efectiva. Razones que entran a disputarse, entre tantas otras, la elaboración política de la crisis de los partidos. Razones que, sin embargo, prescinden del hecho esencial, a saber, que toda la votación acumulada por la derecha en la pasada elección parlamentaria sólo la empinó al 43 por ciento y, lo que es del todo perentorio, que la confluencia de los votos obtenidos en esos mismos comicios por quienes hoy están con Frei, superó el 53 por ciento del electorado.

Es cierto que este dato podría controvertirse con el expediente de que se trata de una pura sumatoria estadística. Pero si, como lo declaró Frei en el debate televisivo, y lo desarrolló Víctor Barrueto en La Segunda, es posible un pacto de gobernabilidad mucho más amplio que el sostenido por las cuatro colectividades de la Concertación, entonces significa que existen bases políticas, sociales y culturales que le dan viabilidad. Significa que lo sucedido, más que el trastrocamiento de las clásicas alianzas formadas al amparo de la transición democrática, es expresión de un proceso de implosión dentro de un sistema político agotado. En tal caso, aunque fraccionadas, las fuerzas de centro-izquierda seguirían concitando la adhesión mayoritaria del país, y podrían estar disponibles para la concurrencia.

Pero aún moderando el peso relativo de tales fuerzas, el solo hecho de admitir que los resultados de la próxima elección son todavía muy inciertos, revela que no es el grueso de la adhesión lo que está en juego, sino el desafío de salvar la corta distancia que separa a Frei de la mayoría absoluta, o sea, el fiel de la balanza que inclina la decisión final. Por cierto, esto es lo que hace la diferencia entre el triunfo y la derrota. Pero lo realmente asombroso será haber llegado hasta aquí.   

Bachelet y su gobierno son tributarios de esta acumulación de fuerzas. Sin su ascendiente difícilmente la Concertación se estaría planteando la posibilidad de vencer en las urnas el próximo domingo.

Hace poco más de un año, las opiniones de desaprobación a la gestión de la Presidenta superaban a las de aceptación, y estas últimas se situaban por debajo de la votación obtenida por la Concertación en la elección de concejales, que por entonces exhibía una sensible caída respecto de los anteriores comicios municipales. Se estaba produciendo una fuerte asociación entre la menguada popularidad de la Mandataria y la baja adhesión a la coalición de gobierno, lo que, ad portas de una recesión económica, alimentaba los peores vaticinios electorales para el año 2009. Bachelet sin embargo fue capaz de provocar un vuelco oportuno en los estilos de gestión gubernamental y de comunicación social. Fue capaz de hacer cosas y de hacerse comprender por el país. Y si la protección social pasó a ser el sello inconfundible de su mandato, lo fue por su política comunicacional, cuyo mérito se muestra elocuente en el vertiginoso y creciente reconocimiento público.

 

La Nueva Derecha

Enero 5, 2010 - 5 comentarios

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Non siamo ciechi, caro padre, siamo soltanto uomini. Viviamo in una realta’ mobile alla quale cerchiamo di adattarci come le alghe si piegano sotto la spinta del mare…

Il Gattopardo, Giuseppe Tomasi di Lampedusa

Así reacciona el príncipe Fabrizzio Salina, último resabio de la decadente aristocracia siciliana, ante lo que intuye como su fatal acomodo, y el de su clase, al nuevo mundo que adviene con la unificación italiana: «No somos ciegos, querido padre. Sólo somos hombres. Vivimos en una realidad móvil a la que tratamos de adaptarnos como las algas se doblegan bajo el impulso del mar.»

No ha pasado un mes desde la primera vuelta, pero como si desde entonces hubiera ocurrido un colosal cambio político, social y cultural, nos hemos convertido en espectadores del más sublime elogio de la derecha y de Piñera, que ni la derecha ni Piñera habrían podido escribir mejor sobre sí mismos. A pocos días de la elección, Eugenio Tironi Patricio Navia nos descubren a otra derecha y a otro Piñera.

Eugenio Tironi, hasta hace algunas semanas figura destacada del comando de Frei, postula que Piñera ha fundado otra derecha. Una derecha post Pinochet y post UDI. Lo cual es una paradoja, habida cuenta que es esta misma derecha la que entroniza a la UDI como su principal fuerza electoral y parlamentaria, y la misma que salvaguarda la herencia constitucional de Pinochet.

Se trataría, según Tironi, de una derecha que hace aspavientos de haber estado con el No. Solo que, salvo Piñera, ahí no hay nadie que confiese haber votado por el No. Seguramente porque no hay nadie que haya votado por el No. Una derecha que, al decir de Tironi, no reniega del Estado ni de la protección social, lo que tendría que verse demostrado en los hechos, más que en las declaraciones. La experiencia enseña que las conductas más regresivas de la derecha son precisamente las que, desmarcándose de Piñera, exhibe en el Congreso. La lista de iniciativas legislativas rechazadas por la oposición en el Parlamento es bastante extensa como para detenerse en ellas, pero bastaría mencionar las reformas a la educación, a la salud, a la seguridad, sin hablar de otras que apuntan a la desconcentración económica, para sopesar cuan irreal es el presunto progresismo de la derecha. Tironi cree ver signos de evolución en una derecha que asume las uniones entre homosexuales, pero se olvida de las poderosas mordazas que sus líderes han debido imponer para moderar las resistencias al liberalismo ad hoc de su candidato presidencial.

Pero no sólo una nueva derecha nos revela Tironi; también nos advierte de un nuevo liderazgo. Si ayer el sociólogo fue deslumbrado por la figura de Sarkozy, hoy su fascinación es por una especie de Berlusconi a la chilena. Un Piñera que puede estar en múltiples actividades a la vez… viajes, fútbol, TV y política. Un candidato que muestra riqueza, méritos, capacidad, y no privilegios. Que, como el Primer Ministro italiano, transpira éxito y optimismo. Todo un artista; una celebridad. ¡Tan distinto a esos otros que se confunden con las miserias de la gente! Pero que expresan la genuina sensibilidad progresista, habremos de agregar.

Patricio Navia, al igual que Tironi, se declara simpatizante de la Concertación, aunque a diferencia de Tironi, respaldó la candidatura de Enríquez y ahora anuncia abiertamente que votará por Piñera. Dice que lo hará porque repudia las primarias truchas que habría organizado la coalición. Votará sin embargo por una derecha que jamás ha empleado nada parecido a un mecanismo de consulta para definir a su candidato. Empeñado en minimizar los costos de su decisión, Navia asegura que votar por Piñera no significa votar por los pinochetistas y conservadores. Ello abre interrogantes que, por su propia formación científica —como gusta manifestarlo—, el analista está obligado a responder: ¿dónde entonces se fueron los pinochetistas y conservadores? ¿Quién los representa en esta vuelta? ¿No existen estos pinochetistas y conservadores entre los 18 senadores y 58 diputados con los que Piñera habría de gobernar?

Navia está convencido que una eventual administración de la derecha sería transitoria, mas, si por el contrario se prolongara, sería porque dicho sector se habría convertido en una derecha democrática, liberal e incluyente. Peligrosa apuesta la de Navia, pues el mayor precio no lo paga la clase política exhortada por él a pedir perdón por sus errores y faltas —el perdón y la relación que establece entre las personas, no es un asunto político, como observa Hannah Arendt—; lo paga el país, sobre todo aquellos más pobres y desposeídos por los cuales Navia se hizo simpatizante de la Concertación.

Un solo hecho sigue siendo el decisivo. Si como todos coinciden, esta elección se juega en los márgenes, o sea, en las diferencias mínimas de votación entre Frei y Piñera, significa que cualquiera sea el nuevo rostro que se le quiera dar a la derecha, el país sigue alineado en torno a dos grandes y estructurales opciones políticas.

 

El guiño piñerista de Eugenio Tironi

Navia transparenta correos con Piñera

Tres testimonios de voluntad colectiva

El neotribalismo

El neocesarismo

¡Damasco, Lawrence, Damasco!

Diciembre 31, 2009 - Escribir una respuesta

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La crítica cinematográfica la considera una de las escenas mejor logradas por David Lean en Lawrence de Arabia. Aquella en que se ve al oficial inglés obsesionado con la idea de arrojarse sin contemplaciones contra una división de soldados turcos que, ya vencida y sin defensas, ha emprendido la retirada. En vano su amigo beduino procura convencerlo de no perder el norte de la misión, que es la conquista de la mítica ciudad árabe. ¡Damasco, Lawrence, Damasco! —lo persuade. Pero Lawrence no escucha. Cegado por el odio y la venganza, arremete contra las diezmadas tropas enemigas hasta convertir el sitio en una espantosa carnicería.

¡Damasco, Lawrence, Damasco! La admonición significa no desviarse del objetivo principal. No malgastar fuerza y energía en legiones derrotadas y humilladas. No desperdiciar municiones en unidades desarmadas. No dar pie al encono y la revancha. No verse empujados por los instintos básicos, cuando un mínimo de sensatez aconseja mantener el rumbo de la empresa. Ese y no otro es el sentido de la exhortación hecha a Lawrence.

Misma advertencia que hoy cobra actualidad en el fragor de la campaña, cuando algunos, al igual que Lawrence, se ven arrastrados por la sed de desquite. Cuando, como él, se alejan de la lucha principal, para enfrascarse en querellas particulares que nada tienen que ver con los intereses de la política. Los que, en lugar de aportar racionalidad estratégica, caen rendidos ante la fascinación del comportamiento beligerante, de dialéctica única, anómala e irrepetible, como sólo pueden serlo las criaturas del reino de Serendipia. Un candidato derrotado en las urnas, exigiendo la caída de los titulares de unos partidos en los que no milita, y que conforman una coalición contra la que ha volcado todo su potencial destructivo. Un candidato que declara no tener injerencia en sus adherentes, pero que habla y condiciona los cursos de acción de sus adversarios, como si en verdad fuera dueño de un millón y medio de votos.

Sorprendería lo que es capaz de producir la imaginación ideológica para agudizar las contradicciones y forzar el cambio de rumbo. Desde la pésima aplicación de la teoría política comparada, que equiparando el precario sistema de partidos chileno con el europeo, sugiere la capitulación de sus directivas; hasta las nostálgicas especulaciones anarquistas que auguran una derrota segura porque creen haber presenciado la revelación del fenómeno político más importante de los últimos años, o sea, la ruptura con el sistema totalizante y con la arrogancia tecnocrática protagonizada por… ¡la comunidad de los descontentos! Y claro, ocupados como han estado sus gestores en demonizar a los partidos, han acabado descuidando a esos otros que avanzan por la derecha hacia su objetivo.

Thomas Edward Lawrence conquistó Damasco, pero pudo haberlo hecho sin necesidad de desviarse de su ruta y, menos aún, agrediendo a sus enemigos contra toda convención de derechos.

Entre lo sublime y lo ridículo
La marcha errática de la Concertación

El Silencio En La Perplejidad

Noviembre 17, 2009 - Escribir una respuesta

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Suele sobrevenir el silencio en la palabra cuando ocurre un cambio súbito de expectativas. Cuando sucede uno de aquellos vuelcos que en lugar de animarnos, nos sume en la perplejidad. Es lo que ha ocurrido con los activos y creativos analistas, opinantes y relatores políticos proclives a Marco Enríquez, tras conocerse la última encuesta CEP. No es que no hayan reaccionado. Es que lo hicieron y con oportunidad. Hablaron siguiendo el libreto preconcebido. Marco es el único que crece, remacharon. Y después callaron.

Esperaban más de lo que mostró la CEP. Aspiraban alcanzar el ambicioso umbral del 20 por ciento. Y no lo consiguieron pese a los generosos sesgos del sondeo. La fuerte sobrerrepresentación en la muestra de los menores de 34 años —segmento donde Enríquez concentra dos tercios de su respaldo—, no es poco decir. Como que le permitió al diputado mantenerse en el 17 por ciento, y en el tercer lugar de la competencia.

No fue éste sin embargo el único motivo de circunspección. La noticia sobre la marcha de la campaña en la Quinta región, vino a acentuar un sentimiento de pérdida que hasta entonces era sólo intuitivo. Según el último sondeo de la Universidad Católica de Valparaíso, Carlos Ominami estaría recibiendo no más de un 15 por ciento de apoyo. Situado a bastante distancia del 39% que, en su reñida competencia, acumulan los candidatos de la Concertación Ignacio Walker y Nelson Avila, y del 34% que reúnen Marcelo Forni y Lily Pérez; Ominami se estaría perdiendo. De ahí la preocupación de Guido Girardi por el destino del senador, que, huelga decir, es una preocupación por la suerte del progresismo, el sector que saldrá peor parado de las crisis habidas en la Democracia Cristiana y en el Partido Socialista.

Confirman dicha percepción los datos que arroja la encuesta PUCV sobre los distritos 10 y 12. Así pues, en el distrito 10, por donde Enríquez es diputado, los más aventajados son Eduardo Cerda, de la Concertación, y Andrea Molina, de la Alianza. Mientras que en el distrito 12 prometen imponerse en la justa un candidato de la Concertación y otro de la Alianza, con lo que Marcelo Trivelli, la opción preferente de Enríquez y Ominami, estaría viendo frustrado su deseo de conseguir un asiento en la Cámara.

Estamos hablando de la cuna del marquismo. De un territorio donde Enríquez alcanza su más alta cumbre de adhesión. Lugar donde asimismo se libran de manera crucial las tensiones que afectan al socialismo. Lucha emblemática, qué duda cabe. En todo caso determinante para el éxito de la estrategia liderada por Enríquez.

Enríquez ha resuelto apoyar con todo las candidaturas de Ominami y Trivelli, cediéndoles incluso su franja televisiva. Lo cual tiene lógica, pues hoy como nunca el independiente está obligado a fortalecer la imagen de triunfo parlamentario y, de este modo, alejar la sensación de futilidad que empieza a instalarse en el riñón de su cruzada. Aquí radica precisamente el valor político de las recientes encuestas; en forzar las nuevas prioridades de la alternativa que un día abrigó la esperanza de pasar a segunda vuelta. 

Enlaces

Encuesta Directmedia

La sutil trama de las encuestas

Frei/Bachelet

Noviembre 2, 2009 - Escribir una respuesta

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De ahora en más, no podrá concebirse a la Concertación sino en un plan a ocho años plazo. Porque no otro es el horizonte que abre la elección presidencial de diciembre. Si el próximo Presidente es Frei, después de Frei, Bachelet. Si ayer hubo quienes consideraron delirante el traspaso de votos de Bachelet a Frei, a partir de ahora habrán de moderar sus pronósticos a la luz de lo que dicen las encuestas, el pulso de la campaña y, especialmente, lo declarado por los principales líderes de la derecha.

Los mea culpa del concejal Carlos Larraín y del senador Pablo Longueira, lejos de destilar puro pesimismo, dan cuenta de un hecho real y objetivo, cual es la enorme dificultad que muestra Piñera para concitar la mayoría absoluta. Cuando Longueira aconseja a Piñera apuntar al corazón de la DC, lo que en concreto está diciendo es que la mayor debilidad del empresario radica en su incapacidad para conquistar el centro político, hoy por hoy ampliamente ocupado por Frei.

Cuando, por otra parte, el presidente de Renovación Nacional advierte que la opción de Piñera carece de arraigo en los sectores rurales, donde precisamente Frei exhibe su mayor fortaleza, lo que en verdad está reconociendo es que Piñera no ha podido capturar el voto tradicional de la derecha. Para mal de males, esto podría sugerir que el abanderado de la derecha está perdiendo apoyo en dichos sectores.

Cuando, en fin, la candidatura de Enríquez, pese a su afanoso manejo de expectativas sobre la segunda vuelta, no consigue zafarse del 17 por ciento —el fatal déjà vu que lo deja anclado en el tercer lugar—, cabe esperar que su adhesión empiece a convertirse en un voto útil favorable a Frei y a Piñera.

¿Cuán prematuro es imaginar un escenario a cuatro años plazo? En cuatro años pueden pasar muchas cosas, entre otras, que Bachelet no esté disponible. Pero en diez años pueden pasar muchas más cosas. Así pues, van a cumplirse diez años desde que Frei dejó La Moneda, y lo cierto es que podría volver a ella antes de otoño. Tampoco sería ésta la primera vez que el continuador de la obra de un gobernante se definiera con semejante anticipación. Eduardo Frei Montalva fue elegido en 1964, y por entonces pocos en la Democracia Cristiana dudaban quién sería su sucesor.  

Si hay quienes ven en esta elección una oportunidad para posicionarse y para competir con mayor chance el 2013, ¿por qué la Concertación habría de ceder su mejor opción? ¿Por qué habría de sacrificar un patrimonio político que ha construido a lo largo del tiempo, sorteando embates tan fuertes e intransigentes como el desalojo? ¿No sería más razonable que la coalición aprendiera a cuidar sus liderazgos, y a prepararlos para el mañana?

Quizá sea hora de entender que a través de Bachelet/Frei se construye y cobra viabilidad la vía para la renovación, la rotación y la estabilidad de la política democrática; la vía, en suma, para la refundación de la Concertación.

 

Escalona

Octubre 27, 2009 - Escribir una respuesta

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El momento de mayor popularidad del senador Camilo Escalona, presidente del Partido Socialista, coincide con el inicio del gobierno de Michelle Bachelet. Por el contrario, su evaluación más negativa, corre a la par de las rupturas sufridas por su colectividad en la primera mitad de este año. Es lo que resulta de comparar la evaluación de los personajes políticos de la encuesta CEP.

La pérdida de popularidad de Escalona no es única en su género. La misma CEP revela que el desgaste que afectó a la senadora Soledad Alvear fue aún más pronunciado. Cuando en 2004 se perfilaba como la mejor carta presidencial de la Democracia Cristiana, Soledad Alvear concentraba el 87% de las evaluaciones positivas, y sólo un 6% de rechazo. Pero, después de la elección municipal de 2008, aún al mando de la falange, su popularidad cayó al 41%, y las evaluaciones negativas se elevaron al 22%. Había sufrido los costos del fraccionamiento partidario.

Hoy, es Escalona el blanco de unos ataques que buscan convertirlo en el chivo expiatorio del comportamiento tránsfuga. A juzgar por la imagen que proyectan los medios de comunicación, Escalona pareciera ser el traje que se pone la crisis política a la hora de rendir cuentas.

A Escalona le ocurre lo que a Alfonso Guerra, el reorganizador del centenario Partido Socialista Obrero Español. Le han fabricado una imagen que toman como auténtica los que no le conocen, pero que afecta la percepción que tienen de él algunos de los que sí le conocen, y terminan viéndolo más por lo que leen que por sus propias actuaciones.

A Guerra se le imputan frases —erradas o acertadas— que nunca ha dicho. Como aquella tan conocida de El que se mueva no sale en la foto, advertencia que habría hecho para asegurar la disciplina interna. La frase completa no puede ser más pertinente: El que se mueva no sale en la foto, y al que se aflige, lo aflojan. Otras veces ha sido su ironía, propia del espíritu andaluz proclive a la respuesta rápida y a crear frases lapidarias, la que le ha granjeado antipatías. Se recuerda que, cuando en un falso gesto de dignidad herida, unos diputados amenazaron con no repostularse si Felipe González no lo hacía, Guerra les dijo: No digáis cosas raras; no os presentáis porque sin Felipe no seríais elegidos.

Guerra había comprobado que las imágenes creadas tenían  más fuerza que las actitudes de las personas. Pensaba que esas imágenes aleteaban sobre el diálogo dificultando la comunicación y marcando las reglas de la relación. En cierta ocasión El País dedicó la mitad de un editorial a atacarlo, acusándolo de acumular poder, monopolizar la toma de decisiones, instrumentalizar a los leales, y marginar a los desobedientes. Dentro de su propio partido sus detractores acuñaron la expresión alfonsoguerrismo, para aplicarla a quienes pretendían tener siempre la razón, o no reconocían ningún argumento a sus adversarios.

A pesar de toda esta creación deslegitimadora, que pudo desbordar en una ordalía de mentiras e infamias, Alfonso Guerra cree que tomar decisiones no es tan difícil. El ex Vicepresidente del Gobierno tiene muy asumido que salvar la conciencia de los efectos morales de las decisiones es un pago ineludible. En política —afirma— la fe en lo que se defiende proporciona determinación, seguridad y éxito, porque los que te escuchan creen en lo que les dices sólo si perciben que tú crees lo que dices.

Esa fue la fortaleza de Guerra; la misma que exhibe Escalona. No exenta, claro, del sabor amargo que a ratos deja la responsabilidad política.